Un día en la casona de Palermo donde se visten presidentes y líderes mundiales

Ambito BIZ

Nicolás Márquez, CEO y fundador de La Restinga, recibió a Ámbito para vivir una experiencia 360º en una vivienda de 1930 donde todo sucede puertas adentro.

Es sábado, mediodía, el epílogo de junio. El barrio porteño de Palermo transita una jornada típica de fin de semana. Hace frío. La cita pautada es a las 12. El lugar, una casona colonial de 1930. El primer impacto es amor a primera vista: una imponente puerta doble hoja de madera y dos balcones franceses anuncian lo que está por venir. En La Restinga, todo sucede puertas adentro.

El traspaso al interior de la vivienda es una experiencia top impregnada de aromas, colores y sabores. En el primer piso, la barra exhibe una selección de whiskies añejos de distintas partes del globo. Se sirven con hielos cuadrados de 4x4 con logo impreso. En este caso, la elección es una copa de vino de una reconocida bodega de la región de Cuyo. Para disfrutarla, la comodidad de uno de los sillones Chesterfield de cuero camel que decoran el ambiente, rústico, junto a una mesa de durmientes. Una variedad infinita de té y café importados y una colección de chocolates belgas completan las opciones del menú.

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En el primer piso, la barra exhibe una selección de whiskies añejos de distintas partes del globo. Se sirven con hielos cuadrados de 4x4 con logo impreso.

En el primer piso, la barra exhibe una selección de whiskies añejos de distintas partes del globo. Se sirven con hielos cuadrados de 4x4 con logo impreso.

Experiencia 360º

La relación de los consumidores con las marcas cambió. Hoy el principal objetivo es lograr que la experiencia se transforme en un factor fundamental de decisión de compra y a la vez refuerce el sentido de pertenencia del cliente con la compañía. La Restinga refuerza esa idea y con creces. “Cuando yo daba charlas en la Universidad, les hablaba a los alumnos del “efecto Wow”. La Restinga es la sumatoria de varios Wow y va mucho más allá del producto que ofrecemos”, explica Nicolás Márquez, CEO y fundador de esta marca de lujo que viste a diario a empresarios, funcionarios y líderes de la Argentina y del mundo.

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"La Restinga es la sumatoria de varios Wow y va mucho más allá del producto que ofrecemos”, explica Nicolás Márquez, CEO y fundador de la marca de lujo.

Para poder ofrecer una buena experiencia al cliente, es fundamental lograr un buen engagement del empleado. “Me llevó mucho tiempo armar un buen equipo. Hoy es parte del éxito del negocio. Yo venía del mundo corporativo, llegué a tener 14 empleados a cargo. Salté al mundo emprendedor y me di cuenta que estaba muy acelerado y tenía que cambiar el chip. Hoy tengo el orgullo de ser parte de un equipazo, todos disfrutamos lo que hacemos. Yo soy uno más, los escucho, los acompaño, estoy pendiente de que ganen bien, de darles buenos beneficios”, describe Nicolás. “Siempre digo lo mismo: pasamos más horas en nuestro lugar de trabajo que en nuestras casas, pasamos más tiempo entre nosotros que con nuestros amigos, o con nuestra familia”, reflexiona.

Las escaleras conducen al segundo piso (también es posible subir en ascensor). En el trayecto se aprecia uno de los rincones más preciosos del lugar. Úrsula, la concierge, ofrece una selección de habanos importados a dos mujeres que conversan en un patio interno, al calor de un mechero que combate los 8 grados de sensación térmica. Todo esto sucede debajo de una tupida parra de uvas chinche que perfuman el ambiente.

De fondo suena “Kind of Blue” de Miles Davis. Se acercan Marcelo y Luciana, los asesores de moda. La conversación al principio gira en torno a la historia de la casona y el recorrido emprendedor de la marca en el país. Luego, ensayan un storytelling de cada producto.

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Úrsula es la concierge; Marcelo y Luciana los asesores de moda.

Úrsula es la concierge; Marcelo y Luciana los asesores de moda. "Tengo el orgullo de ser parte de un equipazo, todos disfrutamos lo que hacemos. Yo soy uno más, los escucho, los acompaño, estoy pendiente de que ganen bien, de darles buenos beneficios”, describe Nicolás.

