En 1692, una pequeña comunidad norteamericana, en la aldea de Salem (hoy ciudad del estado de Massachusetts, a 25 kilómetros de Boston, su capital), explotó en un delirio de perturbaciones demoníacas que derivó en los juicios por brujería que llevaron a la hoguera a 25 personas, en su mayoría mujeres jóvenes, y se encarceló a alrededor de 200 personas más. Ese dramático suceso fue base de la famosa obra de teatro «Las brujas de Salem», que Arthur Miller escribió en 1953. Hoy Salem, gracias a esa historia, que fue llevada al cine y al teatro, sigue siendo de alguna manera «tierra de brujas».
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Vestigios de la tragedia
Anualmente cientos de turistas recorren la ciudad buscando vestigios de la tragedia, animados por la industria turística que da forma a sus oscuras expectativas. Allí se ofrecen cursos sobre brujería para niños, cacerías de fantasmas, sesiones espiritistas, se pueden visitar las mazmorras donde estuvieron prisioneras las acusadas de brujería y participar del evento más turístico, el multitudinario Baile Oficial de Halloween. Además, la ciudad cuenta con excelentes museos, como el Peabody Essex, el Museo de las Brujas de Salem y el Museo de la Cueva de la Bruja, donde se recrean históricamente los juicios que llevaron a la muerte a aquel desdichado grupo de mujeres. El ritual de los turistas se repite durante todo el año, pero cobra especial brillo cada 31 de octubre. Porque justamente en esa fecha, en muchas partes del mundo se celebra Halloween, la fiesta que nació en los países anglosajones en la víspera del Día de Todos los Santos, y que conmemora el miedo, los fantasmas, las brujas, los vampiros, la muerte. Otro de los destinos relacionados con la noche de brujas es la enigmática Nueva Orleans, que ofrece tours para conocer fantasmas y vampiros, «reales y de ficción», que habitan la ciudad. En visita nocturna, con guías caracterizados, se recorren lugares de interés turístico y sitios asociados con esas criaturas de la noche, como el Cementerio, con la tumba de la sacerdotisa vudú Marie Laveau, y las calles antiguas del Barrio Francés. En Europa oriental, los espesos bosques oscuros y las colinas misteriosas en pleno corazón de los montes Cárpatos, en el centro de Rumania, está Transilvania, donde nació una de las leyendas de terror más escalofriantes del mundo. Allí dicen que vivió Vlad Tepes, volcánico e impredecible rey de Valaquia, uno de los gobernantes más crueles, protagonista de historias macabras; por caso, gustaba empalar a sus enemigos. El personaje sirvió de fuente de inspiración de Drácula, la novela del vampiro más famoso, que el irlandés Bram Stoker escribió en 1897. El castillo del conde Drácula, situado en Sighisoara, es uno de los mayores atractivos turísticos de la región. También conocida como fortaleza de Bran, es una mansión gótica del siglo XIII, en medio de una campiña con calles adoquinadas y doce torres medievales.
Otros ámbitos
Los muros de piedras de las casonas de la ciudad de Edimburgo, al este de Escocia, esconden grandes secretos. Lo mismo sucede con las iglesias medievales, los palacios encaramados en las cimas de peñones, las calles subterráneas, los cementerios oscuros. Todo lleva a las misteriosas novelas protagonizadas por el infalible detective Sherlock Holmes, creación de Arthur Conan Doyle. Por su parte, Robert Louis Stevenson, autor de «El ladrón de cadáveres», se inspiró en los famosos Burke y Hare, personajes del siglo XIX que acechaban a sus víctimas en la parte antigua de la ciudad para vender los cadáveres a la facultad de Medicina. Hoy en día se puede ver parte de los restos de Burke en el singular Museo de Patología de la ciudad, en el Surgeons' Hall. Varios tours de fantasmas llevan hasta la Royal Mile, con representaciones artísticas que relatan las historias antiguas más escalofriantes de Edimburgo. La ciudad cautiva a turistas adolescentes porque allí Joanne Katherine Rowling dio vida a la saga de Harry Potter. Todas las grandes ciudades tienen historias de fantasmas que ayudan a construir la identidad urbana. En Buenos Aires, el fantasma de Felicitas Guerrero de Alzaga sobrevuela la esquina de Pinzón y Brandsen. Viuda, joven, bella y millonaria, Felicitas fue asesinada por su pretendiente Enrique Ocampo -quien después se suicidó- cuando supo que la dama estaba enamorada de un estanciero. Otro espíritu que dicen que vaga por la ciudad es el de Rufina Cambaceres. En el cementerio de la Recoleta, en una estatua art nouveau, habita la joven que murió dos veces. Al parecer, la hija del escritor argentino Eugenio Cambaceres falleció de un infarto a los 19 años, después de conocer un prohibido secreto de amor. Sin embargo, no había sido un infarto, sino un ataque de epilepsia, es decir, que fue enterrada vida. Al despertar, víctima de desesperación, volvió a morir realmente de un ataque al corazón. En la ciudad, algunas agencias de viajes y turismo se especializan en organizar circuitos con historias de crímenes y leyendas urbanas, recorriendo distintos barrios porteños que fueron escenario de historias escalofriantes. Los relatos más sangrientos son los de Virginia Donatelli, la joven descuartizada; el caso de Lauro y Salvatto, los últimos sentenciados a muerte en la ciudad; y el de Cayetano Santos Godino, más conocido como el Petiso Orejudo, quien a los 16 años confesó sin arrepentimiento el asesinato de cuatro niños y el intento de homicidio de otros siete. Llamativamente, había nacido el 31 de octubre de 1896, en un Día de Brujas.
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