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Una canallada
• Sin escrúpulos
Para ver mejor la seriedad nula de «Telenoche Investiga» y su falta de escrúpulos para obtener rating televisivo a cualquier precio y deformar, baste recordar que en ese mismo programa sobre «los nazis» se mostraron filmaciones con buques alemanes de visita en la Patagonia con la bandera con la cruz esvástica pero mintiéndole al televidente sin decirle tampoco que eso fue antes de 1939 en que comenzó la Segunda Guerra Mundial contra el nazismo. Asimismo decía, en ese programa engañoso, que «había escuelas alemanas en Buenos Aires que tenían en su frente la bandera germana con la cruz esvástica». ¿Qué iban a tener si hasta que fue signo de la barbarie era la bandera oficial de Alemania? ¿O acaso le mostraron en «Telenoche Investiga» al público dos escritos firmados del fundador de «Clarín» Roberto J. Noble -el padre de sangre de este vil programa actual- en favor de los nazis y de Adolfo Hitler?
Vemos, entonces, la calidad moral, la falta de apego a la verdad de quienes hoy atacan a una magnífica obra asistencial y educacional para niños muy pobres, buscando mancillar y exterminar a su fundador.
No conozco al fiscal Adrián Flores que ordenó la detención del padre Julio Grassi. ¿Creyó que si lo citaba no iba a concurrir? Tampoco conozco al juez de Morón Humberto Meade (juez de garantías) que timoratamente le acepta el exabrupto al fiscal y autoriza la detención. Hace años que tenían denuncias recelosas contra el padre Julio Grassi, que hoy una empresa decadente como «Clarín» agrede. No me hace falta conocer a estos judiciales para formarme una opinión de ellos. Basta ver cómo actuaron. Pero ¿de dónde vienen los proveedores de inquinas para que los miserables actúen como lo hicieron?
El ver sábado por medio a niños, como dije, de la Fundación; conocer a muchos de los preceptores -inclusive pagarles el haber mensual a algunos de ellos por falta de fondos en muchos meses-; haber hablado con las monjas que acompañan al padre Grassi permanentemente en sus sedes; haber conversado con esa admirable matrona de edad mayor que les da de comer a centenares de simpáticos voraces cuatro veces por día en inmensos comedores y haber hablado largo con el sacerdote me deja la idea de que la saña y la inventiva de tamaña malignidad tiene que haber venido -en los «anónimos» de que se habla- de una (o más) de estas fuentes:
1) Cuando la Fundación Felices Los Niños logra en 1993 las hectáreas del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) en donación para construir escuelas primarias, polimodal, capilla, un mini hospital para tantos niños residentes y de una villa de emergencia próxima (esa sala íntegra la donó Roemmers), salas de dormitorios para niños y niñas, guardería infantil, panadería para elaboración propia, salas de idiomas (en realidad containers del puerto abandonados que les cedió Silvani, cuando presidía la DGI y fueron reacondicionados) quedó aislado un sector de 2 manzanas que pertenecía al INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial). Allí trabajaban, aislados de toda jefatura, unos 40 empleados públicos hostiles al padre Grassi y su Fundación que los rodeaban. Elaboraban productos con gases tóxicos para los niños circundantes y no aceptaban pedir traslado al INTI por la comodidad de ese aislamiento. Eran tan hostiles que elevaron gruesos y peligrosos alambres de púas y aun en días de lluvia obligaban a los niños del padre Grassi a caminar cinco cuadras alrededor de su predio para ir de una parte a otra de la Fundación.
Hace un año una gestión del padre Grassi logró que tuvieran que abandonar el predio. Se fueron con rencor y amenazas los burócratas.
2) Una parte de los niños que concurren a comer y estudiar a las sedes de la Fundación, bebés dejados durante el día en su guardería, es llevada y retirada por los padres diariamente. El resto reside allí y algún fin de semana los busca algún pariente. La residencia de tantos niños fijos obliga a tener preceptores mayores, mujeres y hombres a sueldo. Recientemente Grassi -no hace más de 3 meses- debió proceder al despido de algunos preceptores. En un caso por maltrato a niños difíciles, obvio, de controlar de a cientos durante las 24 horas del día, inclusive sábados y domingos. Esos despidos ocasionaron resentimientos y el padre Grassi lo sabía.
3) Personalmente conversé con 2 niños -hubo más- hablados por «hombres de la televisión» que buscaban sacarles cosas que sorprendieron a los mismos niños por lo que les sugerían. A los mayores inclusive les llegaron a ofrecer empleos «si contaban cosas». Esto era el comentario entre preceptores.
