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Las Fiestas sin el padre
ESTRUCTURAL Y COMPLETA
Diciembre suma otro problema para hacerlo «el mes más crítico» de los doce las fiestas de fin de año.
Entre los códigos de esa niñez y pubertad tan necesitada de cariño hay uno inviolable: se pueden entre ellos hacer chistes y cargadas sobre cualquier cosa menos sobre a quién sí o a quién no viene a buscar su padre o madre para pasar un fin de semana o las fiestas para restituirlos luego al hogar.
Cada 15 días recibo a jugar fútbol, comer asado, entrar en una pileta y despedirse con una merienda a alrededor de 25 chicos de la Fundación, a veces hasta a 30. Siempre los mismos con ausencia de algunos, quienes ese fin de semana los vinieron a buscar sus padres, algo que con satisfacción explican los restantes que concurren.
ROSTROS CON DOLOR
En este último sábado del año vinieron solamente 18 chicos del Hogar, los que sus padres -cuando los tienen- no los retirarán para estas fiestas. La mayoría tensos, con caras tristonas. A uno de ellos hubo que sacarlo de la cancha dos veces en dos partidos por estar demasiado agresivo. Otro muy triste porque su madre pudo llevar sólo a su hermano para Nochebuena y a él recién le tocará en Año Nuevo porque no le dan los recursos para los dos al mismo tiempo. Otro que jamás puede ser enviado con su familia porque lo usan de «camello» (distribuidor de droga). La mayoría del resto con dramas similares.
Para los que deben quedarse en la Fundación la única alegría ha sido siempre la presencia del sacerdote Julio Grassi pero en estas fiestas no lo pueden ver por ese infame complot jurídico-periodístico tramado en su contra. Les dimos también merienda con pan dulce pero no pudimos alegrarlos. Me avergüenza tener compatriotas argentinos con tanta carga de maldad sobre sí mismos, inclusive esos encargados de protección de menores del Estado -Irma Lima, en la provincia de Buenos Aires, y Norberto Linsky, en la Capital Federal- que, excediéndose sobre lo que dispuso la jueza López Osornio de Morón, ni siquiera permiten el contacto del sacerdote con los chicos de siempre ni acompañado permanentemente por una monja. Todos saben que no existe ningún peligro por la falsedad con menores engañados y pagos para la vil acusación de abuso pero aunque duden ¿qué acechanza habría para negarle una misa de Nochebuena con esos chicos acompañado por monjas, funcionarios o quienes quisieran? En su infinita burocracia -aunque se sospecha que fundamentalmente ideología- ¿temieron que algún funcionario destinado perdiera una Nochebuena cuando se la amargaron a miles de chicos carenciados que ven en Grassi la única prueba de cariño con que los compensa su dura vida?
RUTINA DE NOCHEBUENA
El sacerdote año tras año cumple una rutina en Nochebuena. Da misa y espera las 24 con los que se alojan en Hurlingham. Luego sale corriendo en su camioneta hacia otra sede de la Fundación en Isidro Casanova con más chicos. De allí parte a la siguiente sede, en General Rodríguez, donde saluda y bendice a más menores sin parientes en esa noche tan particular.
No es el final: luego viaja a la sede en Chacarita de la Fundación en la Capital Federal y de nuevo el rito de cariño. Terminó cada Nochebuena de los últimos años agotado ya en las primera horas de Navidad pero estaba tan bien organizado para satisfacer a todos esos rapaces adorables que hasta dormían siesta el 24 para esperarlo despiertos.
Puede haber -seguramente habrá- penas para quienes en «Clarín» en la difusión y magistrados judiciales de Morón y San isidro en la gestación y ejecución llevaron a cabo este operativo denigrante que degrada la condición humana contra un sacerdote benefactor. Sin embargo la pena mayor sería que ellos enfrenten un día solo el cuidado de estos niños en la Fundación Felices Los Niños y que vean sus rostros compungidos, sobre todo en el mes de diciembre de cada año. No aguantarían como ahora disponen con frialdad e inmunidad desde la soledad de sus despachos o juzgados.


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