El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Comer doce uvas con cada campanada a las doce de la noche para que se cumplan los deseos; tirar un jarro con agua por la ventana; tomar una valija y dar una vuelta por la calle para garantizar un viaje para el próximo año; vestirse de blanco por ser símbolo de la pureza, y hasta ponerse una ropa íntima de color rojo para llamar al amor o una amarilla para atraer el dinero. Son miles las creencias, tradiciones y costumbres que salen a la luz la noche del 31 de diciembre. Muchas en algunos de los festejos más distintivos que hay en el mundo. Esos que llegan a reunir hasta dos millones de personas. Es una celebración en la que muchos se proponen recomenzar, cambiar, iniciar nuevas empresas, sólo porque así lo propone el calendario -cuando, en realidad, todos los días se presenta la oportunidad de hacerlo-, y cada cual saca de y cada cual saca de sí sus mayores expectativas.
EN LAS URBES
Los babilonios fueron los primeros en convertir el Año Nuevo en un ciclo festivo que duraba once días, en el que se celebraba el comienzo de la primavera. Los egipcios lo festejaban con la crecida del río Nilo y la preparación de las tierras para la siembra, mientras los romanos lo festejaban también en la primavera. Fue Julio César quien cambió la fecha al 1 de enero para honrar al dios Jano, es decir Enero, que es aquel que tiene en su cabeza dos rostros contrapuestos, uno que mira hacia el futuro y otro hacia el pasado. El 1 de enero como comienzo del año fue confirmado por el papa Gregorio XIII, de donde surgió el calendario gregoriano, que se utiliza hasta nuestros días. Pero no todos los países y religiones celebran el 31 de diciembre el ingreso del Año Nuevo. Para los que sí ya hay una tradición impuesta es la de que Sydney abra los festejos mundiales con un espectacular show con más de 80 mil fuegos artificiales al que acude más de un millón y medio de asistentes. Esta quema, que se realiza en el puerto, es considerada la mayor del mundo. Por nuestro huso horario, los australianos comienzan el año doce horas antes que en Sudamérica, cuando -locura del reloj mediante- en estas latitudes aún nos estamos preparando. Hay que tener en cuenta que en Australia, como en muchos otros países, la pirotecnia sólo puede ser utilizada por expertos; por lo tanto, el show es la oportunidad de estar cerca de la luz y el color que propone la llegada del Año Nuevo. Las Fiestas de Fin de Año son también uno de los mayores eventos anuales de Nueva York. Y también de los más conocidos, aun cuando uno nunca haya decidido cambiar el verano porteño por unos copos de nieve. Es que la escena de una gran bola cayendo en Times Square, hecho que se sucede año tras año desde 1906, y en la que miles de personas se abrazan ante la enorme alegría de recibir un nuevo año, ha sido repetida hasta el hartazgo en filmes y series televisivas. Los neoyorquinos crecieron viendo un programa anual llamado New Year's Rocking Eve de Dick Clark. Esta gran fiesta pública, que comienza alrededor de las 18, de la que participan bandas de música y artistas varios, se transmite en vivo a todo el mundo. Pero la celebración no termina a las 12. Luego continúa en cientos de boliches que todos los años se ofrecen desde el sitio
EL FAMOSO REVEILLON En Sudamérica, hay un lugar que reúne a más de dos millones de personas que, vestidas de blanco -símbolo de la pureza- saltan olas para cerrar el año, buscando la «limpieza espiritual», y se dedican a arrojar ofrendas al mar. Ese lugar de cita multitudinaria es la playa de Copacabana, en Rio de Janeiro (foto tapa), donde la diosa del mar, Lemanjá, es venerada con regalos, desde flores hasta rouge, en una gran celebración popular. Este festejo, que en realidad comenzó como una fiesta religiosa a la que sólo acudían algunos cariocas, inició su mutación a mediados de la década del 80. Muchos barcos