Un viaje de ida

El ingreso al salón de sastrería es un viaje de ida. Más de 3 mil metros de telas de todas partes del planeta perfectamente dobladas. Infinitas fantasías, distintos colores. Más de cien ambos colgados, todos amalgamados. Un mueble exhibe distintos cuellos. Los probadores merecen un párrafo aparte. Son 200 metros de plush de 5 metros de alto, con una impronta neoyorquina.

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Nicolás es amable, empático. Habla pausado. Ama lo que hace y lo hace notar. Nació en Necochea y vivió allá hasta los 17 años. Desembarcó en la ciudad de Buenos Aires en el 2000. “Era muy difícil para una familia del interior mandar a su hijo a estudiar en plena crisis”, reconoce. Estudió la Licenciatura en Relaciones de Trabajo en la UBA, se recibió a los 21 años, hizo un posgrado en el CEMA y entre los 26 y los 28 años cursó una maestría de agronegocios en la Universidad de San Andrés.

Periodista: ¿Qué rol tenías en el mundo del agro?

Nicolás Márquez: Hice de todo. Los primeros dos años estuve en la parte administrativa y fui rotando. Luego me pasaron a la mesa comercial, y ahí estuve como fast trader de granos, llegué a tener un departamento de grandes clientes a cargo, fui director. Pero me agoté del mundo corporativo, me aburrió, me cansó, y salté al mundo emprendedor.

P.: ¿Por qué decidiste emprender?

N.M.: Viajé por muchos países por el agro. Descubrí un mundo mejor. Conocí de vinos, de whiskies, de habanos, de ropa, de autos, de motos, de helicópteros. Recuerdo que cada vez que llegaba a la Argentina fantaseaba con traer al país un concepto de lujo. Ese producto que el mercado se desespera por tratar de adquirirlo, de tenerlo. Algo aspiracional. A mí me gustaba hacerme el traje o la camisa a medida en Europa, mi suéter casimir en Praga, o mi gorrito en Paul Smith. Quería armar ese concepto acá. Y lo logré, confeccionando 100% en Argentina. Así hice flamear la bandera de industria nacional. Eso generó un concepto de marca. Nos propusimos ser la única marca de lujo nacional y lo logramos, con las mejores telas que existían en el mercado internacional, algunas con más de cien años de historia. Ahí armo un dream team, me junto con las mejores fábricas que hay en Argentina y empiezo a confeccionar un producto único en calidad, en diseño y en detalles. Por ejemplo, trajimos un algodón que se llama Sea Island Cotton, que es el mejor algodón del planeta, que nace en algunas islas del Caribe como Jamaica y después se manda a los mejores telares de Italia. Un producto que en el mundo es denominado como algodón papal. A eso le poníamos botones de nácar, que vale lo mismo que 80 o 90 botones de plástico. También hacíamos cuellos termofusionados, con una entretela italiana llena de detalles de altísima calidad. Y lo más interesante, con costos híper competitivos.

P.: ¿Cómo nació el concepto de ofrecer una experiencia 360º?

N.M.: Nos unimos con 14 marcas de lujo, para que sean partner nuestros en la experiencia de compras. Algunas de ellos son Nespresso, Pernod Ricard, Luigi Bosca, etc… Hoy tenemos desde champagne Don Perignon, hasta chocolates suizos, belgas, habanos de las mejores partes del mundo, té de Inés Berton y todo lo que se te ocurra para que el cliente venga y disfrute.

P.: ¿Cuánto tiempo dura la experiencia dentro de la casona?

N.M.: Depende mucho del cliente, nosotros le damos todo el espacio que quiere en términos de generales. Los clientes llegan solos, con su pareja, su secretaria, su wedding planner, con un amigo. La casona fue un atelier de arte. En su momento fue tapa de las mejores revistas de decoración, tiene muchos detalles europeos. Es una casa que por fuera no dice mucho pero por dentro enamora.

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P.: ¿Cuál es el mayor diferencial de la marca?

