La escena sería más o menos así: un empresario llega realmente tarde a su casa, después de una extenuante jornada de trabajo, y un día antes de salir de vacaciones con su familia. Entra a su cuarto, toma una valija y saca de su agenda una lista de prioridades: «1) cámara digital; 2) notebook; 3) algún tipo de dispositivo de almacenamiento donde guardar fotos, videos y documentos (puede ser el iPod de 30 GB); 4) detectores de redes inalámbricas (hotspots Wi-Fi); 5) blackberrys, 6) cargadores de todo tipo; 7) recordar lo que me falta». Los más exigentes sumarán conexión satelital tanto para Internet como para telefonía, aunque se trate de un lujo caro y acaso esté fuera del alcance de algunos bolsillos latinoamericanos. Está comprobado que el fenómeno de la tecnología de última generación (que pareciera que no va a terminar de renovarse nunca) no gravita sólo en el plano laboral de las personas, por caso, en los viajes de negocios. También el plano personal se ve afectado, un claro ejemplo son los viajes de placer. Las conversaciones con amigos se ven interrumpidas por mensajes breves que dicen poco. Ninguna charla sobrevive más que hasta la próxima interrupción, sin poder profundizarse. Luces que se encienden en las palms durante el almuerzo o la cena, tonos molestos a la hora del descanso. Vale una pregunta: ¿no resulta paradójico que tanta comunicación genere tanta interrupción, haga tantos cortocircuitos en la comunicación? Un acertijo muy actual y que pareciera de difícil resolución.
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Testimonios "autorizados"
«Es duro salir de vacaciones con mi marido. Diría que es casi insoportable. No apaga el celular durante las 24 horas y está todo el día conectado con su trabajo», confiesa la esposa de un directivo de una línea aérea internacional. «A la hora de la comida suena el teléfono, a la hora de ir a la playa contesta mensajes. A veces se levanta a las tres de la mañana porque recibió un sms desde el exterior. ¡Ha llegado hasta el límite de levantarse a la madrugada y ponerse a trabajar hasta el amanecer, o llevar la blackberry a la ducha, tener que interrumpir el baño y secarse las manos para poder usarla ante una llamada o un bip anunciando la entrada de un mensaje. Es como demasiado!», se queja la mujer. Para Gabriel Myzler, gerente general de Grupo Veintitrés y uno de los pioneros en comercializar en el país el primer correo electrónico, «lo ideal es establecer límites de horarios, a diferencia de lo que piensan muchos amigos y colegas», aclara. «Considero indispensable poner límites y ponerse límites. Cuando estoy de vacaciones apago el teléfono e intento no tocar la computadora, entre otros recaudos. La ventaja del correo electrónico es que escribo cuando tengo tiempo y contesto cuando puedo. Pero reconozco que hay gente que no puede, y no es fácil educar a las personas que tienen predisposición a la dispersión», sentencia el hombre de medios.
Tiempo que vale oro
«El tiempo es lo único que no se puede ahorrar ni guardar para después. Sólo se puede optimizar su uso, que no es poco. Y uno nunca sabe cuánto tiempo tiene. La tecnología permite eso, aprovecharlo al máximo, sobre todo el que se considera tiempo muerto, el que no sirve para nada», opina Mizler. «Un ejemplo: cuando estoy manejando pierdo tiempo. Hoy, con la ayuda del manos libres y otros dispositivos puedo parar en un semáforo, mencionar el nombre de mi hija y conectarme con ella cuando está en recreo, en el colegio. Antes, hasta que uno no volvía a su hogar no tenía la posibilidad de conectarse con sus seres queridos.» Inmediatamente Mizler recuerda otra anécdota: «El otro día, en un aeropuerto, en el exterior, veo unos carteles de una ONG sobre un tema de salud y de inmediato recordé que mi mujer estaba haciendo una investigación en medicina. Saqué un par de fotos con mi celular, las bajé con un cable USB a la notebook y se las envié por correo. Al instante me respondió que lo había recibido. No sólo la tecnología me permitió sacar la foto sino que me posibilitó seguir en contacto desde miles y miles de kilómetros con mi señora. Además lo hice en tiempo vacío, como es el de esperar en un aeropuerto», dice Mizler. El empresario tiene razón. En buena medida la historia de los pueblos ha estado determinada por su capacidad para hacer más eficiente el trabajo. Y la tecnología posibilita eso, sobre todo en lo que se refiere a aumentar la productividad de las horas empeñadas en esa tarea. Sin embargo, en el momento