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No caben dudas de que comparativamente con otros sectores de la economía más ligados al consumo doméstico el campo presenta condiciones relativamente mejores, pero ello no es motivo para creer que es un pozo de donde el Estado puede seguir sacando recursos. Solamente en «retenciones» a los productos granarios (granos, subproductos y aceites) el Estado les estaría sacando algo más de 1.700 millones de dólares anuales. Nos parece correcta toda política social que sea solidaria con aquellos sectores de la economía con mayores dificultades de subsistencia. Pero, a su vez, interpretamos que la mejor política «solidaria» es la que pueden llevar a cabo directamente los productores con sus demandas de bienes y servicios, alentando a todos aquellos sectores industriales y de apoyo que están fuertemente relacionados (con eslabonamientos hacia delante y atrás) con el sector agropecuario.
Por otra parte, hay que tener siempre en cuenta que al ser el sector agropecuario el que genera divisas en un orden superior a los 13.000 millones de dólares anuales, apoya indirectamente a los otros sectores aparentemente no ligados con él, que necesitan hacerse de esas divisas para la importación de bienes de equipo e insumos.
Dentro de la falsa impresión que generan los mejores precios en pesos de los productos agrícolas, hay una serie de medidas por las que algunos funcionarios del gobierno pretenden hacerse socios de aquella aparente riqueza del sector agropecuario. Mencionemos algunas:
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