Leandro Damiao, goleador de los Juegos Olímpicos, festeja su segundo tanto ante Corea del Sur.
La selección masculina de fútbol de Brasil jugará con México la final por la medalla de oro olímpica, que nunca en su historia ganó, de Londres 2012 al golear a Corea del Sur 3-0 con dos tantos de Leandro Damiao y uno de Romulo en el legendario estadio Old Trafford de Manchester.
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El mediocampista Romulo abrió el marcador al recibir un pase de Oscar, cuya calidad técnica y visión panorámica del juego iluminaron un melancólico encuentro de semifinales en el que la Seleçao no lució pero fue contundente.
El goleador de los Juegos, Damiao, elevó a seis su cuenta al marcar primero con tiro rasante un centro atrás del desequilibrante Neymar y de nuevo, en otra maniobra del jugador de Santos, rematar esquinado junto a un poste.
Unos 75.000 aficionados casi no pudieron disfrutar de la destreza y genialidades del elenco brasileño quien se sumergió en una batalla táctica y extremadamente cautelosa con los surcoreanos, que disputarán el bronce con Japón, derrotado por los mexicanos 3-1.
Los partidos los ganan y los pierden los jugadores, pero a veces un técnico, como Mano Menezes, puede ganarle una batalla táctica a otro, como el coreano Hong Myung Bo.
Al cabo, la historia la escriben en el césped los futbolistas, como Romulo y Damiao, pero esta vez la planificación tuvo influencia aunque fue mezquina con el espectáculo.
Romulo fue último receptor de un arranque de Neymar que Oscar convirtió en pase-gol y metió el balón por el ojo de la cerradura, entre el primer palo del portero Lee Bumyounga y el tardío cierre de Ki Sungyueng.
Damiao, con sus dos remates a la manera de centrodelantero clásico, ubicado en el lugar y en el momento oportunos dentro del área, fue un verdugo atento e impiadoso.
Con un planteo de laboratorio, de pizarrón, que los jugadores de la Seleçao habían anticipado en sus comentarios, jugaron al juego de Corea de Sur, ese de regalarle la posesión de la pelota y contragolpearlo.
Por eso el encuentro era un bostezo, un ir y venir de la pelota en la rotación desde una banda hacia la otra o un pelotazo largo fácil para los defensores, porque los asiáticos no conocen el arte de asumir el protagonismo.
Sólo las salidas en falso del arquero brasileño Gabriel o algún pase defectuoso de Rafael rompían la monotonía de este partido que parecía de ajedrez en semejante escenario de leyenda.
Decepcionaban, porque los ataques de Brasil se producían más por pases equivocados de Kim Younggwon o Yun Sukyoung.
Menezes resignó un delantero al no incluir a Hulk y situar a Alex Sandro en la doble función de asistir los avances por izquierda de Neymar y alternarse en la marca con Marcelo, cuya proyección ofensiva es una de las armas favoritas de Brasil, pero deja agujeros en su flanco.
Neymar estaba demasiado individualista y la mayor amenaza de gol del encuentro era el 9 de Corea del Sur, Ji Dongwon, con la búsqueda de centros aéreos que causaban sofocones a Thiago Silva y Juan o con remates de media distancia.
El ajedrez que le había planteado Brasil a Corea del Sur le resultaba un enigma, un crucigrama que no sabía resolver, pese a que Kim Bokyung y Nam Taehee organizaban inteligentes maniobras de progresión en la cancha, con movilidad y pases certeros.
En el momento en que quisieron presionar, sin ideas, sólo con el empuje de luchador sin cuartel de Koo Jacheol, se desmantelaron en su retaguardia y lamentaron una goleada.
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