«Ofrecemos un prólogo entretenido, divertido y sabroso a quienes luego querrán ir a las milongas», indica Gustavo Rosa.
"Buscamos ofrecer algo distinto a quienes quieren ver un show de tango, algo que no fuera la típica cena-show sino un recorrido que les entregara impresiones distintas, que impactara a los visitantes con, por caso, la sorpresa de un sainete, o estar realizando un inesperado viaje por lugares que recuerdan emblemas de nuestro pasado», explica Gustavo Rosa, gerente operativo de Bocatango. Periodista: ¿Qué han hecho para diferenciarse de otros lugares de tango?
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Gustavo Rosa: La nuestra es una casa atípica en muchos sentidos. No responde al estándar habitual de las casas de tango, que son lugares donde, sin moverse de un mismo ambiente, se cena y se presencia el show de tango. En Bocatango se cena, en un restorán muy ambientado con la historia que se ofrece paso a paso, un menú típicamente argentino. Ese lugar tiene la ambientación de las fondas de antaño, está decorado con cuadros, afiches, carteles que son auténticas piezas de colección. Tras la cena se inicia un paseo por una escenografía al aire libre que recuerda los conventillos porteños de comienzos del siglo pasado, cuando llegó la gran inmigración europea. Allí se ve un espectáculo teatral, un sainete coral, con muchos actores, que revive en tono de grotesco la vida de aquellos inmigrantes en una calle del barrio de La Boca. Mostrando las dificultades, miserias, peleas, alegrías, progresos y, sobre todo, la nostalgia por la tierra dejada atrás y las esperanzas que surgieron al llegar a Buenos Aires. Hay todo tipo de personajes: el borracho, la modista, el policía bonachón, la prostituta, la dueña de la pensión, el rufián, el músico, el tano, el gallego, el tanguero, la chirusa, el ladrón, el peón, el zapatero, la estudiante. Ese momento da una característica divertida a lo que hubiera podido ser sólo un show de tango.
UNA FIESTA QUE ENSEÑA
P.: Ese espectáculo festivo debe sumarles espectadores. G.R.: Suma centralmente dos grupos. Nos sirve mucho para las empresas que están de agasajos o festejos corporativos, y que en esta época del año vienen a hacer su noche aquí. Otro grupo es el de los turistas que así pueden tener una idea de cómo se construyó nuestro país, y que siempre tiene, de algún modo, algo que ver con ellos, con sus país de origen. Descubren cómo en esos lugares nació el tango, cómo era al comienzo bailado entre hombres y cómo se fue transformando.
P.: Después del sainete «El conventillo viviente», ¿qué ofrecen? G.R.: Se pasa a un gran salón, que recuerda a los de aquellos cabarets de los años dorados del tango que dejaron su marca en la historia de la música popular porteña, para ver un espectáculo con una orquesta, dos cantantes y seis bailarines. La orquesta tiene un estilo tanguero que podría definirse como darienciano, fuerte, marcado, que hace que la gente se sienta impresionada frente a ese ritmo porteño que conquistó el mundo. Es fenomenal ver lo que le pasa a los turistas, la emoción que sienten al comprender que están en la ciudad donde nació el dos por cuatro.
P.: ¿De dónde provienen esos turistas? G.R.: De todas partes, la Argentina en verdad está de moda. Vienen extranjeros de todas partes del mundo. Nosotros recibimos, junto con contingentes norteamericanos y los esperables de españoles, italianos, franceses, griegos y turcos, grupos de polacos, de neocelandeses, australianos. Es notable cómo entienden el sainete por más que no comprendan lo que se dice porque se habla en lunfardo, en cocoliche, en un español enrevesado. Acá el visitante no es un simple espectador, de pronto, al fin del espectáculo, se encuentra bailando con las actrices y los actores. Usted preguntaba sobre el secreto de esta casa. Bueno, la clave es que en Bocatango es todo muy interactivo. Eso hace que sea el primer paseo temático del tango.
P.: ¿Cuantos años tiene Bocatango? G.R.: Tres, en los que fue creciendo constantemente. Y esto a pesar de que el mundo del tango es un mercado difícil. Hay casas de tango que tienen una docena de años, que ya están impuestas y concentran gran volumen de visitantes. Eso hace que a las más pequeñas les cueste. Y crecen desde la diferencia, desde lo que ofrecen, desde lo innovador, por decirlo así, y desde el boca a boca de la gente. En nuestro caso la propuesta que hacemos ha sido muy positiva, porque la gente la apoya. Hay muchas personas que llaman desde el exterior haciendo reservas. Buscan un lugar con estas características. Y nosotros sumamos el atractivo de estar al lado de la cancha de Boca, de tener el show del conventillo, que hace que algunos digan que el paseo que ofrecemos es mejor que andar por Caminito, que está ocupado por demasiados negocios. Aquí pueden visitar, en ciertos horarios gratuitamente, nuestra representación de un Buenos Aires antiguo. Y cuando los visitantes hacen preguntas nosotros las respondemos desde la historia: contamos cómo se hicieron estas casas, qué tiene que ver este lugar con la formación del tango, el porqué de los conventillos, cómo se relaciona la bandera de Suecia y la camiseta de Boca, cómo se usaba el peine como instrumento musical hasta que llegó el bandoneón con los inmigrantes, cómo las coloridas casas tienen que ver con la pintura aislante de los barcos.
P.: ¿Qué considera que ha pasado con el turismo y el tango? G.R.: Que el tango haya viajado en 1920 a París, y allí triunfara, hizo que se diseminara por el mundo y se instalara una fama que nunca perdió vigencia. Más allá de la profunda poesía que tienen los tangos, se valora la danza, el encuentro momentáneo, el abrazo entre desconocidos, el ritmo cómplice de los cuerpos. Hasta comienzos de los años 90, el tango venía un poco golpeado, y el mundo exigió que renaciera. Estamos presenciando músicos de muchos años junto con algunos nuevos y muchísimos bailarines muy jóvenes. El tango, el fado, el jazz son músicas que nacieron casi al mismo tiempo gracias al impulso, y la fusión de ritmos, de las masas inmigratorias que hicieron aportes, y que pasaron a ser parte del repertorio universal. En el caso del tango esto se confirma cada vez que se está viendo una película estadounidense, francesa, italiana, española o japonesa, de pronto comienza a darse cuenta que la música de fondo que está escuchando es la de un tango. En eso creo tiene mucho que ver con la difusión que provocó Piazzolla, ese genio que pasó de controvertido y polémico a ser un clásico.
P.: ¿Cómo ve esta constante llegada de turistas? G.R.: Creo que se da una afortunada combinación. Está la Buenos Aires que atrae por los precios, porque es la más europea de América, porque es amigable, no discriminatoria, donde se atiende al turista. Todo esto, más allá de las cosas malas que pueda haber, pero que las hay siempre en las grandes ciudades. A eso cualidades se agrega el tango. Hoy, el que ya vino a Buenos Aires, hizo el tour, conoció el show, si le gustó todo eso hace que se vaya adentrando, que vaya a conocer milongas, que vaya a escuelas de tango, que empiece a disfrutar de otros atractivos de la Ciudad. Los shows de tango son hoy el prólogo, son el tour de la cultura porteña.
P.: ¿Cómo andará el turismo con la crisis? G.R.: Habrá un período un poquito recesivo, y hay que cuidar varios puntos. Es fundamental que no nos pongamos caros. Hay que seguir vendiendo el producto Buenos Aires por su cultura, por sus festivales de tango, de teatro, de jazz, de cine, de las noches de los museos, por todos sus enormes atractivos.
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