Le ganó por penales, ya que los 90 minutos reglamentarios y el tiempo suplementario finalizaron sin goles. Fue un encuentro polémico por la mala actuación del árbitro Ghandour, quien entre otros errores le anuló un gol de oro legítimo a Morientes. De esta manera el seleccionado coreano avanza a semifinales donde se enfrentará con Alemania. Brasil tendrá como rival a Turquía, que derrotó a Senegal con gol de oro.
ver más
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El encuentro finalizó 0-0 en los 90 minutos reglamentarios y en el suplemento gracias al muy mal arbitraje de Ghandur. Hubo tres fallos más que polémicos:
• Tiro libre para España, centro al medio del área; salta Baraja, empujado por dos coreanos, y logra cabecear para conectar la pelota a la red. Pero el árbitro cobra falta en ataque a Barajas y el gol es anulado.
• Joaquín desborda por el lateral, llega a la línea de fondo, envía el centro, que Morientes convierte en gol con un cabezazo. Pero no. Pero uno de los asistentes de Ghandur levanta su bandera porque, supuestamente la pelota se fue de la cancha, aunque claramente el balón estaba en juego.
• Contraataque de España. Eran dos contra dos. Morientes le pone un pase en profundidad a Luis Enrique, que estaba bien habilitado y se quedaba mano a mano con el arquero. Pero el otro asistente marca fuera de juego.
Pero más allá de los jueces, los coreanos demostraron estar a la altura de la circunstancia y le jugaron de igual a igual a los españoles, que otra vez no tuvieron una buena actuación después del encuentro con Irlanda, en el que se vieron complicados en su clasificación.
El primer tiempo ya había observado una figura sobresaliente como el joven Joaquín, que dejó un surco por el andarivel derecho español, subiendo y bajando constantemente y llegando a posiciones de gol. Joaquín iba a ser la figura de la cancha y el protagonista excluyente de la jornada, porque dos acciones suyas serían decisivas en el resultado final del encuentro.
Pero antes, durante el segundo tiempo, se observaría apenas una insinuación de recuperación de los dueños de casa, que tuvieron su gran oportunidad en los pies de Park cuando apenas se había jugado el cuarto de hora del complemento. Sin embargo, el zurdazo desde el borde del área chica del delantero coreano fue desviado por una espectacular volada de Iker Casillas, en la que fue su única exigencia de la jornada. Después, los minutos finales se los llevaría la monotonía de una España que, sin el lesionado Raúl y con la encomiable pero muy aislada lucha de Morientes, se dedicó a manejar el balón desde los sabios pies de Morientes, pero sin profundidad como para intentar una definición en los instantes postreros.
Así se llegó al alargue, donde el cansancio jugó lo suyo, pero también los inexpertos asistentes, los postes, la emoción y el decaimiento físico de un equipo coreano que ya no fue la máquina de correr que había funcionado a pleno en este mundial.
Por eso en el primer tramo del suplementario los europeos tuvieron por dos veces la posibilidad de llevarse la victoria con el gol de oro.
En la primera acción de las mencionadas Joaquín desarrolló un magnífico desborde por derecha, llegó a la línea de fondo y lanzó un preciso centro que Morientes cabeceó a la red, pero el asistente de Trinidad y Tobago, Michael Ragoonath levantó su banderín indicando que al momento de levantar el remate, la pelota estaba fuera de los límites de la cancha. La repetición televisiva de la acción demostró claramente después que la acción era válida, porque la pelota nunca había salido por la línea final de la cancha.
Y apenas ocho minutos después Morientes tuvo otra vez la victoria, esta vez en el empeine del pie derecho, cuando le 'bombeó' la pelota a Lee Woon Jae, quien vio resignadamente como el balón iba hacia su arco, pero en la última parábola terminó rebotando milagrosamente contra el poste derecho.
Se salvó Corea y entonces pareció que la suerte, esa que también juega sus grandes partidos mundialistas, iba a teñirse de un rojo más oriental que europeo.
Y esto terminó siendo efectivamente así, porque después de otros quince minutos suplementarios que fueron un burocrático trámite de espera para la definición desde los doce pasos, la fortuna se inclinaría por los dirigidos por el holandés Guus Hiddink.
La serie venía de conversiones corridas hasta que Joaquín, hasta allí el héroe de la jornada española, llegó agotado a la ejecución del cuarto penal de su equipo, y su remate fue atajo por el arquero coreano que desvió la pelota lanzándose hacia su izquierda, pero adelantándose no menos de tres metros. Otro fallo decisivo, equivocado por el árbitro.
Después el capitán Hong Myung Bo tomaría la responsabilidad del disparo decisivo, que convertiría para festejo y algarabía de una marea roja que inundó de 42.000 almas y cuerpos felices el estadio de Gwangju, para celebrar una inédita e inesperada clasificación de los surcoreanos a semifinales.
Ahora llegará Alemania, pero "este es el momento de beber una copa y celebrar, porque para lo otro hay tiempo (hasta el martes)", como bien apuntó un exultante Hiddink al término del largo cotejo de 120 minutos y penales que seguramente habrá minado aún más las fuerzas de sus dirigidos.