particulares participan del festejo desde el mar, donde pueden ver, además, los casi 20 minutos que dura el espectáculo de fuegos artificiales. El Réveillon es la segunda fecha en importancia en el calendario turístico carioca, después del Carnaval, adonde acuden cientos de extranjeros -razón por la que los precios suben en forma casi escandalosa-. Este año está previsto que, bajo el lema «Una ventana de Rio hacia Brasil y el mundo», se homenajeen los principales hechos que marcaron este año a la «cidade maravilhosa », como los Juegos Panamericanos y la elección del Cristo Redentor como una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo. Este año también la quema de fuegos se hará desde ocho balsas en 3D, para que la visualización sea perfecta desde toda la playa. TIRANDO LA CASA POR LA VENTANA
Hay festejos mundialmente conocidos y otros que caracterizan a cada país. En Europa, la última noche del año los italianos preparan la cena de San Silvestro, y a las 12 todos salen a los balcones para despedir simbólicamente el año que se va. En lugares como Nápoles, Sicilia y Calabria se sigue manteniendo la costumbre milenaria de arrojar algunos muebles por la ventana. Previamente se establece un horario para evitar que los peatones sepan a qué hora salir de sus casas sin ser alcanzados por un sillón o un cuadro. Se lo considera uno de los países europeos en los que mayor cantidad de fuegos artificiales se arroja, tradición heredada de Marco Polo, quien trajo la pólvora de China. En Escocia se busca un barril de madera, se lo enciende y se lo hace rodar por las calles para abrirle paso al Año Nuevo. También existe la creencia de que la primera persona que ingrese después de la cero hora a una casa determinará el curso de los días futuros. Una persona pálida traerá mala suerte, mientras se sostiene que un moreno es símbolo de buenos augurios. Los dinamarqueses acostumbran a tirar platos viejos en las puertas de las casas de sus amigos y familiares. Cuanta mayor cantidad de vajilla se encuentre en la puerta, mayor será la buena suerte que tendrá en el año venidero. Volviendo a Sudamérica, en Venezuela las familias se reúnen en sus hogares y preparan la «hallaca», una especie de humita que se regala a los amigos para refirmar la amistad. Entonces, siguiendo los rituales, hay que sentarse y volverse a parar con cada una de las doce campanadas para llamar al matrimonio; poner un anillo de oro en la copa de champagne para asegurarse de que no falte el dinero; comer una cucharada de lentejas cocidas en los primeros minutos del año para tener prosperidad; luego lavarse las manos con champagne y azúcar para tener dinero; quemar un muñeco con ropa vieja y una carta con las cosas malas que pasaron este año; prender velas blancas, rojas y verdes hasta que se consuman por completo, que representan la salud, la armonía y la prosperidad; barrer de adentro para afuera para quitar la mala suerte... para hacer todo eso una sola noche al año no es suficiente. Así que sólo resta elegir una ciudad y una costumbre.
LOS QUE NO FESTEJAN
Si bien el 31 de diciembre es el día en que termina el calendario con el que se «mueve» el mundo, no todos festejan ese día el comienzo de otro año.
En China se utiliza un calendario lunar que no puede ser convertido al calendario gregoriano; por lo tanto, puede ocurrir entre el 21 de enero y el 21 de febrero. También en esa fecha se celebra el Año Nuevo Vietnamita.
En Perú, en junio se festeja el Inti Raymi o la Fiesta del Sol, la más importante de los Incas.
El Año Nuevo Judío es generalmente en setiembre.
En Irán, se festeja el 21 de marzo.
En Tailandia, Camboya, Birmania y Bengala, es entre el 13 y el 15 de abril.
Los mapuches celebran su We Tripantu el 24 de junio.
El Año Nuevo Islámico se festeja entre fines de enero e inicios de febrero.
El Año Nuevo Hindú se conmemora a mediados de noviembre.
Dejá tu comentario