19 de noviembre 2000 - 00:00

El "Chino", como en sus mejores tiempos

El Chino, como en sus mejores tiempos
Qué final, señores, qué final! Se necesitaron tres hoyos complementarios para definir el ganador del 95º Campeonato Abierto de la República. La espera valió la pena, porque luego del trajinado desenlace las casi cinco mil personas que rodearon el green del hoyo dieciocho (donde se llevó a cabo el desempate) estallaron en una ovación tan estruendosa como espontánea.

El destinatario del tributo fue un hombre que a los 54 años se dio el lujo de sumar un nuevo hito en su carrera. Vicente Fernández -el eterno «Chino»que, como en 1990 en Playa Grande, atesoró para la Argentina el trofeo más trascendente que tiene el golf de México a Tierra del Fuego.

El oponente fue otro gigante acostumbrado a las mayores proezas en el país y en el extranjero: Eduardo Romero. Ambos regalaron un epílogo de antología que seguramente perdurará en la memoria de todos. Fernández embocó un putt de cinco metros para concretar el birdie que definió el pleito. Luego de superada la primera mitad del recorrido decisivo, quedó claro que la lucha por el título iba a estar entre Romero y Fernández, porque Angel Cabrera seguía exhibiendo su «claroscuro» como en casi todo el torneo.

El corazón pareció paralizarse en el hoyo dieciocho, donde el «Chino» arribó con una apretada ventaja de un golpe. Desde una distancia de dos metros y medio tiró para birdie y para salir a festejar la obtención del Abierto, pero la caprichosa pelota bordeó el hoyo y no entró. Romero tenía un putt relativamente fácil de un metro, no falló. Los dos con idéntico registro 277 (menos tres) encararían minutos más tarde el desempate antes descripto.

Más atrás finalizó Angel Cabrera con 283 golpes, dos menos que José Cantero. No jugó un gran golf ayer, es verdad. Inclusive muchos ya lo habían descartado cuando pasó por el hoyo nueve en par (luego de cinco bogeys y ningún birdie).

Sin embargo, los grandes son así, el instante de inspiración recién lo sacan a relucir sobre el final. Eso fue lo que le pasó a Vicente Fernández, protagonista de un desempate conmovedor. El «olé, olé, olé, 'Chino', 'Chino'» seguía latiendo por todo el ámbito del Jockey Club. La gente estaba con él, ansiaba que se llevara el Abierto. El «Chino» no la defraudó. Como casi siempre hacen los grandes.


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