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14 de noviembre 2005 - 00:00

La Selección, del amor al odio

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Juan Román Riquelme


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Riquelme fue un lujoso conductor, pero tuvo «socios» que interpretaron su fútbol, principalmente Carlos Tevez, de un despliegue tremendo; y Maximiliano Rodríguez, que arrancó como mediocampista pero se sumó siempre al ataque, tanto que obligó a Ericksson a cambiar al lateral Bridge por un defensor más recio como Konchevski, resignando proyección ofensiva para cerrar el sector. Crespo marcó un gol y le anularon otro, y cumplió con su labor de ser una referencia en el área y arrastrar la marca de Terry por todo el frente de ataque.

Demichelis, que debutó en la Selección, también se mostró prolijo en el quite y la distribución de la pelota, buscando siempre a Cambiasso para ser salida. El trabajo del jugador del Bayern Munich terminó desluciéndose porque de un mal pase suyo nació el segundo gol inglés.

Todos los problemas estuvieron en la defensa y es grave porque jugó la «presuntamente» defensa titular. Abbondanzieri, que tapó dos pelotas muy difíciles, dio rebotes innecesarios y muy peligrosos en remates débiles que tenía que haber controlado con más seguridad. Zanetti pagó tributo a la falta de fútbol (está volviendo de una lesión) y estuvo distraído participando en los errores en los goles ingleses. Ayala ganó y perdió con un peligroso Rooney y tuvo mala suerte al producir un rechazo defectuoso que terminó en el primer gol inglés. Samuel perdió de arriba en el tercer gol ante Owen, que mide 10 centímetros menos que él, y Sorín se salvó de las críticas por su fervor, pero dio ventajas en la marca en su sector.

Aunque el error fundamental de la Selección argentina fue dar por ganado un partido que no había terminado y retrasar demasiado las líneas dejándose dominar por el rival.

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