11 de marzo 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Después de aguantar lo más campante la isla de la fantasía de más de una década, como que un peso argentino equivaldría a un dólar, o en ciertos pasajes consentir que los funcionarios dijeran que estábamos en el Primer Mundo (porque un teléfono funcionaba, o las calles porteñas se poblaban de celulares a la cintura) en esta etapa se vuelve a querer armar una atmósfera ficticia: cuando las preguntas vitales, imprescindibles para de modo urgente dejar de caer, nadie las contesta ni por asomo. Todo el mundo sabe, sin tener que ser economista, ni analista, apenas con algo de raciocinio, que el sistema financiero en un país, viene a resultar como el aparato circulatorio en el cuerpo humano. O como una cadena de distribución, para los productos de consumo masivo. Sin tales vías de reparto, nada puede llegar a latir nuevamente. Y nadie acierta a querer preguntarse a fondo: cómo se habrá de recrear un sistema financiero caído en el mayor, mayor, de los descréditos.

¿A quién irá a colocarle el país emisiones de sus papeles truchos? Después de haberse reconocido como «quebrado, que cometieron el desvío de aprovechar las oportunidades y ventajas de todo tipo, que los sucesivos y poco nacionalistas gobiernos, les fueron brindando en éstas décadas donde los activos se fueron yendo, uno a uno.

Con lo cual, ante medidas como las tomadas y las amenazadas, lo más lógico es pensar en que no arribará un dólar partido por la mitad, desde afuera. Y que todo dólar, partido en cuatro, intentará salir del campo de concentración financiero instaurado en la Argentina, más la persecución a las sociedades que tienen ganancias «excesivas». ¿Quién es el que determina hasta dónde se puede ganar? Vendría bien que lo dijeran, para ahorrar a personas y empresas el remordimiento de exceder los límites argentinos.

No hay aparato circulatorio, ni lo habrá en lo inmediato, no existirá el aporte de capital exterior, ni local. No habrá
fundido», habría que hallar algún descolgado venido del espacio exterior, para tomar emisiones. La intención de un microclima particular va accediendo a nuevos ámbitos, como que en la propia Bolsa de Comercio se quieren pasar por buenas, novedades bien desfavorables de papeles que tienen fama de haber sido, pero que ya no son. Y que dan la sorpresa de venir con números pinchados por motivos diversos (y para que no se diga que «ganan mucha plata», como se insiste desde arriba, como si ganar mucho resultare algo perjudicial, o vergonzoso). Ciertamente, es triste el papel de salir a cazar a los muchas firmas capaces de eludir la pendiente natural de la crisis, agravada por nuevas condiciones que voltean a las que todavía se aguantaban. Volvemos a la tontería que ya tanto ha costado, de repetir por ahí el «no tirar pálidas», el buscar las «noticias buenas» (como el avión que llega) el tragar sapos vivos sin chistar -como el dibujo del presupuesto-y ponerse en manos de un destino que haga girar la ruleta: y nos toque buena...

Dejá tu comentario

Te puede interesar