N.M.: La experiencia completa. Pero puedo mencionarte algunos. Por ejemplo, a diferencia cualquier otra marca, nosotros nunca quisimos tener vendedores, sino asesores de moda, expertos en moda, expertos en sastrería. Que la atención sea totalmente diferenciada. Nosotros tratamos de enseñarle a nuestro cliente a crear su prenda. En la parte de abajo en el primer piso, está todo nuestra colección más casual, o más informal, con la colección de camperas de cuero. Es cuero de oveja traídos de Italia, con herrajes ingleses y forrería de la India. Es la mejor campera de cuero que existe en el mundo. También tenemos cortes de cuero para que vos te puedas diseñar tu campera a medida. Lo mismo con los sacos, las camisas. Tenemos suéter de cashimires, de pelo de angora, de guanaco patagónico certificado, de alpaca. Hacemos un producto muy único. Los zapatos son todos de cueros de oveja, cocidos a mano, muy artesanales, forrado con becerro adentro. Cada producto tiene su story telling, hay un trabajo muy artesanal. Hay toda una tradición italiana detrás de cada producto. Y en el segundo piso está toda nuestra sastrería. Contamos hoy con más de 3500 metros de las mejores telas del mundo. Más allá de eso, tenemos una colección ya confeccionada de 200 trajes y más de 100 smoking a disposición para terminar a medida.

P.: No te gusta definir a tu negocio como una sastrería

N.M.: No. La Restinga es mucho más que una marca de ropa. Es un concepto único en Argentina. Nosotros creamos un concepto de familia, un club de caballeros que hoy se transformó también en un espacio para la mujer. Y haber pensado en sastrería para la mujer fue un éxito absoluto.

P.: ¿Seguís mirando tendencias en el exterior para replicar en La Restinga?

N.M.: Siempre. Acabo de volver de Italia dónde compramos toda nuestra colección de linos italianos. El lino va a ser furor durante los próximos dos años. Compramos más de 30 colores de telas. Más allá de esto, todo el tiempo viajo para ver tendencias y traer lo mejor que existe en el mundo para realizarlo acá.

P.: ¿El consumidor argentino, acepta bien los conceptos que traés de afuera?

N.M.: Nosotros, a diferencia de cualquier otra marca, charlamos mucho con nuestros clientes. Cuando viajo afuera me acuerdo de lo que cada uno quiere que traigamos. Es decir, vamos armando una colección entre todos.

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P.: ¿Quiénes se visten en La Restinga?

N.M.: Nos tocó vestir a muchos presidentes, he tenido el lujo y la oportunidad de vestir a diplomáticos, empresarios, líderes del mundo. No solamente vendemos adentro de la casona. Tenemos convenio con los hoteles 5 estrellas de la Argentina. Vamos con un servicio de concierge, llevamos la colección y si hay que terminar algo a medida se lo hacemos para el otro día.

P.: ¿Estás explorando nuevos mercados u otros conceptos de negocios?

N.M.: Tenemos un concepto de membresías en un NFT listo para salir al mercado. Se demoró un poco, pero antes de fin de año vamos a sacar nuestras primeras 100 membresías. La idea es recaudar fondos para comprar un local propio en el Metaverso y así poder estar al lado de las mejores marcas del mundo en un ámbito digital. También estamos cerrando una propuesta para abrir un local en el México, en el DF, y más adelante en Nueva York. Ambas van a ser con confección argentina.

P.: ¿Cómo ves el mercado de lujo en la Argentina?

N.M.: Lo veo cada vez más difícil. Pero a las pocas marcas de lujo que hay en la Argentina les va bien, aunque están desabastecidas de productos por las trabas a la importación. Y si bien todavía sigue siendo un beneficio importar a un dólar oficial y, todo el tiempo estás corriendo riesgos.

P.: ¿Por ejemplo?

N.M.: Que el dólar se corra, todas las trabas y las imposiciones económicas. Es muy difícil poder explicarle a los representes de las marcas en el mundo, la cantidad de impuestos y de trabas que hay en Argentina. No lo entienden. La única forma de traer lujo a Argentina es como hacemos nosotros, que es traer la materia prima y confeccionar acá. Traer un producto terminado es cada vez más difícil.

P.: ¿Qué le recomendarías a un argentino que quiere emprender en este contexto?

N.M.: Siempre fomento emprender. Lo cual, como todo, tiene sus costos buenos y malos. Ser tu propio jefe, manejar tus tiempos, es bueno. Pero este es un país complejo.

Las reglas no están claras, todo el tiempo te cambian las condiciones. Pero no hay que emprender para hacerse millonario. Hay que emprender para levantarse cada día feliz haciendo lo que a uno le gusta. Vale la pena intentarlo.

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