«Sólo si se descongelan las tarifas, el sector aéreo argentino evolucionará.» La afirmación es de Rafael Alonso, vicepresidente del fabricante de aviones Airbus para América latina, España y el Caribe. El ejecutivo español dialogó con este diario acerca de las tendencias del mercado aéreo mundial y analizó las posibilidades de desarrollo que tiene el rubro en la Argentina a largo plazo.
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Periodista: ¿Sigue siendo conveniente para Aerolíneas Argentinas incorporar el A380, como había anunciado en 2006?
Rafael Alonso: Se trata de un avión muy beneficioso. Por supuesto que sería rentable porque permite transportar en un solo vuelo a más de 500 pasajeros. Esto permitiría, sin incorporar más frecuencias, incrementar el número de plazas. Cada avión cuesta u$s 300 millones y es totalmente financiable. De hecho, el grupo Marsans nos encargó cuatro aviones de este tipo, de los cuales dos iban a ser destinados a la Argentina. Habrá que ver qué sucede si vende las acciones que tiene en la compañía, porque la entrega de los aviones está prevista recién para 2010 y los rumores de venta están firmes hoy.
P.: Pero dada la situación crítica que actualmente está viviendo Aerolíneas Argentinas, ¿sería posible operar el nuevo avión?
R.A.: Hoy sería difícil. Las aerolíneas en la Argentina apenas pueden subsistir. Las tarifas son de las más bajas del mundo, el gobierno no deja que las empresas las suban y el incremento en el precio del combustible tiene un gran impacto negativo sobre el balance de las compañías.
Fenómeno
P.: ¿Cómo ve al mercado aéreo argentino?
R.A.: En este país se da un fenómeno único en el mundo. La mayoría de los países, cuando viven una crisis económica, pasan por un período conflictivo pero luego se recuperan. En cambio, el tráfico doméstico de la Argentina todavía no logró recuperarse de la crisis de 2001. Además, la flota de aviones está entre las más antiguas y obsoletas del mundo. Las compañías no invierten en infraestructura y en ampliar su posición dentro del mercado porque las tarifas están fijas y no les reportan ganancias.
P.: ¿Cuál es la clave para que el sector evolucione?
R.A.: En principio, debe liberarse el mercado. Las tarifas aquí son de las más baratas del mundo, por lo que las aerolíneas deberían tener la posibilidad de subir el precio. Al liberarse el mercado, podrían surgir nuevas compañías y la competitividad del rubro sería mayor. Además, el aumento en las tarifas no significa necesariamente que el tráfico aéreo sea accesible sólo para unos pocos porque podrían crearse aerolíneas de bajo costo, un sector que tiene gran éxito en países como Brasil.
P.: El mercado aéreo mundial está en crisis. Basta ver el caso de Alitalia, al borde de la quiebra, los retrasos en casi todas las aerolíneas del mundo... ¿A qué se debe esta situación?
R.A.: El mercado aéreo a nivel mundial necesita consolidarse. En los noventa se abrió y aparecieron muchas compañías que crecieron rápido y ganaron mucho dinero. El mercado demostró que no hay lugar para todas: al subir el costo del combustible, las más débiles quebraron y otras tienen balances con saldos críticos. Las fusiones se convirtieron en un buen método para subsistir. Por ejemplo, las estadounidenses Northwest y Delta optaron por ese camino, y no serán las únicas.
P.: Frente al aumento en los costos del combustible, ¿hay solución para corto o mediano plazo?
R.A.: La solución es el uso de biocombustibles de segunda y tercera generación, que no interrumpen la cadena alimentaria. Pero constituye una alternativa sólo factible a largo plazo, recién para 2020.
P.: ¿En qué países hay más oportunidades de negocio?
R.A.: América latina, liderados por Brasil y México. En los países más desarrollados ya alcanzó la estabilidad, porque el que quiere viajar puede hacerlo, en los países menos desarrollados aún no se logró, por lo que existe un enorme potencial. La Argentina también podría jugar un papel importante, pero sería bueno que las tarifas dejaran de estar congeladas.
P.: ¿Cómo los afecta la caída del dólar frente al euro?
R.A.: Es un grave problema porque nuestros costos son en euros, pero nuestros ingresos en dólares. El alza del euro nos obligó a tomar medidas agresivas para reducir los costos al máximo.
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