CEPAL: el cepo cambiario no golpea la reinversión, pero sí la inversión genuina
El economista del ente de la ONU afirmó a ámbito.com que "es una medida temporal y sólo limita nuevos giros de capital". Pero, "no impacta en proyectos que precisan mucho tiempo para madurar".
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Giovanni Stumpo durante la conferencia de prensa de CEPAL en Santiago de Chile. Gentileza: Carlos Vera/CEPAL.
G. S.: Los proyectos extranjeros se mueven con tiempos más largos que los que uno supone por la coyuntura. No creo que grandes planes de inversión estén vinculadas a este tipo de situaciones, a menos que sean estructurales y se mantengan en el tiempo, pero no lo creo. Los veo más bien como restricciones del momento. Una mayor claridad en las políticas del mercado de cambios y en las importaciones mejorarán las perspectivas del país.
El caso de la minera brasileña Vale es específico porque se encuentra en un proceso de reesrtructuración mundial con caída de sus ganancias. Irse de Argentina fue una estrategia interna de la empresa, ya que sobre todo en ese sector las inversiones requieren ciclos muy largos. No las afectan estas medidas porque precisan de mucho tiempo para madurar y dar ganancias.
P.: ¿Es un inconveniente para las compañías extranjeras girar utilidades?
G. S.: No, porque siempre pueden tener otros mecanismos las multinacionales para repatriar. Es más bien esta medida un incentivo para la reinversión. El tema es qué se hace con esa reinversión, ya que habría que intentar canalizarla en vez de preguntarse si se impide o no repatriarla. Esto debería ser un desafío de política hoy en Argentina. Tienen que intentar hacer que una parte de esta renta se dirija a inversión productiva.
P.: ¿A qué sectores se dirige la inversión en el país?
G. S.: Mirando la serie histórica, en general casi una mitad de los capitales en Argentina se han orientado a la industria, 40% al rubro servicios y 10% a la explotación de recursos naturales.
En los últimos 10 años, la mayoría de los capitales en el país se han canalizado hacia las manufacturas. En el resto de Latinoamérica, sin contar tampoco Brasil que es un mundo aparte, las trasnacionales se orientaron básicamente a materias primas, al punto que el sector atrae el 60% de las inversiones foráneas en Chile y Perú.
Argentina ha sido por bastante tiempo una excepción en Sudamérica, pero es muy razonable esperar que ese porcentaje se incremente ahora. Los desembolsos en los recursos naturales sumados a la minería (con la primera inversión de Vale y otras iniciativas mineras) seguramente son muy superiores al 10%. Sin embargo, siguen teniendo un patrón más equilibrado que en el resto de la región.
P: ¿Qué política le recomendaría al Gobierno para direccionar mejor los capitales?
G. S.: El Poder Ejecutivo impulsa el plan industrial Argentina 2020, en el que se ha avanzado tanto en el planeamiento como en la implementación. Además, se creó un ministerio de Ciencia y Tecnología, lo cual es una ventaja con la que no todos cuentan.
Para mi, existen dos posibilidades. La primera es orientar la inversión hacia los sectores que son considerados prioritarios, lo cual requiere previsión sobre los impactos en conocimiento, tecnología.
La otra, es generar un fondo con parte de las utilidades de las grandes firmas para financiar el desarrollo tecnológico y científico. Para ello, el Estado se debería apropiar de una parte razonable de las ganancias y canalizarla hacia alguno de los planes estructurales que tiene, pero no al gasto corriente. Esto se justifica con que su renta ha crecido mucho en la región.
Esta última es la manera más fácil. Se pueden imponer condiciones a la reinversión a través de impuestos o si no mecanismos para mejorar la canalización hacia áreas vitales para el desarrollo.
P: ¿Qué atractivo tiene Argentina que mucha de la inversión que se acerca se direcciona a las manufacturas y los servicios?
G. S.: Tiene la estructura productiva más diversificada en América del Sur, más allá de que Brasil también, pero un mercado mucho más grande.
El país ha desarrollado una industria que se ha recuperado mucho en 2003, tiene PBI per capita elevado, un mercado doméstico seductor y una integración muy importante con Brasil, principalmente en el rubro automotriz, con posibilidad de extenderlo a otros sectores aún no explorados. Lo que le llama la atención a las multinacionales es la posibilidad de expandirse en grandes mercados con mano de obra calificada, algo que no es denominador común en todo Sudamérica.



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