Se abren los quinchos de hoy con una boda y dos cumpleaños. En el primer caso, el foco estuvo en la presencia de un ex presidente y su hermano, y durante la fiesta se barajaron osadas hipótesis sobre el futuro político. El primer cumpleaños, rutilante y de gala, celebró a un longevo y ejemplar empresario; allí, además de las delicias del menú y la danza, hubo toda clase de infidencias: infaltablemente, una buena parte de ellas sobre la Presidente. El otro fue el de un ex ministro, ocasión ideal para escuchar nuevos entretelones sobre la gestión K, además de descubrir talentos canoros insospechados. Por último, otro cónclave, casi inglés, permitió oír más opiniones sobre el conflicto con el campo. Veamos:
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Toda una tradición en el Sheraton: el
empresario Julio Werthein celebró, con
rutilante fiesta de gala, sus 90 años. La
imagen de la izquierda corresponde al
festejo de los 80, en el mismo lugar (junto
a su hermano Leo). Al centro y la derecha,
postales de la fiesta actual:
acompañado por María Laura Leguizamón,
Cristiano Rattazzi y señora.
Otra vez los Menem, Carlos y Eduardo, juntos por Palermo. A la entrada de La Rural y, aunque les parezca mentira a los Kirchner, sacándose fotos a pedido en el celular de algunos curiosos. Ninguna rentrée política -ya el país parece escaldado con la presunta de Eduardo Duhalde-, apenas los principales invitados al casamiento de un hijo del ex miembro de la Corte Suprema Eduardo Moliné O'Connor (se casó con Sol Navarro, hija de un chileno y de una salteña). Fiesta importante del padrino, quien ya logró que le consideren su reclamo internacional por haber sido mal echado de la Corte por el gobierno Kirchner (el veredicto no lo regresaría al cargo, sí habría una indemnización a pagar por los contribuyentes), convocante de unos 600 invitados, entre los que se notaban los menemistas por tanto tiempo desaparecidos, más allegados al ejercicio judicial, y hasta algunos médicos.
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Animada la reunión -y con la grandiosa singularidad de que la música no impedía la conversación en las mesas, una cuestión común en otras bodas-, con bromistas del peronismoque, amparándose en Duhalde («Cristina no está en condiciones de gobernar»), imaginan una salida constitucional que desembocaría en el «Presidente Pampuro» (creen que si hay una crisis, Julio Cobos no sería aceptado como sucesor y, entonces, le cederían el cargo al senador bonaerense, hasta hoy fiel al matrimonio). Para seguir con el tono catástrofe, otros descontaban que Néstor Kirchner deberá asumir como jefe de Gabinete para auxiliar de cerca a su esposa, como si no alcanzara la línea directa con Puerto Madero las noches y mañanas de Olivos. «Te digo que Néstor está quejoso de Cristina, parece que no le resultó como imaginaba».
Podría ser un sketch cómico, más bien es la aparición de opositores que pretendían halagar al ex presidente, también al ex senador, con situaciones que ni ellos compartían. Pero, en el impresionante cóctel de entrada a la fiesta -y que duró hasta la medianoche- esos comentarios eran moneda corriente de quienes estuvieron y ya no están, y probablemente jamás vuelvan. Pero la sonrisa de oreja a oreja de los personajes era común: disfrutaban su momento, que es el mal momento de los Kirchner. Pasaban los tacos mexicanos, las tapas españolas, el sushi, empanadas, delicias para paladares orientales u occidentales, concurrentes como los ex ministros Alberto Maza, Rodolfo Barra, Jorge Domínguez, ex compañeros de la Corte como Adolfo Vázquez y Julio Nazareno (también las viudas de Gustavo Levene y Guillermo López), hasta el ex senador salteño Ricardo Gómez Diez (invitado por la novia).
Algunos se solazaban con la vuelta del paro del agro, tema que carecía de asidero. O de que los Kirchner, finalmente, se desprenderán de Martín Lousteau: se requiere -sostenían- una figura más adusta y versada para controlar una situación tan complicada. Menem, el ex presidente, contaba anécdotas terribles de vuelos pasados, repetía el latiguillo de que nadie se muere en las vísperas y, por último, todos coincidían en que apenas ha empezado la guerra entre el gobierno y el monopolio «Clarín» (a propósito, esta semana se pegarán carteles impulsados por los gremios con la leyenda «No jodan con Cristina»).
