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27 de diciembre 2014 - 16:15

Balance de 2014 y expectativas para 2015

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Por Miguel Braun, director ejecutivo de la Fundación Pensar

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En términos económicos, 2014 fue un mal año para Argentina. El nivel de actividad cerrará con una merma de entre 2,5% y 3%, la desocupación oficial, groseramente subestimada, trepó a 7,5%. La inflación subió un nuevo escalón, de 25% a 40%, se profundizó el atraso cambiario y siguió la sangría de reservas internacionales. La buena noticia para 2015 es que el escenario de una crisis no es probable; la mala es que se espera que siga la recesión con alta inflación y problemas en el mercado de trabajo.

Hay causas locales e internacionales para estos resultados. Desde afuera influyen especialmente la incertidumbre respecto del precio de las materias primas y el bajo dinamismo de la economía brasileña. Localmente la situación es más compleja, pero varias distorsiones acumuladas durante el segundo mandato de Cristina Fernández confluyen en un síntoma principal: la escasez de dólares. Ante la escasez de dólares, el objetivo del gobierno fue cuidar las reservas incluso tolerando una caída en el nivel de actividad. Con una recesión se descomprime la demanda de dólares en el canal comercial vía menores importaciones. Además, debido a la restricción monetaria, se pudo reducir la presión al dólar paralelo y bajar la brecha con el tipo de cambio oficial, pero al costo de una caída en el crédito y en el consumo (en términos reales). En definitiva, el gobierno tuvo la disyuntiva entre priorizar la estabilidad cambiaria y la contención de las reservas internacionales o el nivel de actividad. En 2013 se decidió por lo segundo: las reservas descendieron US$11.825 millones y la economía creció al 3%; en 2014 se inclinó por lo primero y las reservas descenderían cerca de US$3.000 y la economía caería entre 2,5% y 3%.

¿Qué deparará 2015? Antes que nada, aclaro que trabajamos bajo el supuesto de que el gobierno seguirá con más de lo mismo; esto es, que no revisará lo esencial del "modelo" y seguirá operando sobre los síntomas más que sobre las causas. En esa línea, durante el próximo año la disponibilidad de dólares seguirá siendo una variable clave. Por eso el escenario será distinto dependiendo de si hay o no un acuerdo con los holdouts.

En el caso de que haya un acuerdo (o que se consiga dólares por la vía del endeudamiento caro), el gobierno podría liberar parcialmente las restricciones a las importaciones; habría así una caída moderada de la actividad (-1%) y una inflación por debajo de la de 2014 (en el orden del28-30%) en la medida en que se busque mantener la estabilidad cambiaria. La pérdida de reservas también sería acotada (US$6.000 millones), llegando a fines del mandato en poco más de US$20.000 millones. En cambio, sin un acuerdo o sin un ingreso de dólares por otras vías vemos mas restricciones que llevarían a una caída más abrupta en la actividad (quizás de 3%); un mayor deslizamiento del tipo de cambio, una inflación algo por encima de la actual (45%) y una pérdida mayor de reservas (casi US$12.000 millones para terminar el mandato apenas por encima de los US$14.000 millones).

Independientemente del escenario, en lo fiscal suponemos que el gobierno intentará empujar la actividad incrementando el gasto público, lo que llevaría el déficit financiero a 6% del PBI. Lo que sí cambiaría en los escenarios es la forma de financiar ese déficit: más deuda externa en caso de un acuerdo o más deuda intra-sector público y emisión en caso de no encontrar dólares frescos.

Lejos de los años de las tasas chinas y de la preponderancia del crecimiento económico dentro del relato kirchnerista, 2014 cierra como un año claramente negativo en lo económico.En el año se deterioraron la mayoría de las variables: inflación, tipo de cambio real, empleo, reservas, nivel de actividad, etc. Es cierto que el mundo no ayuda como antes, pero las causas del deterioro actual son más domésticas que internacionales. La principal de ellas es la escasez de divisas, producto de un modelo económico insostenible. De hecho, Argentina es el único país de la región que perdió reservas en los últimos años, en parte debido a la bandera del desendeudamiento (izada, curiosamente, en momentos de tasas internacionales en mínimos históricos).

Para ensayar una recuperación en el nivel de actividad en un año electoral, el gobierno deberá bajar una de sus últimas banderas económicas. Pero debido a las distorsiones acumuladas (especialmente en el tipo de cambio) ni el endeudamiento asegura una recuperación; 2015 no será demasiado positivo, pero la magnitud de los problemas será bastante mayor de no conseguir dólares. Las buenas noticias son que no parece haber una crisis en el horizonte y que Argentina sigue teniendo oportunidades para generar un desarrollo sostenible que habilite oportunidades para todos cuando cambie el gobierno en diciembre de 2015.

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