20 de febrero 2004 - 00:00

Argentina tuvo deuda externa y default antes de poseer Constitución Nacional

Guerra del Brasil. El primer empréstito que tomó la Argentina con el exterior iba a ser destinado para realizar obras públicas en la provincia de Buenos Aires y el puerto. Sin embargo se utilizó, en gran parte, para sostener el conflicto bélico con Brasil.
Guerra del Brasil. El primer empréstito que tomó la Argentina con el exterior iba a ser destinado para realizar obras públicas en la provincia de Buenos Aires y el puerto. Sin embargo se utilizó, en gran parte, para sostener el conflicto bélico con Brasil.
Lo mejor que hizo Néstor Kirchner en Economía, en 8 meses de presidencia, fue reivindicar la figura presidencial y actuar con firmeza. Eso no se lo debe a la suerte que le vino de la soja ni a la demanda china que lo llenó de divisas al país y de rentas al gobierno.

Actuó testarudo, en cambio, al exagerar la dureza insostenible en terminología sobre deuda pública y, por tanto, inconveniente para un presidente que puede esmerilar innecesariamente su figura cuando tenga que acordar. Si se endureció por meditación sobre su arranque con escaso poder político propio estaba bien. Si lo hacía enardecido porque verdaderamente la deuda pública latinoamericana es enorme e injusta en muchos aspectos también estaba bien. Es lógico. Los países americanos de habla hispana pagaron en los últimos 20 años 1,4 billón de dólares, 5 veces más de lo que recibieron en la década del '70, como recuerda el analista Norberto Galasso. Más todavía. En los '70 la guerra de Medio Oriente hizo temer a los ricos países árabes que los bancos de Occidente podrían apropiarse de sus fondos y amenazaron con retirarlos. Los grandes bancos recurrieron a elevarles la rentabilidad para retener los capitales. Así obligaron a débiles gobernantes latinoamericanos a tomar deuda externa a altas tasas que llegaron a 16%. Los gobernantes de nuestro continente justificaron hacerles el juego en satisfacer necesidades -o no tan «necesidades»- que siempre tienen las naciones en desarrollo aún frustrado. En la Argentina se gastó deuda pública tomada en hacer un campeonato mundial de fútbol creando estadios, construir el más moderno complejo televisivo latinoamericano («Canal 7» en 1978) y comprando el más moderno armamento para una eventual guerra contra Chile. Así se terminó usando, antes de que dejara de ser tope en tecnología, en Malvinas en 1982.

Si Kirchner razonó toda esta injusticia se comprendería la dureza de su lenguaje. Pero si lo hizo por simple rebeldía, no. Y se teme que sea esto porque sus principales arrebatos, que lo comprometieron demasiado, ocurrieron apenas cuando tenía 80 o 200 personas frente a su tribuna. En Jujuy, hace 4 días, pasó a discursos más calmos.

Que sea injusta parte de la deuda, que nos haya sido impuesta, que se necesite firmeza presidencial, no justifica insultar a ahorristas. Lo único que se hace es asustarlos y que entreguen sus títulos defaulteados masivamente a «fondos buitre» donde será imposible lograr reducción de deuda. Al contrario, experiencias como las de Perú les significó triplicar al final -porque apuro no tienen- su riesgo inicial de compra en el «caso Ellio» (aunque Roberto Lavagna diga que «nunca internacionalmente se cobró con la Justicia a un país»).

Es evidente, entonces, que la iracundia perjudicará en millones de dólares al país. Consejos como los del mismo ministro Lavagna, descartando cualquier accionar judicial contra la Argentina son nefastos. Intentos de «nacionalizar» la protesta, es otro error que expulsará del país hijos, nietos, bis y tataranietos de argentinos actuales.

Hay costos ocultos enormes en deuda pública mal manejada por confundir firmeza con desplantes y actitudes exagerados.

Se oyen errores como que «Kirchner pudo pedir sólo 50% de quita y pasar la deuda al próximo gobierno en 2007», como hizo Eduardo Duhalde -por consejo del mismo Lavagna- con él. No hay soja ni China que aguante situaciones impagas hasta el año 2007.

Néstor Kirchner -dentro de un gobierno camino a la madurez, quizá muy lentamente- será sólo una etapa de la deuda pública que podrá normalizarse y reducirse pero muy raro cancelarse antes de decenas de años.

Estamos como en el empréstito Baring Brothers que llegó al país desde Inglaterra en 1824. Se pactó a 40 años y se pagó recién en 80 con varios defaults o moratorias costosísimas en el lapso. Terminó pagándose casi 9 veces el monto original recibido en moneda constante. Insumió tres generaciones y una decena de presidentes argentinos.

¿Creerá el presidente Kirchner que él va a resolver la actual deuda pública argentina que es la más grande en default que haya conocido el mundo?

Porque creemos que hay carencias en este gobierno en conocimientos económicos, reproducimos la costosa trayectoria y experiencia del empréstito Baring Brothers en sus 80 años dramáticos en la Argentina.

No olvidemos que en 1885 en el periódico «El Censor» (pésimo nombre para prensa, dicho sea de paso), escribió Domingo Faustino Sarmiento esto por la deuda pública argentina: «Cada argentino nace con más de lo que pesa en plata». Han pasado 119 años y, también sobre deuda pública nacional, podemos decir que cada argentino actual y futuro nacerá debiendo más que lo que pesa en oro.

El arte del gobernante para enfrentar deuda pública es negociar con firmeza pero racionalidad. O empeorará las cosas. Saber que tener este tipo de obligaciones con acreedores internos y externos es problema de todos los países, no sólo de la Argentina, aunque nuestra deuda en default sea la mayor hoy internacionalmente. Requiere frialdad. Conocer el pasado para entender pero sin que Kirchner crea que «pasado» es sólo la década del '70 y la guerra subversión-antisubversión.

Pocos ayudan, porque para leer historia real, nos estamos acostumbrando a la minucia histórica como investigar si un ministro al trasladar los restos óseos de Manuel Belgrano retuvo o no un diente del esqueleto.

Conocer la evolución del crédito de la banca Baring Brothers -la estrella financiera internacional a comienzos del siglo XIX- es entender mejor el presente y no renegar tanto de nuestra suerte. No olvidemos que en la Argentina tuvimos «deuda externa» -ésa de la Baring desde 1824- antes de tener Constitución Nacional. La primera -y no aceptada por el interior por «unitaria»- fue recién de 1826.

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