Por Diego Coatz, economista jefe CEU-UIA. Vicepresidente SIDbaires.
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El gobierno ingresó a las últimas dos semanas hábiles del año con dos logros: 1. El país no vivió en 2014 ninguna situación de crisis de esas que quedan en la memoria colectiva por décadas y, 2. La tensión que se anticipaba para los últimos días de año parece contenida o disuadida. Eso no implica directamente que el 2015 vaya a ser necesariamente un año bueno para el oficialismo, pero tampoco que su ciclo esté indefectiblemente finalizado.
La ausencia de crisis "terminal", con la cuestión cambiaria al menos transitoriamente bajo control y recesión relativamente leve en la economía real, hace pensar que el país se encamina hacia una transición ordenada. ¿Esto quiere decir la situación económica de 2015 será fácil? No, pero tampoco debería caracterizarse por el dramatismo.
• Un empate técnico
El 2014 fue parecido al 2009. Cuando todos esperaban un knock-out, lo que hubo fue un empate técnico. La película del año cierra con cierta pax cambiaria. El blue, que llegó a tocar un máximo de $13 durante la devaluación de enero (con una brecha cambiaria del 80%), logró terminar el año en el mismo lugar, pero no sin haber sufrido altibajos. La amplitud del recorrido del billete generó un sube y baja que varió desde los casi $11 hacia fines de febrero a los $16 de octubre (salto cambiario que derivó en el cambio de autoridades del BCRA.
La tensión de enero había puesto en jaque a la economía y abrió una pelea que se desarrollaba en dos rings paralelos. El primero, el financiero: contener la pérdida de reservas, la brecha cambiaria y evitar como sea posible otra devaluación del dólar oficial. Con idas y vueltas se encontró la fórmula: subas de tasas, liquidación de activos, bonos link, renta financiera en dólares más elevada y, aunque más para la tribuna, algo de controles (que reprimen la demanda de dólares en el corto plazo).
Pero el éxito en el cuadrilátero financiero se logró a costa de una derrota clara en el otro ring: la actividad, el empleo y los salarios. La inflación se fue desacelerando del 4% de enero y febrero al 2% mensual pero a costa de congelar los salarios y jubilaciones (que crecieron entre 5 o 6 puntos por debajo de inflación promedio del año). Eso impactó de lleno en la actividad, que cerrará con una caída del 2% (un poco menor según los datos oficiales) y del 3,5% para la actividad industrial.
Lejos de la reindustrialización del periodo 2002-2011, donde Argentina mostraba los mejores niveles de crecimiento de la actividad industrial y el empleo formal, el 2014 muestra al país con recesión productiva, algo que sólo comparte con Brasil -retroalimentado la caída del mercado interno- y Venezuela.
Más y mejor política monetaria junto con la recesión terminaron siendo el camino para estabilizar las reservas. Más allá de controles a los productos importados y demoras en el giro de divisas, la única forma de corto plazo para reducir la compras de productos importados y generar más dólares comerciales es vía menor actividad. En noviembre, el valor de las importaciones cayó 19%, con una baja acumulada del 11%, que sería más cercana al 15% si se descuentan los trenes comprados a China.
• 2015, ¿relato o actividad?
Con las elecciones en el horizonte inmediato, otro año de recesión será complicado en materia de ingresos y empleo. La pregunta es cuántas divisas adicionales se pueden obtener para recuperar levemente los niveles de actividad.
Como era esperable en el marco de un fin de año con pax cambiaria consolidada, el gobierno anunció medidas que apuntan a suavizar el escenario de reservas en 2015. La recompra anticipada y voluntaria del Boden 2015 apunta a mostrar capacidad y voluntad de pago. Pero lo más importante era la posibilidad del ingreso de dólares a través del Bonar 24. La emisión estuvo muy por debajo de los resultados esperados (u$s 286 millones de u$s 3.000 emitidos), lo cual abrió un mar de dudas sobre la recuperación de la actividad para el próximo año.
Es decir, más allá de la pax cambiaria, no está claro que la economía pueda volver a crecer sin financiamiento o emisión de nueva deuda. Sin dólares no hay crecimiento. ¿Podrá el gobierno emitir nueva deuda sin arreglo con los holdouts? Puede que sí, si decide convalidar tasas superiores en dólares. Generar divisas adicionales aún sin complacer a Singer es posible, pero a costa de darle mayor premio al rentista y a contramano del relato.
Paradójicamente, a pesar del importante desendeudamiento de la Argentina en el último lustro, el año que viene estará condicionado por inconvenientes acumulados en el manejo y financiamiento de la deuda en dólares. Y más allá de la relevancia de obtener financiamiento externo, no cuesta mucho imaginar los riesgos implícitos de retomar un sendero de endeudamiento (2016 en adelante) sin una estrategia productiva subyacente que lo haga sustentable.
En un año electoral, más que nunca, política y economía son dos caras de la misma moneda (y, en nuestro caso, moneda extranjera).
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