4) Es cierto que monseñor Justo Laguna, obispo de Morón, no quería y nunca defendió ni ayudó en gestiones al padre Grassi ni a la Fundación. La casa del obispo está en la acera de enfrente a las instalaciones de Felices Los Niños en Hurlingham y Laguna nunca se cruzaba a visitarla. Pese a manejar tantos niños en tantas sedes y provincias y el esfuerzo que ello le costaba, monseñor Laguna siempre le exigió al padre Grassi que también atendiera una parroquia. Lo hacía en el barrio Polvorines en Castelar norte. Grassi nunca dejó de atender capilla y Fundación. Una agotadora tarea diaria, doble tarea, que lo dejaba exhausto, que lo depositaba cada noche en un humilde aposento que «Clarín» llamó «suite lujosa con cama de 2 plazas». Sorprende tanta alevosía. Inclusive a los actuantes judiciales que no puede concebirse que hayan caído en tremendas falsedades, cuando ya la misma detención del sacerdote lo es. Ningún chico ni preceptor de la Fundación identificó al declarante disimulado en «Telenoche Investiga». ¿Le habrían creado un testigo falso? Si así fuera, el grado de degradación no ya del monopolio «Clarín» -que sí lo tiene- sino de la Argentina sería insanable.
5) La obra -indudablemente de esfuerzo unipersonal- del padre Grassi con poco o ningún apoyo de las jerarquías eclesiásticas, excepto de la mano derecha y secretario del arzobispo de Buenos Aires, padre Guillermo Marcó, provocaba recelos en la Iglesia. Comedores comunitarios católicos hay muchos. La excepcionalidad que le ha dado Grassi a su Fundación es que además de comidas es capaz de brindar enseñanza gratuita y hasta nivel secundario (polimodal), haber construido por donaciones instalaciones sorprendentes por su solidez y moblaje, con separaciones perfectas y baños impecables de hombres y mujeres y una guardería completa de niños abandonados como no hay otra en el país. Felices Los Niños trascendió al plano internacional, y hace un mes Grassi fue a Houston (Texas) invitado por una organización internacional de organismos asistenciales de niños. Grassi conoció EE.UU. a los 46 años. Pienso que este reconocimiento consiguió terminar de descomponer a quienes envidian su obra.
Con 2 pesos por día este sacerdote aloja, da de comer, educa y asegura salud a un niño necesitado. En el Estado organismos asistenciales similares insumen casi $ 7 por niño por la burocracia y en instalaciones menos cuidadas.
¿Cómo Grassi no va a generar envidias, anónimos, calumnias, inventivos descalificatorios? ¿Cómo no iba a tentar invitarlo a programas basura de nuestra televisión incapaces por mediocridad de conseguir audiencia por métodos sanos?
Lo anormal sería que no las provocara. Recientemente el matrimonio Eduardo e Hilda Duhalde retiraron su espaciosa quinta en San Vicente que habían donado a la gobernación de la provincia de Buenos Aires por no uso. Jamás la gobernación la había usado. Los yuyales invadían todo el otrora agradable lugar. Los Duhalde retiraron esa donación y lo convocaron al padre Julio Grassi para que la tomara y creara allí un nuevo centro de atención de niños pobres de San Vicente. ¿Consecuencia? Más recelos sobre el padre Grassi.
Hay que sumar que el bus para niños en sus traslados (sobre todo en vacaciones) es el que utilizaba para su equipo de competición Carlos Menem Jr. donado a la Fundación tras su fallecimiento por Zulema Yoma.
• Colaboradores
Desde Juan Pablo Cafiero (que periódicamente se lleva uno o dos niños para un fin de semana) hasta Soledad que le hace festivales de recaudación en el Colón. Desde Santiago Soldati hasta Raúl Portal y de Chiche Gelblung a Alfredo Coto, que lo abastece de alimentos sin cargo, miles de argentinos colaboran con la Fundación Felices Los Niños.
¿Había presa más codiciada en la Argentina para la televisión basura y programas miserables y falseados como «Telenoche Investiga» que el padre Julio Grassi?
Falta que se sume la prensa amarilla, que vendrá, y los judiciales en busca de difusión, que ya actúan. Lo de «Clarín» es entendible: es una empresa ya inviable por sus deudas. Morir ensuciando es el gozo miserable en el estertor.
Nuestra decadencia nos lleva, inclusive, a derrumbar los valores en que podamos alguna vez aferrarnos para volver a trepar a la dignidad. No importa si el nuevo valor ultrajado o disminuido en su autoridad luego, cuando se caiga la patraña, proviene de una empresa decadente, de un periodismo inmoral y de una televisión mediocre, atemorizando a judiciales oscuros. Importa que la sociedad no reaccione, que sea tan fácilmente llevada a estas situaciones, que haya jueces con las declaraciones increíbles que se le atribuyen al magistrado Meade de Morón, «Clarín», que la Iglesia no haya respondido activamente, que seamos un conjunto social donde hasta en lo asistencial a niños prevalezca la envidia.


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