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11 de marzo 2008 - 00:00

"Adosar precio a producción trae consecuencias nefastas"

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Tras el acuerdo firmado entre gobierno y frigoríficos, ganaderos advierten que se desalienta producción primaria. «El país perdió u$s 360 millones por no exportar”, aseguró Roulet.
Si tuviéramos que evaluar el nuevo acuerdo por los precios de la carne entre el gobierno nacional y los frigoríficos, lo podríamos dividir en dos capítulos: el primero, en el que se contemplan precios de referencia para trece cortes -mal llamados «populares»- al que podríamos calificar con un cinco, un «aprobado», porque si bien va en la dirección correcta -hace tres años que desde CRA estamos requiriendo esta solución-sigue insistiendo con muchos cortes, cuando no tendrían que ser más de seis.

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El otro, en el que adosa al precio de estos cortes el valor de la carne a la salida del frigorífico y que, indudablemente, merece un cero, una calificación que -en definitiva-hace que el acuerdo firmado sea totalmente «desaprobado».

El gobierno nacional insiste en la falsa hipótesis que «si la carne del novillo en pie es barata, va a ser barata la carne en el mostrador» o que «si la leche en el tambo se paga poco, va a ser ecónomica la leche en góndola» o que «si el trigo es barato, el pan lo va a ser», pero en los dos últimos años la realidad nos demostró todo lo contrario: «mientras al productor le pagan menos, al consumidor le cobran más».

La herramienta de adosar el precio a la producción trae consecuencias nefastas para el sector primario, ya que el gobierno se tiene que valer de los eslabones industrial y comercial de la cadena para contener los precios -los cuales se convierten en funcionales al Estado-transfiriéndoles ganancias desde los eslabones más débiles -producción primaria y consumidor-incentivando la concentración de riqueza y convirtiendo a la misma en Estado-dependiente, al establecer condiciones que saben de imposible cumplimiento, como -por ejemplo-firmar el acuerdo con valores de la media res veinte (20%) inferiores a los actuales.

Esta postura de «querer sacarse el lazo de encima» produce la segunda y más importante consecuencia, que es la de desalentar a la producción primaria. Sin lugar a dudas, la opción de «no querer tener problemas» de estos eslabones de la cadena en lo coyuntural, les va a traer problemas en el futuro -que ya es el presente-, porque no tienen en cuenta que un frigorífico sin carne es un montón de fierros, que una industria láctea sin leche es un monumento de acero inoxidable y un molino sin harina es una mole de cemento que, vacía, puede servir para organizar grandes bailes.

Hace dos años decía en la tribuna de una de nuestras sociedades rurales: «Si no reaccionamos a tiempo, los frigoríficos van a tener que matar conejos porque las vacas desaparecen». Hoy tenemos que seguir insistiendo en esto porque, con la firma del nuevo acuerdo, se profundizará esta realidad.

En un trabajo que presentamos hace quince días demostramos cómo, por desalentar la exportación, aceleramos el engorde de un millón de novillos prácticamente en doce meses, faenándolos el año pasado como novillitos -faenamos 1,2 millón más de estos animales en 2007 comparándolo con 2005- que hoy no están como novillos pesados. Si consideramos que un novillo de 500 kilos vivo produce 300 kilos de carne y que sólo se exportan 30, el resultado final es de 270 kilos de carne que quedan en el país para el consumo interno; a esto hay que sumarle que los 30 kilos que exportamos a un promedio de 12 u$s por kg -promedio de entre cortes Hilton y no Hilton-permiten ingresar al país u$s 360 por animal.

  • Pérdida

    Las políticas implementadas por el gobierno, acompañadas por parte de la cadena, hicieron que a ese novillo de 500 kilos lo sacáramos con 300 kg vivo, que nos dio 180 kilos de carne; si lo comparamos con los 270 kg que nos podría haber dejado este año al llevarlo a pesado, implica que el país perdió 90 kilos de carne por animal para el consumo interno, de manera que en 1 millón perdimos 90.000 toneladas de carne y dejará de percibir u$s 360 millones (u$s 360 por animal) por no poder vender su carne al exterior.

    Para cubrir el faltante de carne -aumentamos el consumo en 1 millón de toneladas en seis años-no sólo faenamos el millón de novillitos que pudieron ser novillos pesados, sino que echamos mano a las terneras y vaquillonas -futuras madres-. Pasamos de faenar 3 millones de terneras y vaquillonas en 2005 a prácticamente 4,5 millones en 2007.

    Si destetamos 7 millones de terneras y debemos reponer 4,6 millones de hembras anuales -20% de 23 millones de vientres-hipotéticamente nos quedan 2,4 millones para faenar, si comemos 4,5 millones. ¿Cómo vamos a reponer las madres de rechazo en el futuro?

    Dentro de dos años, cuando debamos hacerlo, con seguridad no vamos a tener cómo lograrlo.

    Siempre pongo como ejemplo el rodeo de 100 madres, en el que debemos reemplazar 20 por rechazo -porque no están preñadas, por enfermedad, por viejas, etc, etc.-, si esas 100 madres dan 70 terneros (70% de destete) de los cuales 35 son machos y 35 son hembras, podemos optar entre tres alternativas:la primera, como hizo Brasil: en vez de dejar 20 terneras para el reemplazo, debido a su correcta política ganadera de largo plazo dejó a las 35 como reposición, lo que hizo crecer su rodeo en 5% anual y duplicarlo en 20 años.

    La segunda, como hizo hasta hace unos años la Argentina, que dejaba a las 20 para reemplazar el rechazo de vientres, faenar las 15 restantes y mantener durante treinta años el mismo stock ganadero. O como hacemos desde hace 2 años, dejando 10 terneras y comiéndonos las 25 restantes, porque necesitamos carne e incentivamos su faena al desalentar el negocio ganadero con medidas de corto plazo.

    Ante este panorama, mis únicas preguntas son: ¿Quién se hará cargo por producir menos carne? ¿Quién se hará cargo de no poder reponer los vientres en el futuro?

    Si después que se le explicó que nos dirigíamos hacia un abismo, un funcionario del gobierno dijo: «Aunque nos quedemos sin carne, el último kilo quiero que se venda barato». ¿Significa que los argentinos tendremos que acostumbrarnos, de acá a unos años, a comer pizza a la parrilla?
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