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14 de diciembre 2005 - 00:00

Faltan nuevas políticas que incluyan al campo

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Todos debemos cambiar el estado de ánimo, debemos buscar la paz y, de la resignación, saltar a la ambición y al optimismo, sólo así podemos recrear nuevos objetivos de crecimiento y bienestar general.

Cuánta razón ha tenido
Cuando llegamos a la pubertad de nuestra historia empezamos con el jueguito pendular de saltar de izquierda a derecha; fue en ese momento cuando empezamos a dar prioridad a las emociones por pertenencia y a la toma de posiciones, allí empezamos a perder. Perdimos el rumbo y dejamos de ir hacia adelante. Entramos en crisis y no salimos más. Dicen que la palabra «crisis» viene del griego y quiere decir «elegir».

Ahora es el momento de elegir. Cada uno de nosotros debe tomar una brújula y apreciar que el norte está siempre está adelante, en el frente; a partir de allí podremos elegir el camino a seguir, aunque tengamos el viento en contra; lo importante es saber a dónde queremos llegar.

Sin embargo, no nos dimos cuenta de que, a mediados de los años 50, el mundo empezó a cambiar, fue cuando el número de empleados de saco y corbata superó en cantidad a los obreros de mameluco azul; cambio que se aceleró con la crisis del petróleo de principios de los, ahora nostálgicos, años '70. Sin embargo, no podemos perder el rumbo nuevamente, debemos entender que el norte marca la Organización Mundial de Comercio (OMC), el norte marca la demanda de alimentos de China, India y otros países del sudeste asiático que albergan a más de la mitad de la población mundial y lograron su norte hace más de 20 años. Hoy China dirige la batuta, así como Inglaterra fue nuestro mejor socio y consumidor hasta los años 30. ¿Quiénes invirtieron en los ferrocarriles, en la energía, en los subterráneos? Hoy más de 60% de las exportaciones chinas son realizadas por empresas de capital extranjero radicadas allí. La base del perfil industrial de la Argentina está en la industria de los alimentos, es nuestra naturaleza, no debemos sentirnos acomplejados porque tenemos ventajas en la producción y exportación de granos o carnes. Podemos duplicar la producción, pero el Estado debe sacar los pies de encima de la pampa húmeda y debe poner los huevos en la canasta de las economías regionales, que también tienen futuro, pero no con retenciones, kilos mínimos de faena, políticas improvisadas, desorientadas y desorientadoras.

Tanta confusión existe que hasta los ganaderos aceptan no subir el precio del ganado. Esto es lo mismo que, en un hospital, se obligue a los enfermos acordar un pacto para que la fiebre no les suba. No, señores ganaderos, no se confundan o no se dejen confundir; el problema no es de ustedes ni lo generaron ustedes.



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