Un ducho en historia de la Segunda Guerra se complacía: esto es igual que en los tiempos en que los nazis se lanzaron contra el comunismo, cuando Hitler rompió el pacto con Stalin. Es decir, cuando sólo se enfrentaban los malos. Y otro, informado, decía que el matutino amenaza con infamantes carpetas (informes sobre los fondos de Santa Cruz, Skanska, Ricardo Jaime, etc.) que jamás publicó en 4 años y medio, mientras desde el gobierno se viene una ofensiva sobre la nueva ley de radiodifusión y un dictamen del procurador Esteban Righi sobre los hijos adoptados de la señora de Noble sobre el cual procederá luego la Corte Suprema. Había muchos especialistas para comentar ese tema.
Ya en las mesas hubo un solo plato (lomo empanado con verduras), postre helado, un larguísimo video sobre la familia, mientras los cuñados del padrino -enfrentados entre sí, los hermanos Carlos y Jorge Anzorregui- se ubicaban en puntos distintos y el nervioso especialista cerebral Jorge Salvat debía abandonar con urgencia la reunión: lo llamaron por teléfono, se accidentó un tal Almirón que sólo lo reconocía a él como médico. Y éste partió para auxiliar al Almirón que en la década del 50 fue remero olímpico por la Argentina. Vino el baile, la torta, los dulces, seguramente otro menú de madrugada, pero entonces ya no estaban los Menem.
Antes, el ex mandatario parecía saber lo que pasaba en la cabeza de un «adulto mayor» -como llama el PAMI a los abuelos- como Duhalde. Estaba informado de reuniones de éste con Ramón Puerta y Miguel Angel Toma, de lo que éstos desparramaban en otros dirigentes, y de que Duhalde no piensa en ser candidato en 2009, sino en 2011. Y que, aseguraba, conversó con Héctor Magnetto (zar de «Clarín») antes de que éste se fuera del país, quien le garantizó todo tipo de ayuda de su grupo para la candidatura política (anteayer, como se puede comprobar, le dedicaron la tapa como si el día anterior hubiera recibido el Nobel). Duhalde, suponía Menem, entiende que es un tiempista de la política y que en 2011 ninguno de los Kirchner se podrá presentar por la reelección: estarán peor que Duhalde cuando renunció tras la muerte de Kosteki y Santillán. Cierto o no, en la mesa también se hablaba de que Duhalde iba a Colombia para pedir por un rehén argentino (Jorge Gillanders Miller, estanciero de 82 años), no como Cristina que reclama por una candidata colombiana. Una forma más de diferenciarse de los Kirchner, quienes viajaron auspiciados por Hugo Chávez para reclamar la liberación de Ingrid Betancourt. Hasta allí, bromas e intercambio informativo; luego vino la discusión. Entre Duhalde y Kirchner, ¿con quién nos quedamos? Se perdió la alegría, cada uno tenía su impresión, ninguno coincidió. Al menos, por ahora.
Eterno o longevo como otros miembros de la familia, Julio Werthein atravesó los 90 en el Sheraton casi sin presencias oficiales -a pesar de su relación con importantes hombres de gobierno-, pero atendido por su familia y otros amigos que hace décadas lo acompañan. Quizás con menos charme fiestero que antes (como a los 75, cuando para apagar las velitas de la torta tuvo que subirse a una escalera, o a los 80, con presidente de la Nación incluido), con la misma exigencia de gala para mujeres y caballeros de smoking, aunque en este último caso 40% de la concurrencia optó por el traje oscuro (en el 93, sólo dos hombres aparecieron con terno). Los tiempos cambian. Espléndida reunión con más de 500 invitados, tradicional copetín en la previa y, luego, una copiosa entrada de salmones en distintas preparaciones con ensaladas, para cerrar con un lomo típico. En el medio, de todo, como titularía Crónica.
