12 de junio 2001 - 00:00

Desafiante, el terrorista Timothy McVeigh fue ejecutado en EE.UU.

El autor confeso del atentado de Oklahoma de 1995, el peor de la historia de los EE.UU., fue ejecutado ayer con una inyección letal, lo que despertó fuertes críticas de diarios importantes, grupos pro derechos humanos y hasta la Unión Europea. Sin embargo, la creciente controversia en torno a la pena de muerte no se tradujo en un repudio a la sentencia contra el terrorista: los estadounidenses apoyaron su ejecución en una proporción de siete a uno.

Desafiante, el terrorista Timothy McVeigh fue ejecutado en EE.UU.
Terre Haute, Indiana (Reuters, EFE, AFP, ANSA, DPA) - Seis años después del peor atentado en la historia de los Estados Unidos, el de Oklahoma City en 1995, que causó 168 muertos y dejó más de medio millar de heridos, su autor, Timothy McVeigh, fue ejecutado ayer en la prisión federal de Terre Haute, Indiana, sin que manifieste ninguna emoción o arrepentimiento.

La ejecución del ex héroe de la Guerra del Golfo, la primera por un delito federal en 38 años, se desarrolló con precisión «clínica», según dijeron los testigos.

McVeigh no formuló declaraciones y en su lugar dejó una poesía del inglés William Henley (1849-1903), titulada «Invictus», que dice: «Soy el dueño de mi destino y el capitán de mi alma».

Vestido con pantalones beige, camiseta blanca y zapatillas de goma, el condenado entró a la sala de la muerte a las 7. Muy pálido, con los cabellos casi rapados, delgado -se asegura que hizo dieta para parecer más frágil en su ejecución-, no presentó resistencia y se tendió sobre la camilla.

• Mirada

Cuando las cortinas frente a las ventanas de los testigos se abrieron, McVeigh miró a los 30 testigos presentes, uno por uno. Otros 300 testigos más, principalmente familiares de las víctimas, vieron la ejecución por circuito cerrado.

A las 7.10 comenzaron a suministrarle tres inyecciones con drogas. Murió a las 7.14. Sus cenizas serán entregadas a un abogado para que se las lleve a algún familiar.

En su última noche, McVeigh durmió algunas horas, miró básquet por televisión y comió -como último deseo- casi un kilo de helado de menta y chocolate.

McVeigh es el autor confeso del atentado más grave ocurrido en suelo estadounidense, que además cambió la percepción que los norteamericanos tenían del terrorismo al descubrirse que el asesino había nacido en ese país. El 19 de abril de 1995, hizo estallar un camión bomba frente al edificio Albert Murrah, de Oklahoma City, ocupado por oficinas donde funcionan varias administraciones federales y una guardería. En medio segundo, el inmueble -donde trabajan unas 500 personas y estaba ocupado en el momento de la explosión- quedó totalmente destrozado y se derrumbó parcialmente. Tras 16 días de angustiosa búsqueda, las autoridades establecieron el balance final de la tragedia: 168 muertos (incluyendo 19 niños de la guardería) y 674 heridos. Además, 219 niños y adolescentes perdieron a uno de sus padres y 30 quedaron huérfanos de padre y madre, mientras unas 7.000 personas se quedaron sin lugar de trabajo.

Con su ejecución, McVeigh, que explicó que pretendía vengar el drama de Waco (Texas) -en el que la policía federal atacó en 1993 la granja donde estaba pertrechada la secta de los davidianos, desencadenando un incendio en el cual murieron unas 80 personas- se llevó consigo las dudas que circundan al atentado, como la participación de algún cómplice.

«Me siento maravillosamente bien -dijo
Sue Ashford, que resultó ilesa en la explosión-. No veía la hora de que esto ocurriera y terminase. El helado que se comió es lo último que le pagué con mis impuestos.» «Me siento bien, en paz y descansado. Esperaba que dijera algo pero no habló», declaró por su parte Paul Howell, quien perdió su familia en la tragedia.

Distinta es la opinión de
Rob Nigh, abogado de McVeigh y activista contra la pena capital, postura que recibió el respaldo de organizaciones humanitarias como Amnesty International. «Hoy hemos sumado otras dos víctimas, los padres de Timothy. También ellos son 'daños colaterales' de esta historia. Debemos aprender que hay un modo de combatir el crimen sin matar a ningún ser humano. Un día este país abolirá la pena de muerte. No es una cuestión de 'sí' sino de 'cuándo'», señaló.

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