Mezcla, blend, misra. Español, inglés, sánscrito. La misma palabra en tres idiomas para describir casi un arte relacionado con esa milenaria costumbre de tomar el té. No es el verde, ni el negro. Es la mixtura de varios ingredientes para lograr un sabor diferente... tal como se trabaja en un laboratorio... eso es lo que hace Silvia Fernández Romay con su Botica del Té Misra. Lo que hoy es una empresa comenzó hace siete años como un emprendimiento personal que fue tomando cuerpo con el paso del tiempo. «Al principio era algo casero, de pocas cantidades; más un regalo para amigos que una empresa», asegura Silvia, quien se dedicaba a sus mezclas como un hobby totalmente alejado de su profesión: licenciatura en Sistemas. Un día abandonó el hardware y el software para darle vuelo a su lado creativo, con el que hoy logró tener varios blends en el mercado. «Me tuve que enfocar en qué era lo que quería y me quedé con esto», explica, suavemente, Silvia, mientras se sirve otra taza de té, al tiempo que agrega: «Nacimos elaborando estas recetas que tienen como base ciertas características del producto, vinculadas a la muy alta calidad incluyendo el packaging y la presentación. Lo que queremos es que todo sea un conjunto, para ofrecerle una propuesta integral a la persona que nos conoce y nos toma como costumbre».
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MATERIA PRIMA
La fórmula del producto tiene varios componentes, basados en el uso de una materia prima, el té y la yerba mate, ambos provenientes de Misiones. Hay cuatro blends con té negro, tres con verde y tres con yerba mate, que en la actualidad se pueden adquirir en canales comerciales mayoristas, lugares de servicios, delicatessen, hoteles y casas de té, además de los dos locales de La Botica, uno en Acassuso y el otro en Palermo. También está llegando a Inglaterra, paradójicamente uno de los lugares emblemáticos del té; Chile (tiene una franquicia en el coqueto barrio de Vitacura, en Santiago); Suiza y ahora está ingresando en Brasil, de a pocas cantidades. «Es un producto premium para un público que sabe diferenciar, sabe acompañarlo con un buen maridaje, degustarlo en un lugar agradable, donde se toma su tiempo para prepararlo y beberlo. Muy distinto del que lo toma apurado y sale corriendo. Es el producto elegido por los que saben apreciar y probar cosas nuevas y no en forma masiva.» Algunos más suaves, otros con aroma a frutas o chocolate, pero sin esencias, para que no sea invasivo; hay sabores más fuertes, como el Bengal, con especias bien energéticas como el cardamomo. En esta libertad de sabores, esta mezcla se recomienda probar con salados, con tablas de quesos ahumados suaves, para que no choquen los gustos. «Antes, sólo era el té negro... a lo sumo el Earl Grey con naranja. Hoy todos se dan la libertad de experimentar y tomar a diario. Es por eso que el público que nos consume está en una franja de entre los 20 y los 50 años, que buscan abrirse a nuevas cosas, además de que creció el porcentaje de hombres que se interesan», explica Fernández Romay, quien de esta forma acaba con la teoría de que la mujer históricamente es más consumidora de té, al decir de los occidentales. Y para captar a ese público es que se han impulsado los sabores fuertes, que se pueden combinar con habanos y bebidas. Y las hebras han resultado un buen componente para algunos platos donde está lo característico del té.
costumbres arraigadas
«Nos encontramos con personas que vienen de costumbres muy arraigadas, que utilizan el té para otras cosas. Es por eso que hacemos eventos en los que mostramos cómo se puede cocinar con esta materia prima. Les damos el libre albedrío, después cuando se van a su casa cada uno sabrá si lo utiliza o no. Quizás les despertamos el lado creativo.» El té es para compartir; el té acerca a una charla... como ésta que continúa con Silvia, en la que asegura que muchos de los consumidores que llegan a sus locales ya tienen un conocimiento previo. Esto sucede generalmente en Acassuso. En Palermo, ingresan muchos turistas llamados por la curiosidad. Las propuestas son iguales, pero el público es diferente. Y fue llevado precisamente por un extranjero, un chileno, que llegó al país vecino, en febrero, con una franquicia. «Tenemos planes para seguir con otros locales en el exterior. Pero también queremos abrir el mercado en el interior, en ciudades como Córdoba, Rosario y Mendoza donde aún no hemos llegado con local propio»... pero, entre taza y taza, sigue pensando cómo hacerlo.
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