Variada concurrencia de la Justicia en actividad y de otros que ya se retiraron ( Jorge Urso, casi de la casa). Pegada a la mesa familiar (con los sobrinos Adrián y Gerardo como maestros de ceremonia), otra principal con Daniel Scioli y mujer, el embajador norteamericano Earl Wayne (anticipando lo que ocurriría con la anodina visita de Tom Shannon), los miembros de la Corte Suprema Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti (horas antes de que se golpeara una pierna y, cual crack de fútbol, debieran operarlo de ligamentos cruzados). Mezclados en otras mesas, una colección envidiable de empresarios (Cristiano Rattazzi, Bruno Quintana, Gabriel Romero, Juan Carlos Bagó, Claudio Belocopitt, Martín Cabrales, María Inés de la Fuente, Ernesto Gutiérrez, Juan Munro, Richard Milne, Luciano Miguens, Juan Carlos López Mena, Alejandro McFarlane, Mario Montoto, Alejandro Bulgheroni, Jorge Blanco Villegas, Ignacio Gutiérrez Zaldívar). Rebosante el salón, hasta se podía cruzar con el rabino Sergio Bergman, la legisladora María Laura Leguizamón, Cristina Guzmán, el ex embajador Jorge Hugo Herrera Vegas y una figura consagrada y poco vista en los últimos tiempos: el ex ministro Roberto Alemann. También, claro, embajadores de China, Brasil, Israel, Portugal, Uruguay y Colombia.
Abundó la música (tango orquestal y cantado, jazz, hubo un conjunto de baile de 4x4, un payador), pero uno escuchaba otra música: un economista deslizaba que hasta el año pasado, cada vez que consultaba con expertos de su actividad entendían que la Argentina no tenía problemas económicos a la vista y que, ahora, la perspectiva se había nublado: no menos de 50% anticipaba complicaciones antes de 2010 a pesar inclusive de que consideran positivas las señales externas para el país (mantenimiento de la demanda y precio de los commodities); estos expertos, además, no suelen tener en cuenta los factores climáticos, que en algunos casos se anuncian como graves. Después, una curiosidad de los entresijos perdidos de la visita de Cristina de Kirchner a París. Advertían que no se interesó demasiado en los platos que le dedicaron en el almuerzo con Nicolas Sarkozy en el Elíseo, que apartó ciertas variedades de la entrada (ensalada de alcauciles con tomates y queso de cabra y búfala), sólo comió los tomates (uno de sus favoritos). Tampoco se interesó en el plato principal, un pollo con salsa, separando inclusive el pollo: casi una ofensa para su admirado Napoleón, quien como cuentan los historiadores, se liquidaba -cuando ya era obeso, no en sus tiempos de esbeltez de la Revolución Francesa- un pollo al almuerzo y otro a la noche. El postre, una marquise de chocolate, ni lo probó. Se podría decir que las autoridades del Elíseo tal vez le comentaron al embajador argentino, Luis Ureta Sáenz Peña, esta escasa atención de su mandataria con el menú, aunque este tataranieto de Luis Sáenz Peña (aquel que fue presidente para que no lo fuera su hijo Roque) estuvo inquieto por otras razones durante la visita: hasta debió quedarse tiritando 40 minutos en la pista, al despedirla, bajo un frío intenso porque el avión se demoró en la partida. Cerraba el infidente con otro detalle: cuando la delegación dejó el Palacio en automóvil, se sorprendió por la cantidad de CRS ( gendarmes) y grupos de asalto que se habían extendido por la Rive Gauche frente al Sena, e imaginó que el gobierno había dispuesto una custodia excesiva para la visitante. Pero, en verdad, esos GRS se acomodaron en las calles para prevenir incidentes por la llegada de la antorcha olímpica (como se notará, esta sección evita comentarios sobre quién le acercó a Cristina, otra vez, a la black doll del periodismo internacional, la modelo Naomi Campbell).
Como estaba la encuestadora Graciela Rohmer, muchos le preguntaban por la característica de uno de sus últimos sondeos en los cuales se reveló un pronunciado declive de la imagen de Cristina de Kirchner. No abundó en detalles: sólo dijo que esos guarismos eran la respuesta de la gente. Rattazzi no podía precisar el día en que viajará la Presidente a Córdoba para acompañarlo en la inauguración de una planta de Fiat y entendía como endeble la versión de que ella asistiría siempre y cuando no estuviera presente Juan Schiaretti (se confirmó su versión: viaja este miércoles y el anfitrión será el gobernador). Otro capítulo eran las dificultades de Techint en Venezuela y algún desaprensivo objetó cierto coqueteo de Paolo Rocca con los sectores populistas. Si hasta le restó apoyo al Círculo Italiano -conjeturó- debido a que lo consideraba como demasiado conservador, que su padre y familia en todo caso se habían equivocado en el anterior respaldo. En los momentos difíciles, claro, hablan los que antes nunca hablaban.