de analizar el fenómeno, las opiniones están divididas. Hay quienes sostienen que se trata de un triunfo rotundo de los empleadores, ya que mantener a los empleados conectados on line durante el mayor tiempo posible (celulares, Wi-Fi, radiomensajes, etcétera) les significa un rédito económico. Otros aseguran que la eficiencia sólo se puede lograr por apenas un lapso. De hecho, muchos empresarios comenzaron a notar que la excesiva conectividad de sus empleados, en vez de permitirles hacer mejor su trabajo, les impide poner el foco en su labor hasta terminarla. Sostienen que luego de un mensaje en el correo electrónico, en el celular, o en el chat, o desde que se enciende una luz en el rincón de la PC, puede llevar cerca de media hora volver a retomar las tareas que se estaban realizando. Incluso, muchas veces es definitivamente olvidada por el trabajador. Eduardo Méndez, especialista en sistemas, cuenta que «un compañero de oficina tiene un segundo trabajo y necesita estar conectado permanentemente, incluso hasta altas horas de la noche, porque opera en una empresa que importa equipamiento para plantas de celulosa y está en línea con Canadá, Estados Unidos, Brasil, Uruguay y Chile. Otro amigo trabaja en el sector compras de Mitsubishi. Comercializa agroquímicos y fertilizantes con Japón, por lo que debe estar atento prácticamente toda la noche, por la diferencia horaria», detalla. Casi todos los hoteles hoy tienen acceso a Wi-Fi desde todas las habitaciones. Muchos conserjes coinciden que desde hace un tiempo sus clientes corporativos lo solicitan como una condición indispensable. Los bares y confiterías ligados a las cities del mundo disponen ese servicio como un modo de diferenciarse y jerarquizarse. Casi todos los aeropuertos del mundo ofrecen el mismo beneficio. Algunas líneas aéreas también tomaron nota, como American Airlines, que está preparando una segunda prueba con el servicio de Internet, banda ancha, a bordo de sus aviones. Este año American instaló el sistema de Aircell LLC en su flota de 15 aviones Boeing 767-200, pero no lo activó todavía. Esa flota es usada por las aerolíneas en sus rutas dentro de los Estados Unidos. Una vez activado, los pasajeros pagarían 12.95 dólares para usar el Wi-Fi y poder navegar en Internet, chequear correo, mensajes instantáneos, y tener acceso corporativo a cuentas con VPN. El sistema no permitirá ninguna función que sea utilizada por voz. Como los adultos, los adolescentes no se quedan atrás. Juegan, leen, estudian, escuchan música, sacan fotos, se vinculan, se hacen amigos y hasta organizan reuniones masivas (floggers) en espacios públicos o privados a través de la Web o de sus cada vez más ostentosos celulares y agendas electrónicas. Para cientos de miles de adolescentes argentinos, la tecnología es casi un modo de vida, un rasgo fundamental de su propia identidad. «El problema es cuando no conocen los límites, y en ese sentido la responsabilidad absoluta es de los padres, que no saben o no encuentran la manera de educarlos (ver nota en pág.VII). Es un problema mayor, que necesita el involucramiento urgente de los mayores», considera la psicóloga Graciela Verge.
Mochileros y notebooks
«Ocurre algo impensado con los mochileros. Antes, irse de viaje con los bolsos a cuestas era distinto. La preocupación pasaba por la ropa necesaria y unos pocos pesos. Hoy, al momento de armar los bártulos es impensado no tener en cuenta el iPod, y hasta conozco amigos que viajan con la notebook», opina Javier, estudiante de Comunicación y productor de un reconocido programa radial. ¿Conviene llevar una notebook en un viaje de mochilero? «Para nada, es incómodo y es riesgoso, es una tentación al robo. Tenga en cuenta que en muchos lugares del mundo una laptop es un bien casi imposible de conseguir, y que se paga bien en el mercado negro. Por otro lado hay que ver el tema de la conectividad; sin acceso a Internet, una notebook pierde todo su atractivo. Si es para tipear textos o no olvidar cosas, me alcanza con una handheld, una Palm TX. Lo que la mayoría termina haciendo es usar los cibercafés o locutorios, pero no es lo mismo que usar nuestras notebook; cuando nos acostumbramos a ella, extrañamos las herramientas instaladas, los accesos directos y ni hablar de la configuración del teclado. Pero es una solución más que razonable, sobre todo porque el costo de los locutorios en América latina, a excepción de Brasil, son muy económicos», cuenta Javier.
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