Aunque parezca raro, las charlas de esta semana no reflejan ninguna reunión navideña (seguramente porque se trata de una fiesta eminentemente familiar). Sí, en cambio, hay numerosas y jugosas referencias a cócteles diplomáticos, agasajos a la prensa de un funcionario al que su propio gobierno parece haberle declarado la guerra y hasta un nostálgico cumpleaños. En una de las embajadas había inquietud por las elecciones en dos países limítrofes entre sí: en uno, quien parecía segura ganadora ya no lo es tanto; en otro, todos los candidatos aparecen dispuestos a pelear (en más de un sentido) contra el vecino por atávicas cuestiones territoriales. Veamos.
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Daniel Scioli junto a Daniel Giampinelli, dueño del local donde
el vicepresidente agasajó a la prensa justo la noche en
que fue objeto de un durísimo ataque por parte de Cristina
de Kirchner (después seguirían otros ministros).
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