El año que comienza tiene todas las características de un thriller de gran suspenso. Los años electorales suelen ser expansivos porque los gobiernos intentan con diferentes políticas aumentar el nivel de consumo dejando así contentas a las masas a la hora de votar. Pero 2019 no será así. No puede tener condimentos altamente expansivos sin que se caiga en severos incumplimientos con el Fondo Monetario Internacional. Y eso no es lo peor del caso, dado que las buenas migas entre este gobierno y el organismo que maneja Christine Lagarde podrían hacer que esa entidad haga “la vista gorda”. El problema es que no hay forma de expandir el consumo sin que se incremente la demanda de dólares en momentos donde ese factor puede generar nuevas situaciones de inestabilidad. Así dadas las cosas, da comienzo un año austero, con mucha incertidumbre no solo a nivel político debido a las elecciones sino también a nivel económico porque es una gran incógnita saber cómo estaremos de aquí a un año. Las principales hipótesis son dos: o bien el gobierno logra llevar adelante la situación, en cuyo caso tendremos un año sumamente discreto a nivel económico, o bien el gobierno pierde el control de las principales variables macroeconómicas en cuyo caso el nivel del tipo de cambio real puede ser incluso sustancialmente superior al que se tiene concluyendo 2018. Claro que para manejar la situación se necesitará que el riesgo país descienda del elevadísimo nivel de fines de 2018, nivel solo inferior al riesgo país que presenta Venezuela.
