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7 de agosto 2007 - 00:00

"Para el campo, el gasoil pasó a ser un bien de lujo"

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Todos los que desarrollamos nuestra actividad en el sector agropecuario y, más específicamente en el ganadero, estamos expuestos a un sinnúmero de contratiempos. Estos comienzan cuando arrancamos a la mañana, donde nos levantamos intranquilos y presurosos para ver si no hemos sido víctimas de algún ilícito. Es por todos conocido que la inseguridad avanza a un grado sorprendente, a tal punto que la actitud patoteril se ha convertido en un clásico pareciéndose a una verdadera dictadura. Todo un despropósito en un estado democrático, pero lejos del espíritu republicano pues, lamentablemente, se avasallan las instituciones.

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Volviendo a los ilícitos, cuando se los denuncia tienen un común denominador: su no esclarecimiento, de allí nuestra preocupación y de toda nuestra gente.

Siguiendo con nuestra actividad, otra odisea diaria es la falta de combustible, que nos impide trasladarnos sin llevar reservas, pues más que cargar combustible parece una peregrinación para conseguirlo, pasando y recorriendo un sinnúmero de estaciones de servicio.

Repárese en que esto es sólo para movernos, mucho peor resulta el trabajo a diario en el campo, donde el gasoil pasó a ser un bien de lujo, y pensar que lo queremos para poner en marcha la maquinaria que queda para suplementar lo poco o nada de reservas forrajeras.

Es sabido por todos que se hicieron mucho menos, por la incertidumbre que permanentemente rodea a nuestro sector, por la incoherencia de las medidas tomadas.

Esto llevó a que un rollo de residuo de cosecha sorgo-maíz se cotiza a cien pesos, más flete, más IVA. Ni hablar de uno de alfalfa, que vale más que una vaca de conserva.

Los productores mixtos que queremos fertilizar nuestro trigo no tenemos fertilizantepara este cereal y pensar en hacerlo en las pobres y degradadas pasturas es otra utopía.

Se habla de crisis de crecimiento, cuando debería recapitularse y tomar conciencia de que estas cosas pasan y pasarán mucho más si se sigue actuando sobre la base de impulsos, sin planes ni estrategias.

Es una verdadera crisis no pensar en futuras generaciones abarcando un amplio espectro y no tomando un escenario electoral. Hay que tomar el país en un todo y salir de la modorra y la demagogia para tener un impulso productivo que nos ponga en un sitial de honor y compromiso con el mundo que tenemos que alimentar. Para ello se necesita trabajo genuino, no planes... Es vital conocer el terreno y obrar en consecuencia.  

  • Exodo de vientres

    Estamos atravesando el peor invierno en más de cincuenta años. Lo que no se llevó la inundación lo arrastraron las heladas y, lo que es peor, todo acompañado de impolíticas del Estado hacia el campo.

    Si se está faenando 50% de hembras, evidentemente estamos ante un verdadero éxodo de vientres que pagaremos todos sin excepción. Pobre país.

    Los novillos también, ante la escasez de forraje, se están liquidando tipo remate rural «en el estado en que se encuentran».

    Racionar es un mal negocio. Hoy es una cuestión de sentimiento. Precisamente esto no es comprendido por el gobierno.

    Cuando lo debería tomar como una fortaleza, no nuestra, sino de la Argentina.

    Necesitamos imperiosamente hechos concretos. Basta de amenazas Moreno mediante y de medidas equivocadas interviniendo mercados, precios máximos, límite peso faena, limitación de exportaciones,ROE, no reintegros, compensacionesparciales, etcétera.

    No deseamos subsidios ni dádivas, sólo certezas. Saber que sirve lo que hacemos para mejorar la producción.

    Todas estas crisis que sufrimos los que construimos a diario con nuestro esfuerzo la oferta no sólo las padecemos nosotros, sino que la impericia arrastra a la demanda.

    En este momento, está finalizando la Exposición Rural de Palermo. Allí vemos todavía sorprendidos cómo el productor no renunció a mejorar en genética y en investigación y desarrollo de avanzada tanto en materia animal, como vegetal y maquinaria aplicada. Lamentablemente, tanto esfuerzo y enjundia no fue comprendido por el gobierno, donde el Presidente volvió a perder la oportunidad histórica de asistir.

    Es por todos sabido que ocurrió algo peor: su representante, el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, se tuvo que retirar por orden superior. Otra pena. Otro despropósito.

    El mensaje del campo no fue agresivo ni violento, sólo enérgico de alguien que no quiere desaparecer, porque a este paso a la vaca y no a «la oligarquía vacuna angurrienta» habrá que visitarla en el zoológico; la segunda sabemos que no existe, la que está es la del esfuerzo, la del trabajo y generadora de puestos de empleo y que evita las migraciones no deseadas.

    Es hora de que al campo se lo tenga en cuenta para su progreso, avance y desarrollo, no siempre para remedios de otros. Alguna vez éste también necesita atención.

    Jamás renunciaremos a nuestra vocación que es el trabajo y generar riqueza para el país, pero no por llevar en la sangre ese sano sentimiento de la producción dejaremos de reclamar nuestros derechos.

    (*) Productor agropecuario y presidente de la Asociación Productores Carne Bovina Argentina (Aprocaboa).
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