«Un dólar alto no significa salarios bajos.» La frase, de hace dos meses, pertenece a Roberto Lavagna y está en línea con todo el pensamiento oficial. Los números del primer semestre del año difundidos ayer muestran todo lo contrario. La pobreza (quienes no acceden a una canasta básica) aún afecta a 9 millones de personas, de las cuales 3,1 millones son indigentes (directamente no pueden cubrir necesidades alimentarias). El porcentaje bajó de 40,2% del segundo semestre de 2004 al informado ayer de 38,5%. Es muy poco teniendo en cuenta que la economía estuvo creciendo a casi 10%. ¿Qué pasa? Simplemente que, por sostener el dólar alto, hubo más inflación. Y como la historia económica argentina tiene muestras de sobra, la suba de precios siempre afecta más a las personas de menores ingresos. Además, influyen los vicios ya clásicos, como aumentos salariales por decreto, altas indemnizaciones, juicios laborales que, en conjunto, conspiran contra la única manera de reducir estos indicadores: la generación de puestos de trabajo. Pero el populismo manda y lamentablemente, si no se da un giro tras las elecciones de octubre, se mantendrán altos. Si creciendo a 10% sólo bajó dos puntos la pobreza, ¿qué pasará en 2006, cuando la economía crezca 4%? En este contexto el país demorará demasiado en alcanzar por lo menos 26,7% de pobreza que existía en el '99. Preocupante, sin dudas.
El nivel de pobreza descendió a 38,5% de la población, afectando aún a cerca de 9 millones
de personas. Si se contemplan los Planes Jefas y Jefes, la pobreza se eleva a 39,4%.
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