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La idea de la Casa Blanca es obvia: recabar informaciones de manera directa sobre el proceso electoral brasileño y las crisis argentina y uruguaya. Reich es la persona indicada para esto, ya que se trata de la principal autoridad de los Estados Unidos para América latina. Su perfil está muy recortado por dos animadversiones: la que profesa hacia Fidel Castro -el funcionario es cubano de nacimiento- y hacia Hugo Chávez, presidente de Venezuela, donde él fue embajador. Militante del ala dura del Partido Republicano, Reich está rodeado de algunos «ruidos» de la década del '80, durante la cual estuvo acusado por participar en el escándalo de venta de armas a Irán para financiar a los «contras» de Nicaragua. Su tesis sobre América latina fue divulgada durante una presentación académica: los males de los países de la región no se deben a la falta de ayuda externa sino a la corrupción de sus gobernantes.
Jugó fuerte William Mac Donough ayer, al hablar con Menem: «Yo soy amigo de los principales banqueros del mundo. Si el presidente fuera alguien con su liderazgo y su confiabilidad, yo los reúno en un desayuno, me peleo con ellos pero, al final, termino convenciéndolos de que con un liderazgo como el suyo hay que ayudar a la Argentina.» Quien hizo esta apuesta, según los relatos de la diputada Lelia Chaya y del ex diputado Javier Mouriño, es nada menos que el gobernador de la Reserva Federal de Nueva York, el segundo en importancia de esa institución de los Estados Unidos después de Alan Greenspan. Menem, jugador como Mac Donough, estuvo a la altura de su interlocutor: «Quiero invitarlo, querido Bill, a mi asunción como presidente de la Argentina».
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