15 de marzo 2001 - 00:00

Ejército inglés, en su peor momento

Londres - El ejército británico está en crisis y ha sacado la bandera blanca. Le faltan reclutas; los campos de entrenamientos de marines, paracaidistas y fuerzas especiales están clausurados por culpa de la fiebre aftosa; hay manifestaciones en las bases de submarinos nucleares de Escocia... Las oficinas de reclutamiento en las calles mayores de pueblos y ciudades no se encuentran precisamente inundadas de voluntarios, y las fuerzas armadas del Reino Unido necesitan urgentemente ocho mil soldados. En vista de que los anuncios en los periódicos y la televisión son olímpicamente ignorados por las nuevas generaciones de británicos, el ejército ha tomado la difícil decisión de poner el asunto en manos de una agencia privada de relaciones públicas.

Search Consultancy, una compañía de publicidad de Glasgow con ingresos de más de 82 millones de dólares al año, ha recibido el encargo de «vender» una nueva imagen del ejército, más moderna, sofisticada y seductora, y de captar nuevos reclutas. Al principio, su campaña se va a limitar a Escocia, con la idea de ampliarla a todo el país si las cosas van bien.

Aventuras

Cualquier paso adelante será bienvenido por el Ministerio de Defensa, porque sus últimas aventuras en el terreno publicitario han sido un fracaso, y bien se puede decir que el tiro le ha salido por la culata: lanzó una campaña con fotos de varias chicas guapas en uniforme de combate, con la ametralladora en la mano y el casco en la cabeza, pero, mala suerte, una de las protagonistas se fugó al poco tiempo de su unidad en Chipre con un sargento que al mismo tiempo era su amante, y otra decidió ganarse unas libras extra posando en «top-less» para una revista (esta última ayer fue expulsada de la institución).

Las dos chicas y el donjuanesco sargento han sido disciplinados y corren el riesgo de una corte marcial, la campaña publicitaria está hecha trizas y el ejército necesita urgentemente limpiar su imagen y conseguir ocho mil voluntarios. Una misión lo suficientemente difícil como para encargársela a una empresa privada.

Lo más complicado es conseguir jóvenes que se interesen por los batallones de infantería. Para pilotos, marineros y miembros de las SAS (fuerzas especiales) no hay demasiado problema, tal vez porque la marina y la aviación aportan un mayor sentido de aventura, pero meterse en zanjas y arrastrarse por el barro no tiene demasiado atractivo.

La estrategia publicitaria de la empresa de Glasgow va a ser similar a la del ejército de Estados Unidos: ofrecer becas y vender la idea de una experiencia militar como trampolín para una carrera civil y una educación especializada. Falta ver si los potenciales reclutas muerden el anzuelo.

Los dirigentes de Search Consultancy tampoco tienen especial prisa en recibir solicitudes, porque actualmente los campos de entrenamiento de los Royal Marines en el parque nacional de Dartnoor y en el país de Gales están cerrados por culpa de la epidemia de fiebre aftosa.

La formación de varios cientos de soldados ha tenido que ser suspendida para evitar que, con sus marchas a campo traviesa, propaguen el virus de la enfermedad, y Defensa está en negociaciones con EE.UU. y Australia con el fin de concluir su entrenamiento en el extranjero. Pero se ha planteado un problema diplomático: todo el mundo tiene miedo a la exportación de la fiebre aftosa, y el gobierno noruego ha prohibido la presencia de soldados del Reino Unido en unas maniobras de la OTAN en el norte del país.

Fiebre aftosa, campos cerrados, submarinos nucleares averiados, desastrosas campañas publicitarias... Cuando lo único que quieren los marines británicos es pronunciar otra vez orgullosos su tradicional grito de guerra: «Yes sir, British Commando sir!».

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