Las primeras horas del fin del cepo cambiario mostraron una city convulsionada, en la que conviven los bancos, las casas de cambio que se ilusionan con un reflorecer y los clásicos arbolitos, quienes lejos de desalentarse siguieron atentos para hacer su propio negocio.
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Fueron muchas las personas que se acercaron a las casas de cambio a consultar el precio para comprar dólares, sin embargo se desilusionaron cuando les informaban que sólo se realizaban operaciones mediante transferencia bancaria y que por el momento no había luz verde para operaciones de contado, tal como explicaron a ámbito.com en distintas agencias del microcentro.
Pero además, algunas casas de cambio aplicaron un recargo del 5% a las transacciones en efectivo para la compra de dólares. Fueron varios los que, al enterarse del recargo que se les quería aplicar, desistían de realizar la operación. Era entonces el turno de los arbolitos.
Al menos una docena ofrecieron la moneda estadounidense en los doscientos metros de la peatonal Florida que van desde la Av. Corrientes hasta Tucumán. El precio promedio se ubicó en $ 14,80, que para compras por grandes montos podía caer hasta $ 14,60. Pero había quienes se animaron a llegar hasta los $ 15. "Nosotros te aceptamos peso billete", era la explicación, atentos a las últimas novedades sobre los inconvenientes en el circuito oficial. Un par de ellos, sin embargo, eran reticentes a la venta y esperaban una tendencia más fuerte sobre el precio de cotización. Preferían comprar a $ 14.
La incertidumbre en los bancos por esas horas alimentaron también las ansias de los vendedores callejeros, ya que tuvieron paralizadas las transacciones: la falta de un precio de referencia y los operativos contrarreloj para adaptar el sistema a la nueva modalidad de operatoria impidieron todo intento. Cinco de las grandes entidades relevadas explicaron a este medio que esperaban solucionar la operatoria de en las próximas horas.
Horas felices para los arbolitos, aunque el lógico plazo de adaptación a los cambios en controles que llevaban ya cuatro años, hizo que muchos potenciales compradores tomaran recaudos a la espera de un escenario con tendencia más firme. Y precios más bajos. Los que se multiplicaron, entonces, fueron los curiosos, que repetían como un mantra su inquietud: "¿A cuanto abrió el dólar?".