Alguna tardanza en la sucesión de los platos permitió que los invitados abandonaran sus lugares, armaran corrillos en otros sitios y, en consecuencia, se generaran más diálogos. Del futuro casamiento de Enrique Boruchou (hermano mayor del titular del Citibank) con una de las hijas de Carolina Herrera, por tercera vez ella y con fiesta doble en Buenos Aires y en las afueras elegantes de Nueva York, en Hampton (los Herrera allí tienen casa de fin de semana), a otro tema más serio: la influencia del ex miembro de la Corte Suprema, Augusto Belluscio, como asesor de Osvaldo Guglielmino en la Procuración del Tesoro ( especialmente, sobre las demandas por juicios vinculados con créditos enmarcados en el concepto de «emergencia»). Mucho más se conversaba, claro, hasta que los sobrinos de Werthein pasaron al escenario, cada uno hizo público su homenaje al tío y, por fin, el tío se encargó -en la tarea que más le gusta- de dirigirse al gentío y formular recuerdos graciosos y emotivos de su vida. Placer que luego este codiciado solterón les dedicó a las damas, con muchas de las cuales inició el baile. Gratitud de todos para quien, en 90 años, siempre sonrió, fue diplomático, tuvo gestos afables para pacificar y, sobre todo, nunca se lo vio enojado. No es poco ni frecuente en una Argentina crispada.
Otro día, también cumpleaños, menos formal y con menos décadas, festejo en el mismo hotel (aunque en un salón más pequeño): el ex ministro Roberto Dromi, quien ejerce como abogado en temas clave y con su esposa ha desplegado una editorial por distintas partes del mundo, celebró haber pasado los sesenta («y con la sabiduría de no temerle más al tiempo»). También hubo bandejeada en el ingreso, con multitud de abogados y gente vinculada a la Justicia, casi nadie reconocible de la administración menemista, empresarios, gente de la Iglesia en su variante jesuítica ( estaba el titular de la Universidad del Salvador, Juan Alejandro Tobías, por ejemplo), Jorge Asís, el diputado Juan José Alvarez, algunos periodistas. Plato frío y, luego el infaltable cordero patagónico que siempre alude a influencias kirchneristas. Sonrisas del caso, luego se pasó al postre,un helado acompañado con frutas del bosque y chocolate.
Como había invitados con humor, cuando alguien se refirió al intento de Rudy Ulloa (empresario próspero de Santa Cruz, amigo de los Kirchner -más de él, que de ella-, self made man lugareño, quien alguna vez exhibía orificio en los dientes al estilo del piquetero rural Alfredo de Angelis), por comprar «Telefé» para su grupo económico, un pillo de la gracia replicó: «Es como si en los tiempos de Menem, el Soldado Chamamé hubiera hecho la misma oferta». Otros, informados y aun sabiendo que en la administración Kirchner es difícil que haya cambios, se reparaba en que Alberto Fernández y Carlos Zannini, antagónicos entre sí, no la pasaban bien; lo del jefe de Gabinete es público, lo del secretario legal y técnico es más difuso: lo cuestionan porque no funciona Compromiso K en el interior, quedó afuera del armado futuro del PJ y no pudo reemplazar al ministro que perdió. Igual, claro, Néstor lo quiere (y lo elogia, por lo menos en los partidos de fútbol), sucede lo mismo con Fernández, aunque en materia de fútbol parece imposible destacarle cualidades.
Una novedad del cumpleaños, casi parodiando a esas cenas en cantinas, fue la introducción de un cuarteto especializado en boleros (grupo Los Nostálgicos, todos uruguayos) que se repartió en todas las mesas a lo largo de la comida. Produjo esa experiencia musical cierto entusiasmo, tanto que en una mesa hubo que escuchar una quinta voz, bajo barítono, la de Asís, quien se conocía todos los boleros imaginados, aunque suele decir que su especialidad es el tango. No fue el único en entonar esos clásicos tropicales, también hubo participaciones menos destacadas (la del tímido titular de Endesa, por ejemplo). Quien anotaba las participaciones era un ex colaborador de Jorge Telerman, Oscar Feito, dueño de La Trastienda, interesado en lanzar como figuras a algunos de los espontáneos. Por fin, como si no estuviera preparado, agradeció el cumpleañero, quien tuvo un tropiezo característico de las fiestas y, en el deslizamiento, se emporcó el traje con la crema de la torta ( afortunadamente para él, estaba rica). A pesar del percance, el discurso fue apreciado, mostró que al margen de cuestionamientos conserva una osada lucidez.
