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Miles de trabajadores algodoneros se encuentran condenados a la miseria en Chaco, y «las otras ocho provincias algodoneras sufren el empobrecimiento de miles de ciudadanos y el ocaso económico de su interior por el descuido del Estado nacional y la migración de los productores desde el algodón hacia la soja», resumió el dirigente.
«Tradicionalmente, el algodón empleaba a 150.000 braceros sólo en el Chaco; la mitad, atraída desde otras provincias e incluso desde Paraguay. Hoy aquellos zafreros no vienen más y, encima, una cantidad similar de chaqueños debió emigrar hacia las villas miserias de las grandes ciudades», explicó Orsolini.
El directivo de la FAA reconoció que, pese a «la incorporación de tecnología de los últimos años, el algodón se sigue desmalezando y recogiendo a mano en 20%».
«Además, cada camión contratado para trasladar la cosecha necesita de 6 o 7 personas que vayan pisando la carga, y ni hablar de las desmotadoras que separan la fibra de la semilla, que involucran a entre 20 y 30 obreros cada una», describió Orsolini.
El avance de la soja provocó un gravísimo impacto social y la eliminación de la principal fuente de trabajo de la región porque el algodón es un cultivo diferente, de gran efecto multiplicador en lo que involucra a la mano de obra y es la movilidad económica del interior. La soja, no.
A mediados de la década de los años noventa, en el país se producían cerca de 15 millones de toneladas de soja por año y en el ciclo 2002/2003 se podrían producir 35 millones de toneladas.
En Chaco, solamente en la campaña 2002/'03, la superficie cultivada alcanzó a 1.324 millones de hectáreas, mientras que el algodón pasó de 700.000 hectáreas a sólo 70.000.
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