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21 de octubre 2025 - 08:36

Grado inversor firme y desafíos fiscales, ¿cuál es el margen de Uruguay para mejorar su nota crediticia?

La estabilidad y la baja de la inflación asoman como activos, mientras la trayectoria de las cuentas públicas, la deuda y el crecimiento, son cuestiones a mejorar, coinciden los analistas.

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La calificación crediticia de Uruguay luce firme, aunque no será sencillo alcanzar una nueva mejora. 
Foto: Vecteezy

Uruguay continúa con la mejor calificación crediticia en su historia, con las principales agencias sugiriendo una perspectiva estable para su deuda y una nota que oscila entre “BBB” y “Baa1” de acuerdo a la calificadora, y con una serie de riesgos y oportunidades que parecen no comprometer el grado inversor, pero sí vuelven compleja la suba de un escalón hacia la “A”.

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La baja sostenida de la inflación, la fortaleza institucional y la previsibilidad más allá de los cambios de gobierno aparecen como activos para el país, mientras que la trayectoria del déficit fiscal, la carga de la deuda y un nivel de crecimiento a tasas más elevadas asoman como los principales aspectos a mejorar.

Estabilidad y buen acceso a mercados, dos diferenciales de Uruguay

La directora asociada de S&P Global, Carolina Caballero, destacó en diálogo con Ámbito que la calificación “viene recorriendo un camino positivo a lo largo de las últimas dos décadas, con mejoras graduales que lo llevaron a este nivel”, al que definió como “bastante elevado en Sudamérica, ubicándose solo por detrás de Chile (A) y comparándose con pares como Italia”.

Caballero valoró que existen “necesidades de financiamiento externo relativamente moderadas” y nombró como fortaleza “ir construyendo un buen acceso a mercados”. A la par, consideró que el país cuenta con “una economía muy estable y con reglas de juego claras”, algo que consideró “un activo clave en medio de tanta volatilidad y fluidez en el mundo”.

Como ejemplo, mencionó que “en la última campaña presidencial, la discusión estuvo más en el detalle, no en cambiar todo el modelo” y llamó a usar esa previsibilidad como un factor “para generar un mercado activo y promover inversión, que se ha ido ralentizando después de que terminaron las obras clave”.

En la misma línea, la analista senior del Grupo de Riesgo Soberano de Moody’s Ratings, Elisa Parisi-Capone, puso de relieve conceptos como “la sólida fortaleza institucional, la gobernanza robusta y las políticas macroeconómicas prudentes”.

En diálogo con Ámbito, sumó otros factores de mejora como “el cumplimiento continuo de las reglas fiscales, una agenda favorable a la inversión y la diversificación económica”, al considerar que “podrían conducir a una mejora de la calificación si resultan en un crecimiento sostenido más alto y una reducción de la carga de la deuda”.

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La inflación mantiene una baja sostenida y las expectativas convergen hacia la meta del Banco Central del Uruguay.

La oportunidad que abre la baja de la inflación

Con respecto a la inflación, Caballero observó que “es una novedad y es algo positivo seguir en ese sendero”, mientras contrapuso que “el nivel de crédito es relativamente bajo”, por lo que llamó a “hacer crecer el sistema financiero local y que sea un dinamizador de la economía”.

A la par, Parisi-Capone reconoció el descenso sostenido del IPC, con más de dos años por debajo del rango de tolerancia del Banco Central del Uruguay (BCU). “Ha mejorado su credibilidad y respalda la efectividad de la política monetaria, factores clave para el fortalecimiento institucional”, expresó y agregó que “las expectativas ancladas son positivas para la estabilidad macroeconómica y la competitividad”. Aunque advirtió que “una inflación más baja puede dificultar la consolidación fiscal al reducir la elasticidad nominal de los ingresos tributarios”.

A su turno, el analista de estrategia de inversión y asesor financiero de Balanz, Martín Glass, coincidió en que “el proceso de desinflación es un pilar importante para la estabilidad macroeconómica” y apuntó: “Al haber logrado que esté en el objetivo y las expectativas de algún modo converjan, refuerza la credibilidad del BCU y funciona como ancla de la política monetaria”.

“Es como un escenario que brinda una oportunidad para que las agencias calificadoras sigan reconociendo la solidez del marco institucional y una cierta consistencia en las políticas macroeconómicas”, observó Glass en diálogo con Ámbito.

Para la Sales Trader de Nobilis, Elina Sosa, “estos movimientos, vinculados a la desaceleración de la economía y el manejo de la política monetaria, hacen esperar un panorama estable con algunos riesgos a la baja en el panorama fiscal”.

La vulnerabilidad del déficit fiscal y la deuda

Al poner el foco en las vulnerabilidades de la nota crediticia, los expertos coincidieron en cuestiones como el déficit fiscal y la deuda. Parisi-Capone afirmó al respecto que “los principales riesgos incluyen rigideces estructurales en el gasto público, una proporción relativamente alta de deuda en moneda extranjera y niveles de inversión aún bajos, sin grandes proyectos en agenda para los próximos años”.

En ese sentido, planteó que “un deterioro en los marcos de política fiscal y monetaria o un retorno a tasas de crecimiento persistentemente bajas podrían ejercer presión a la baja sobre la calificación”, sobre todo teniendo en cuenta la previsión de un deterioro en las cuentas públicas de hasta el 4,1% del PIB.

“Esto llevaría a niveles de deuda más altos en el corto plazo. Si la consolidación fiscal se estanca o el crecimiento se mantiene débil, esto podría socavar los esfuerzos por estabilizar la carga de la deuda”, advirtió la referente de Moody’s, aunque valoró que esta situación “se ve atenuada por el historial de gestión fiscal de Uruguay y sus colchones de liquidez”.

