22 de diciembre 2005 - 00:00

¿Del crecimiento automático al plan económico?

El ministro de Economía saliente, Roberto Lavagna, y la flamante ministra de Economía, Felisa Miceli.
El ministro de Economía saliente, Roberto Lavagna, y la flamante ministra de Economía, Felisa Miceli.
Escribe Marcela Viviana Jaimes (*)
El año que empezamos a mirar en retrospectiva deja algunas enseñanzas. Atrás quedó la contienda electoral, cuyo saldo favorable fue la ampliación de la base de sustentabilidad del gobierno gracias -entre otras cosas- a ciertas picardías relacionadas con la institucionalidad, las leyes y las normas. Al descubierto quedan algunas aseveraciones negativas, a saber: que después del crecimiento constatable de los últimos tres años, queda aún pendiente la creación de un plan económico y de un modelo de país que nos permita alcanzar el desarrollo sostenido que con urgencia necesita la Argentina.
El ministro de Economía saliente, Roberto Lavagna, se había impuesto una meta de superávit fiscal, con un dólar real alto, que empezó a mostrar debilidades al compás de una inflación creciente y bajo la sospecha amarga de la dificultad inexpugnable a la hora de conseguir nuevas y buenas inversiones en el corto plazo.
Es que, con crecimiento económico, surgieron cientos de reclamos salariales. Salimos a la superficie y no nos contentamos con el solo hecho de flotar. Queremos y necesitamos exportar más y con mayor valor agregado, pero ese simple deseo conlleva una decisión política: la voluntad de establecer un modelo o plan que nos acerque al puerto de donde salimos, el país del desarrollo.
La posición argentina en la reciente Cumbre de las Américas nos había ubicado en un escenario distinto del delineado en el presupuesto 2006 por Lavagna. ¿Era ésta una estrategia planeada o simplemente una típica postura bifronte a la que nos tenía acostumbrados el gobierno nacional?
Evidentemente, Economía perdió definitivamente la autonomía anhelada el día en que las elecciones determinaron nuevas relaciones de poder. Con la renuncia de Lavagna y la entronización de Felisa Miceli, a cargo de Economía, quedó al descubierto la cara unívoca que tendrá la nueva gestión. Con todo, la pregunta que se impone es: ¿tiene la gestión Kirchner dificultades a la hora de imaginar un escenario de grandeza económica para la Argentina?
En rigor, Lavagna representó el ordenamiento económico necesario para un país acostumbrado a la incertidumbre. Con su método, el crecimiento económico fue automático, sin embargo, en los últimos meses de gestión, la puja distributiva comenzó a acrecentarse al tiempo que la brecha entre ricos y pobres se hacía más notable, haciendo impostergables profundos cambios estructurales que dependían de la voluntad política de nuestro primer mandatario.
Ahora bien, ¿tiene pensado el gobierno nacional desterrar para siempre la idea de país dislocado? ¿Se trata de cambiar ministros con el fin de implementar políticas nacionales de pleno empleo y producción, con claras políticas fiscales, financieras, arancelarias, con el objetivo de lograr una reconversión que nos permita sostener el crecimiento percibido en los últimos años o sólo se pretende encontrar ministros con perfiles más bajos?
A esta altura, cualquier dirigente político sabe muy bien que para que nuestro país empiece un camino de crecimiento sostenido son necesarios cambios estructurales cuyas bondades podrían cosecharse -en el mejor de los casos- en un par de décadas. Contrariamente, los políticos suelen pensar en el corto plazo, en pasar los años que les quedan de administración sin demasiados traumas. Veremos, entonces, con los primeros pasos que se empiecen a dar en 2006 si se cumplirá con algunas claves de crecimiento: inversiones criteriosas, equilibrio macroeconómico, distribución y apertura económica, es decir, elementos que pueden llegar a ponernos de nuevo en el escenario mundial con un sentido global y con un destino.
Como buenos diagnosticadores hasta ahora echamos mano a una batería de medidas con las que pasar la crisis aguda, pero nos falta el pronóstico, reconocer qué entendemos por salud económica y cómo podemos llegar a ese estado.
(*) Lic. en Periodismo y Comunicaciones.

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