Por la edad, otro veterano (71) convocó a 100 hombres y ninguna mujer para escándalo del género, según podría decir Cristina de Kirchner (o la responsable oficial de la discriminación). Fue Mario Guerrieri, curtidor de cueros, quien aprovechó para celebrar junto a un exitoso cuidador de caballos, Coco Valle, en su casa personal de fiestas -Castañón-, que para muchos es un club británico (por no incluir mujeres) y que, en verdad, representa el espíritu misógino de los tangueros de mediados del siglo pasado. Como estaba para el asado (aplausos para los chorizos y las mollejas) el último embajador en los Estados Unidos, José Octavio Bordón, se le abalanzaron con preguntas sobre la visita de Tom Shannon: esquivo, diplomático, nada dijo, insinuó apenas que George Bush quiere dejar el gobierno sin complicaciones en el Cono Sur. Ni siquiera desea problemas con Hugo Chávez, pero ese objetivo -parece- no lo va a lograr. Después, claro, lo avanzaron sobre su relación con Roberto Lavagna, uno de sus mayores amigos, pero tampoco aclaró en ese sentido: ambos figuran en el libro de los Kirchner, pero no son las páginas más leídas por el matrimonio (en un aparte, se especulaba con el mal momento elegido por Lavagna para reconciliarse y sacarse una foto con Kirchner en Olivos, apenas unos meses antes de una serie de episodios políticos de los cuales el ex ministro podría haber sacado alguna ventaja; infortunio de economista).
Otro asediado era Luciano Miguens, quien ya catapultado a los medios, hizo una arenga sobre los intereses del campo (en fin, de la Rural), su integración al país y la conveniencia de que esta semana, con Alberto Fernández, haya algún acuerdo para que no recrudezcan cortes, piquetes y paros. Matizaba un cantor llamado Tanguito, de fuerte voz, incapaz sin embargo de domar el martilleo oral en las mesas, todos entusiasmados con su propia voz y versión de la vida: no olvidar que la mayoría superaba los 70 y ya son historia. Aun así, en ese mundo turfístico, pudo escucharse una tremenda perla del rubro que intercambiaban Juan Carlos Bagó e Ignacio Gutiérrez Zaldívar: ocurre que la mejor yegua del país, según expertos, es Bouclette Glory y, tal vez, nunca más vuelva a correr. Al parecer, quedó lastimada después de una carrera y lo que valía un millón de dólares se desplomó como un default. La culpa: el starter. Contaban que el iniciador de las carreras, el starter, al ser la única autoridad en la pista y observar que la yegua a punto de correr estaba con una herradura menos, en lugar de hacerla errar decidió que -para competir- le quitaran la otra herradura delantera, con lo cual la yegua hizo mala performance y, al hacerlo descalza, se dañó quizás para siempre. Con ese dolor en el corazón y en los bolsillos hablaban en ese cumpleaños, tan veteranos que no casualmente libaban un Chateux Vieux.
Esta vez, en lugar de chiste, vamos a terminar con un breve glosario Les Luthiers: POLINESIA: mujer policía que no entiende razones; BECERRO: observar una loma o colina; ANOMALO: hemorroides; BENCENO: lo que los bebés miran con los ojos cuando toman leche; DIADEMAS: veintinueve de febrero; DIOGENES: la embarazó; ELECCION: lo que expelimenta un oliental al vel una película polno; ENDOSCOPIO: me preparo para todos los exámenes, menos para dos; MANIFIESTA: juerga de cacahuetes; ONDEANDO: sinónimo de ondetoy; REPARTO: mellizo; SILLON: respuesta afirmativa de Yoko Ono a Lennon; SORPRENDIDA: monja corrupta; ZARAGOZA: bien por Sara.
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