Por su parte, Caballero manifestó que “partiendo de donde estamos parados (BBB+), la parte fiscal es hoy una vulnerabilidad clave” y analizó: “Tenemos una evaluación bastante débil, con un nivel de deuda relativamente alto y un nivel de déficit elevado”.

Si bien calificó como “positiva” la implementación de la institucionalidad fiscal, admitió que a su vez “mostró que es difícil consolidar por un consenso de que muchos gastos sociales y de pensiones se tienen que mantener, pero eso tiene un costo”.

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Las proyecciones de crecimiento asoman como un desafío a cumplir.

Riesgos asociados al crecimiento

Desde Nobilis, Sosa aseguró que un factor que pesa es el de “la deuda pública elevada y con alto grado de dolarización”, mientras apuntó que se espera “una desaceleración de la actividad económica para los próximos años”, al hacerse eco de “un entorno global de tensiones comerciales y geopolíticas y un panorama local con pocas perspectivas de grandes proyectos de infraestructura que impulsen la economía”.

A su entender, esto “podría afectar la recaudación tributaria por un menor dinamismo económico”, tras lo cual llamó a “observar cómo impactan las nuevas medidas impositivas que el gobierno analiza para compensar esa posible caída de ingresos sin afectar el nivel de actividad”.

Desde Balanz, Glass coincidió en el diagnóstico sobre el frente fiscal y de actividad, aunque consideró que “tienen que ser analizados en perspectiva, ya que Uruguay parte de una posición de fortaleza institucional, con un historial positivo en cumplimiento de compromisos y acceso fluido a los mercados internacionales incluso en los contextos más adversos, sea en el plano local o ante shocks externos”. Al respecto, valoró que “la estructura de la deuda, con una parte importante en moneda local, a plazos largos y tasas fijas, son factores que ayudan a mitigar los riesgos y la vulnerabilidad frente al contexto externo”.

Por su parte, Caballero consideró que “hay que ver qué tan exitosas son las mejoras en la autoridad recaudatoria” y sostuvo que “el riesgo está en, si no se cumple la meta de recaudación o el crecimiento es más bajo, dónde está el espacio para hacer medidas compensatorias”.

Matices sobre los cambios en la regla fiscal

Los cambios en la regla fiscal que proyecta el gobierno en el Presupuesto son otro factor que destacaron los especialistas. Caballero consideró que “son interesantes y se venían discutiendo”, y valoró “la continuidad e incorporar el nivel de deuda prudente”. Si bien sostuvo que “las metas de deuda son un poquito más elevadas de lo que teníamos en nuestras proyecciones”, resaltó que “el sendero es de consolidación, en una señal muy buena”.

Para Glass, pese a los cambios, la regla “sigue siendo una herramienta clave para asegurar previsibilidad y transparencia y su cumplimiento es seguido muy de cerca por los mercados local e internacional”.

Sosa, en tanto, matizó que estas variaciones “pueden ser vistas por el sector empresarial como una relajación de los tres pilares anteriormente establecidos, lo cual podría llevar a esperar un deterioro de las cuentas fiscales y del clima empresarial, dando lugar a un mayor gasto público al deseado para mantener un balance”. De todos modos, aclaró que esto se vería atenuado por “la fuerte institucionalidad, estabilidad y credibilidad de Uruguay en los mercados financieros”.

Con un grado inversor que parece garantizado, ¿cuál es el margen de mejora?

Ante una tendencia estable de la calificación y con notas que están dos escalones por encima del nivel necesario para el grado inversor, los especialistas consideran que los riesgos al alza y a la baja “están equilibrados”.

Para avanzar en la materia, Sosa consideró que “debe haber un cambio notorio en las cuentas fiscales que denoten, por ejemplo, una mayor recaudación por impulso de crecimiento económico y no por aumento de la presión fiscal”, mientras habló además de la necesidad de buscar e impulsar proyectos de inversión que dinamicen la economía local y atenúen la dependencia de los precios internacionales, sobre todo de las materias primas”. Principalmente, teniendo en cuenta que “las condiciones globales no parecen favorecer a Uruguay en los próximos años”.

Al mismo tiempo, instó a “continuar con los esfuerzos de desdolarización de la deuda pública, mostrando a los inversores los beneficios de invertir en moneda local frente al dólar”.

Caballero, en tanto, puso el foco en las cuentas públicas. “Para subir de escalón a nota A, se exige más. Sería necesario cumplir las metas fiscales e incluso más rápido para estabilizar la deuda en un nivel más bajo, además de hablar de niveles de déficit más bajos”, observó. También llamó a “seguir avanzando en la estrategia que viene llevando la administración de deuda, que ha sido desdolarizar la deuda”, mientras resaltó que “ahora se busca desindexar, lo que es un paso más para que, junto con la baja de la inflación, el crecimiento de la deuda sea cada vez más lento”.

Según Parisi-Capone, los factores para mejorar la nota soberana deben estar impulsados por “la implementación de reformas o medidas fiscales que favorezcan una menor carga de intereses y deuda”, así como “una mejora estructural en el desempeño del crecimiento respaldada por una mayor inversión privada y diversificación económica, que resulte en una mayor resiliencia”.

Finalmente, Glass apuntó a “que pueda percibirse de manera más clara y sostenible la consolidación fiscal” y, a mediano plazo, planteó que deben tomarse “medidas que impulsen la productividad, la inversión y la diversificación exportadora, a fin de reforzar las perspectivas de crecimiento potencial o reducir la dependencia de factores externos”.

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