Estar solo pero al mismo tiempo acompañado; no estar obligado a nada pero a la vez estar motivado para compartir todo: una cena, un día de playa, una actividad deportiva, una excursión o una noche de baile; es disfrutar de la libertad en el marco de un grupo social. Esas son las principales razones por las que cientos de personas eligen viajar bajo un sistema que siempre estuvo rodeado de algunos prejuicios y preconceptos, como es el de «solos y solas». Claro que ese término ha sido tan vapuleado que las agencias y particulares especializados en el tema han comenzado a utilizar desde «viaje para singles» hasta otras frases más complicadas, como puede ser «turismo y miniturismo para adultos sin pareja». Dejando de lado las discusiones sobre cuál es la terminología más adecuada, lo cierto es que esta modalidad -que en Estados Unidos está en su apogeo y en Europa en plena expansión- está captando cada vez mayor cantidad de argentinos que han decidido hacer oídos sordos al «qué dirán» y han elegido no quedarse en casa durante sus días de vacaciones por el solo hecho de no tener con quién compartirlas. «No somos una agencia matrimonial», lanza Alfredo Luquer, considerado el pionero en servicios para viajeros singles. Es que son muchos los que piensan que este tipo de salidas pueden ser sólo para quienes buscan emular a Roberto Galán con su «Yo me quiero casar, ¿y usted?», cuando en realidad se apunta a aquellas personas que no encuentran compañero de viaje, ya sea porque todos sus amigos están en pareja, no tienen dinero para emprender una travesía o no concuerdan sus vacaciones. «Cuando viajaba, me llamaba la atención la cantidad de personas solas que veía caminando, comiendo, leyendo un libro, y les preguntaba por qué no estaban acompañadas. Como yo ya estaba vinculado con el turismo, así encontré un nuevo nicho de negocios para comenzar», acota el empresario turístico. Corría la década del 90, y a los seis meses llevó a cabo su primera experiencia. Pero previamente Luquer recabó datos para saber a qué se estaba enfrentando: «En ese momento, según el INDEC, había tres millones de personas solas en la Argentina. Hoy hay alrededor de 5 millones. No todas tienen posibilidad de viajar, pero sí hay un gran porcentaje». Si bien se tienen en cuenta todos los destinos para diseñar este tipo de viajes, hay algunos que parecen ser los favoritos. Son los países del Caribe, por ser sinónimo de diversión y distensión, además de tener los «all inclusive», que proporcionan muchos servicios en un solo lugar. También están los cruceros, sobre todo en boga en los últimos años. Hay otra ventaja en este tipo de travesías, más allá de obtener el sentido de pertenencia a un grupo, que es la económica. En un crucero, por ejemplo, se pueden abaratar costos compartiendo la cabina con una persona del mismo sexo. Las tarifas single son siempre superiores. Participan viajeros de entre 25 y 59 años, pero el fuerte es entre los 40 y los 45.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
LA ONDA CULTURAL
En los viajes culturales, como puede ser a Medio Oriente, el promedio de edad es mayor, y son más las mujeres que los prefieren. Esto también tiene su respaldo en números, asegura Luquer. «En nuestro país hay diez por ciento más de nacimiento de mujeres y al final de la vida hay una mayor proporción de viudas que de viudos. Ustedes nos matan...», dice, divertido, y explicando que estos datos son importantes porque en el Caribe y en muchos países de Latinoamérica se considera solteros a todos los que están solos, no solamente a quienes nunca se han casado. Los organizadores de este tipo de viajes ofrecen propuestas de fines de semana, fines de semana largos y hasta de más de veinte noches, o un crucero por España, islas Baleares, Túnez e Italia, que puede tener una duración de siete días. Los contingentes para viajes internacionales llegan a estar integrados por entre 30 y 40 personas, mientras que los nacionales rondan las 100.
En Las Vegas y no apostar
Hace doce años Nora Rodríguez se separó. Tenía 32 años y le gustaba viajar, y aunque no tenía inconvenientes en deambular de un lado para otro, se dio cuenta de que a veces no la divertía ir a desayunar o cenar sola, y que los contingentes comunes, en los que muchas veces hay sólo parejas, no la convencían. «Ir a un viaje de singles no es necesariamente para formar pareja. Somos personas a las que nos gusta viajar, poder compartir y también ahorrar al no tener que pagar una single. Dentro de un grupo también se terminan formando, por afinidad, otros subgrupos con los que en muchos casos ha nacido un lazo», comenta. Y de esas relaciones han nacido otros viajes, más familiares, como uno que realizará en febrero junto con otras mujeres con sus hijas adolescentes, en crucero. Esta ex gerente de ventas de una financiera, que hoy tiene su propio negocio, cuenta que cuando comenzó a participar de estos viajes el promedio de edad era mucho mayor, mientras que ahora hay chicos desde los veinte años, pero que lo importante es que se forma un círculo en el que hay personas del mismo nivel socioeconómico con las que se tienen gustos parecidos. «Es una experiencia positiva», señala, para agregar que las mujeres son las que más tienen en claro que esta modalidad es sólo para divertirse y estar en grupo, sin sentirse obligados a participar de todas las actividades, sólo de aquellas que uno quiera. «En general son los hombres los que van con la idea de conocer a alguien», señala esta mujer, que ya tiene anécdotas de varios viajes en su valija, la mayoría buenas pero también con algunos sinsabores. «Hay que cuidar con quién se contrata, ya que también hay una creencia de que porque uno no tiene con quién viajar está dispuesto a pagar un precio exorbitante o que no estará atento a lo que se promete. Creen que porque uno está solo no mirará ciertas cosas», asegura, al tiempo que cuenta que en una Fiesta de Solteros que se organiza todos los años en Cuba llegó un contingente al que le habían vendido el viaje con la premisa de «pareja y diversión garantizada». Desde el lado del organizador, Alfredo Luquer asegura que «en este tema hay que saber manejar la sutileza, pero también desmitificar la expresión 'solos y solas'. Es como la vida, quizás se pueda formar una pareja, pero ése no es el motivo principal de la organización, sino lograr un buen grupo de amigos. En Europa el tema está muy adelantado. Hay cruceros que se chartean exclusivamente para singles. Pero hay que estar muy atento al programa que se compra. En nuestro caso nunca haríamos nada que implique algún daño moral. Es sólo un turismo acompañado». Para Nora, los prejuicios a vencer son varios, ya que hay muchas personas que piensan que si uno elige esa opción es porque definitivamente está buscando pareja y no tiene ningún tipo de atributo para conseguirla. Aunque también participan personas que están casadas o de novios pero su partenaire no tiene el tiempo para tomarse vacaciones. «Tal vez creen que no sabés hablar o que sos horrible y por eso tenés que ir a un viaje de solos y solas como si la intención primera fuese conseguir marido. Lo ideal es viajar en pareja, pero si esa compañía no está se puede reemplazar con un grupo. Yo siempre cuento que a mí me encanta Las Vegas. Todos piensan que vas a jugar, pero cuando fui por primera vez estuve diez días y no aposté ni una ficha. Eran otras cosas las que me atraían.»
Dejá tu comentario