Sin embargo, en el final se abrió el partido: aparecieron las individualidades en el seleccionado de Graham Henry y la historia se escribió a fuego para que Nueva Zelanda marque porqué es el mejor equipo del momento.
En el comienzo del encuentro, los dos equipos salieron dispuestos a jugar en todos lados, con mucho ritmo y conservación de pelota. Un tackle peligroso le dio la oportunidad a Dan Carter de ser el encargado de abrir el score, mientras que unos minutos después llegó la respuesta sudafricana: Morné Steyn acertó también su envío y empató el match.
Se jugaba con ritmo, sin patadas, con muchos pases de un lado al otro. Y así llegó el primer try del partido: Schalk Burger entró a pura potencia luego de un continuado de varias fases para detener su marcha en el in-goal rival.
El parcial cerraba 16-14 a favor del local, que era alentado por su público que veía a Carter acortando distancias, a Tony Woodcock definiendo en la bandera y a Steyn sumando nuevamente tres puntos.
En la segunda parte el partido cayó en su intensidad y ambos se dedicaron a tacklear y tacklear, y allí aparecieron algunas imprecisiones: el apertura de los Boks sumó con dos penales promediando ya el complemento.
Nueva Zelanda se quedaba sin nada, pues perdía por 8 puntos. Y ahí fue a buscar el partido, volvió a ponerse a tiro con un penal de Carter (sumaba cifras históricas en ese momento) y comenzaban los nervios a poco del final.
El partido se iba y llegó el try de Richie McCaw: el capitán definió como wing y empató en 22. Con esto Nueva Zelanda se aseguraba el título, pero quedaba tiempo para más. Sonaba la sirena, los forwards de negro recibían la pelota y atacaban, y el recién ingresado Israel Dagg liquidaba el pleito que le daba la copa al mejor equipo del hemisferio sur. ¡Salud campeones!
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