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Algo está pasando con Africa como destino viajero. Poco a poco aumenta la curiosidad por este continente y desaparece cierto reparo inconsciente que impele a viajar por otras latitudes. Es un proceso lento que lucha contra una imagen funesta forjada a base de noticias que hacen hincapié en la miseria, la inestabilidad política, las sequías, las hambrunas, las luchas étnicas y el sida. Todos estos factores han creado un tupido velo de ignorancia sobre este continente inmenso, diverso y fascinante. Al desconocimiento general hay que añadir otros detalles decisivos, como el alto precio de los vuelos y la falta de infraestructura turística. Esta última obliga en muchas ocasiones al viajero a optar entre un viaje incómodo, utilizando únicamente los medios locales de alojamiento y transporte, o dar un salto, normalmente muy caro, de transporte privado y alojamientos de alto nivel. Es muy difícil encontrar ese intermedio que permite el contacto con las culturas locales y un cierto confort, algo fácil de conseguir en Asia y América latina. El que se plantea un viaje al Africa navega entre esta imagen de continente difícil y la pasión que describen aquellos que han dado el primer paso y sienten el deseo de regresar una y otra vez. Sobre todo tiene que luchar contra la ignorancia absoluta. ¿Qué se conoce de ese lugar llamado Africa, formado por más de 50 países completamente diferentes entre sí, habitado por centenares de grupos étnicos, donde se dan todos los climas y todos los paisajes? ¿Entre los cientos de millones de africanos, cuántos son realmente conocidos, más allá de Nelson Mandela, Samuel Eto'o y ese secretario general de la ONU que se parece a Morgan Freeman y que nadie sabe de dónde es exactamente? ¿Cuáles son los atractivos turísticos de Botsuana, de Benin, de Malaui? ¿Pero existen países con esos nombres? Sin embargo, cada año aparecen nuevas propuestas en los folletos de las agencias que van más allá de los cruceros por el Nilo egipcio y los safaris en Kenia y Tanzania. Incluso hay ofertas a buen precio para viajar a Gambia. Lugares como Tombuctú, Lalibela y el delta del Okavango no son ya el secreto de los más audaces sino el destino de cualquiera que sienta curiosidad por el mundo. Además se em-pieza a mirar al Africa de otra manera, como un territorio diverso en el que es fácil vivir la aventura de conocer otras culturas, otros paisajes, otra música. Descubrir otras formas de vida.
MOZAMBIQUE
No hay más que salir de la capital, Maputo, para sentirse inmerso en el Africa más tradicional. Por el interior el viajero se adentra en una sabana interminable y por la costa recorre un litoral en el que brillan algunas de las mejores playas del continente. Por todas partes encuentra aldeas en las que se lucha por olvidar el recuerdo de la guerra. Tal vez por eso sea hoy uno de los países africanos más seguros para el viajero. Mozambique podría ser -y tal vez lo sea en un futuro no muy lejano- uno de los destinos para el turista que visita los parques naturales rebosantes de animales salvajes. Pero la guerra civil que destrozó al país hace dos décadas arruinó algunas de las joyas del continente, como el Parque Nacional de Gorongosa. Ahora los destinos preferidos por los viajeros se encuentran desperdigados a lo largo de los 2.500 kilómetros de costa hermosa e intacta que hacían de Mozambique, hace 30 años, el principal destino turístico del sur de Africa. El archipiélago de Bazaruto es el lugar perfecto para practicar el submarinismo, la pesca de altura y la observación de aves. Los que buscan la huella de la historia prefieren dirigirse a Ilha de Moçambique, que durante siglos fue el enclave portugués más importante entre Lisboa y la India. Fue el puerto europeo más antiguo de toda la costa oriental africana y ahora se conserva como el gran centro histórico del país al que da nombre. La ciudad, que ocupa casi completamente una isla, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1992. Los más aventureros encuentran en el norte una de esas regiones poco transitadas. Allí habitan los makonde, famosos por sus fantásticas esculturas en madera, y los makua, cuyas mujeres se embadurnan la cara con una pasta y ofrecen una de las imágenes más sorprendentes del país.
BURKINA FASO
Es lo más diferente a un destino turístico convencional. Aquí no hay nada que ver: no hay paisajes espectaculares ni monumentos de importancia ni restos de antiguas civilizaciones, y las reservas naturales empalidecen cuando se las compara con las del Africa Oriental y Meridional. ¿Qué atrae al viajero? Sencillamente, el espectáculo de la vida diaria en ciudades y aldeas, la mezcla fascinante de etnias y culturas. Africa en estado puro: un lugar que hace cambiar de ritmo. Allí no valen las prisas, por varios motivos. Primero, porque nadie la tiene y ese espíritu se contagia; segundo, porque las carreteras y los vehículos no lo permiten; y tercero, porque al no haber visitas obligadas desaparecen esos compromisos que impulsan al viajero a convertir sus vacaciones en un maratón. Claro que se pueden visitar lagos sagrados con cocodrilos y cascadas, pero mucho más interesante es acudir al Festival de Cine que se celebra cada dos años en Uagadugú, la capital, el más importante de todo el continente. O disfrutar de la música que corre por las venas de Bobo Dioulasso, la segunda ciudad burkinabé. Más allá queda un país que marca la transición entre el norte casi desértico y el sur casi verde. Su nombre significa Tierra de los hombres honrados, y éstos son los senufo, los peul, los mossi, los bobo, los lobi, los gurunsi y otras etnias (algunas musulmanas, otras cristianas, las más, animistas) que ofrecen al visitante sus modos de vida tradicionales en mercados y aldeas. Los viajeros que quieren hacer algo acuden a Banfora, desde donde emprenden excursiones por esta zona escarpada en la que abundan las formaciones rocosas peculiares, las cascadas y los lagos con hipopótamos.
Importante
La mayoría de los países africanos exige visa y hay que solicitarla ante sus embajadas con suficiente anterioridad. Es necesario informarse de las vacunas obligatorias y aconsejables así como de la profilaxis contra la malaria para viajar a cada lugar de Africa al menos con un mes de antelación al viaje.
(*) Periodista, escritor y fotógrafo especializado en alpinismo y biología, autor de libros sobre medio ambiente, conducta animal y viajes. Especial del diario «El Mundo» de España.
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