En un artículo que publica hoy en este diario, Aldo Pignanelli, titular del Banco Central, asegura que la entidad "contribuyó decisivamente" a evitar la hiperinflación y a generar "un cambio radical" en la expectativa de los inversores. La defensa de su gestión no es casual y tiene un claro destinatario. Es evidente que los dos máximos responsables de manejar los destinos económicos, Roberto Lavagna, en su cartera, y Pignanelli, siguen enfrascados en un largo enfrentamiento. Ahora en la disputa es respecto de quién es el "padre" de la tímida reactivación. Una pelea en la que nadie gana.
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Hoy el contexto es realmente otro: hay una incipiente recuperación de la actividad - evidenciada en el crecimiento de las exportaciones y en la instalación de un proceso sustitutivo de importaciones-, estabilidad cambiaria, una marcada reducción de la tasa de inflación y una progresiva caída de las tasas de interés. El programa monetario del Central apostó decididamente a ese cambio de escenario, como puede observarse a través de los siguientes ítem:
Estabilización del mercado cambiario: el régimen implementado en marzo, durante el ministerio de Jorge Remes Lenicov, permitió una evolución favorable de las reservas internacionales. Es bien sabido que, desde julio, el Central comenzó a mostrar saldos positivos en su balance de compraventa de divisas (ver gráfico 1).
Es así como las reservas internacionales, al 20 de noviembre, se están ubicando en el orden de los u$s 9.800 millones, pese a que se efectivizaron pagos por u$s 4.200 a organismos multilaterales durante todo 2002.
Asimismo, tanto el dólar spot como el futuro se mantuvieron relativamente estables, con una clara tendencia a la baja a partir de octubre, mes en el que el tipo de cambio de referencia comenzó a ubicarse en torno a los $ 3,50.
Aumento de los depósitos: en general, tanto los depósitos libres como los del «corralito» (producto de las liquidaciones de exportaciones en el BCRA) evidenciaron aumentos sostenidos a partir de junio. La variación acumulada desde esa fecha fue de $ 5.500 millones para el primer caso, y de $ 2.500 millones para el segundo. Mientras los depósitos libres aumentaron su participación hasta alcanzar hoy 35% del total, dentro de ese segmento los depósitos a plazo se incrementaron 30% mensual promedio.
Recuperación de la liquidez bancaria: la mayor liquidez de los bancos determinó en parte una menor emisión y una mayor demanda de base monetaria, de modo tal que la necesidad de esterilización fue sensiblemente menor que la observada en la primera mitad del año. En el período junio-noviembre, la asistencia a bancos fue de $ 1.230 millones, un monto que fue disminuyendo de manera significativa hasta generar, ya el mes pasado, un efecto contractivo neto. Cabe destacar que desde hace tres meses no se han otorgado redescuentos a entidades financieras.
Fuerte caída de las tasas de interés: los resultados sucesivos de las colocaciones de Letras del Banco Central (Lebac) muestran una tendencia a la baja de las tasas de interés nominales y reales. Se observa una disminución en el costo medio de la carte-ra y un alargamiento de los plazos, mientras las tasas de corte de las Lebac se están constituyendo en una referencia cada vez más significativa en el entorno económico (ver gráfico 2).
A modo de balance: es posible afirmar que el programa monetario del Central -en línea con la política de pacificación social del gobierno nacional-contribuyó decisivamente a evitar la hiperinflación y posibilitar una drástica disminución del Indice de Precios al Consumidor (IPC). Un dato adicional es que los cheques rechazados cayeron 84% en el curso del año.
De hecho, entre enero y noviembre la base monetaria decreció alrededor de $ 1.900 millones, lo que representa cerca de 10% de disminución en términos reales, como muestra el gráfico 3.
A esta altura del año, puede sostenerse también que la política del Central permitió, en siete meses, frenar la corrida cambiaria y la salida de depósitos aplicables a la compra de dólares. Asimismo, la colocación de Lebac restauró el atractivo de los activos domésticos y proveyó una tasa de interés de referencia.
Por último, aunque no por eso menos importante y a diferencia de otros países en crisis que sufrieron caídas masivas de bancos, en la Argentina ese traumático proceso no se produjo, ya que el BCRA logró evitar el cierre de entidades y generó un cambio radical en las expectativas de los inversores.
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