Cómo se mueven los "arbolitos"
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Los "arbolitos" volvieron a proliferar en el microcentro porteño, igual que en los '80.
«Base», «puntero», «llamador», son algunos de los términos de la nueva jerga del negocio del dólar paralelo. Pero, a diferencia de los «arbolitos» de los '80, ahora incorporaron teléfonos celulares, riñoneras y calculadoras de mano.
La jornada finaliza poco después de las 17, cuando los equipos retornan a las bases para rendir cuentas.
Hay diferentes bases armadas. Algunas operan con su propio capital, otras hacen un mix utilizando el capital de los «arbolitos», y las menos operan sólo con el capital de terceros.
En cuanto a los «arbolitos» hay, como en todo mercado, cuentapropistas y dependientes. Los primeros son los menos, operan por riesgo y cuenta propia, comparten una calle con alguna base y a veces suele existir algún peaje.
Los segundos, que operan con una base, también llamados punteros, reciben por día entre 1.000 y 2.000, mitad en pesos y mitad en dólares. Este es el capital que deben hacer rotar para aprovechar la intermediación. En promedio hacen girar estos fondos entre 7 y 9 veces por día. Por cada 100 billetes intermediados reciben un peso. De forma tal que por día obtienen entre 80 y 100 pesos.
«En estos días, y más con los feriados, se puede llegar hasta mover la plata diez veces, pero es la excepción. Por día estoy sacando entre 60 y 80 pesos», explicó un jefe de equipo.
En general los «arbolitos» son personas que en mayor o menor medida estuvieron vinculadas al mercado financiero, bursátil o cambiario. Fueron operadores de Bolsa, corredores de cambio o simples liquidadores de mesas de dinero. Pero también, ahora, hay una cantidad de desempleados de diversos sectores, desde ex empleados públicos o taxistas, hasta estudiantes.
La base provee a los «arbolitos» las puntas compradora y vendedora (ayer 2,15 y 2,35 pesos por dólar, respectivamente) con las que deben operar. Cada vez que hay algún movimiento en los precios, la base lo comunica por celular o bien envía un mensaje a un llamador para actualizar las puntas.
• Remuneración
Los llamadores no operan directamente, sólo están a la caza de clientes. Una vez contactado un potencial comprador o vendedor, lo llevan hasta la base para concretar la operación. Por el trabajo de llamador, la persona reciben entre 25 y 30 pesos por día.
«Hay una masacre de comisiones porque han venido muchos peruanos y trabajan compartiendo el diferencial entre compra y venta con alguna base», se lamenta Aníbal, un viejo «arbolito». Pero advierte que corren el riesgo de quedarse con algún billete falso.
Algunas de las bases montadas en ex agencias de turismo cayeron con la devaluación. Ahora fueron ocupadas por algunos capitalistas, vinculados al turf y al mercado financiero. El negocio para la base es sencillo, intermedian la compra y la venta, que en estos días está operando con un diferencial de 10 a 20 centavos por dólar.
«Ayer la base del 'Turco' subió el precio porque se había quedado sin dólares. Así hizo subir el dólar a 2,30 pesos», comentó un llamador. De esta forma se van armando los precios.
«Cuando ocurre esto, desde la base nos mandan rápidamente las nuevas puntas porque si no quedan fuera y perdemos clientes», agregó.
Según comentaron varios «arbolitos», las operaciones promedio se ubican entre los 600 y 1.000 dólares o pesos. La operatoria es bien minorista, a pesar de que también a veces aparecen de alguna empresa que necesita hacer algún pago en dólares. Pero en general quienes están recurriendo al dólar paralelo es gente que necesita hacerse de pesos para afrontar pagos y por eso hay operaciones desde 50 dólares. «La gente viene con un billete de 100 dólares y me pide vender sólo 50. Me dicen que es para pagar sus gastos domésticos», decía Juan, otro «arbolito».
Son menos los que van a comprar dólares para especular. «Vienen a comprar de a 300 o 500 dólares, a la espera de que suba el dólar y puedan sacar alguna diferencia», comentaba un llamador.
«Pero aparecen otros que quieren sacarse los pesos que tienen y protegerse en dólares, aunque sean unos pocos pesos», advertía Aníbal, quizás el más experimentado en su métier.
Varios lugares del microcentro, como las entradas de tres conocidas galerías, son puntos clave junto a dos esquinas tradicionales donde los equipos de las bases se juntan y hacen el mercado.



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