Dos meses después de que el partido más importante de la liga española fuera aplazado por las protestas independentistas, Barcelona recibirá este miércoles a Real Madrid con nuevas marchas programadas, justo cuando el clásico español podría tener un gran impacto en la lucha por el título: el conjunto “culé”, último campeón, lidera la Liga tras 16 fechas, empatado en 35 puntos con el “merengue”, segundo clasificado, aunque con mejor diferencia de gol.
La ciudad catalana está mucho más tranquila que en los días posteriores a la sentencia que condenó a hasta 13 años de cárcel a nueve líderes separatistas y desencadenó oleadas de protestas, algunas violentas, que llevaron a la postergación del clásico, programado inicialmente para el 26 de octubre, por motivos de seguridad.
El grupo de protesta catalán Tsunami Democràtic convocó para este miércoles a los partidarios de la independencia a reunirse en varias áreas que rodean el estadio cuatro horas antes del comienzo del partido. El grupo, que organizó protestas masivas en el aeropuerto de Barcelona en octubre y bloqueó una gran autopista, anticipó mediante sus cuentas de redes sociales que más de 25.000 personas confirmaron que participarán en las marchas.
Sin embargo, aclaró que no desea suspender el partido y que las protestas forman parte de su esfuerzo por pedir un diálogo entre las autoridades españolas y catalanas sobre el impulso a favor de la independencia de la región.
Las autoridades desplegarán 3.000 agentes de seguridad pública y privada para garantizar que el partido no se vea interrumpido. El presidente de Barcelona, Josep María Bartomeu, dijo que el club, que condenó las penas de prisión para los líderes separatistas, no hará ningún esfuerzo por sofocar las voces disidentes, pero añadió que está seguro de que el partido seguiría adelante sin mayores incidentes. Tsunami Democràtic también dijo que dio instrucciones a los aficionados dentro del estadio para que realicen acciones que aún no fueron especificadas.
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