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Se nos dirá, no es tan necesario saberlo, por ser tan extraño el término, será que nunca se lo pone en práctica, jamás encaja con nada. Puede ser, por las dudas le dejamos la definición al señor lector, que integre el denso lote de los que no poseen la idea sobre tan inusual definición: «gobierno de los peores, constituido por cínicos, maniobreros, ignorantes y matones, proclives a toda suerte de maquinaciones para mantenerse en el poder, a pesar de su total incompetencia...».
Ciertamente, amigo lector ¿a quiénes les puede llegar a caber semejante definición? Dejémoslo como uno de esos juegos de palabras raras, de las que aprendemos una nueva. Valga apuntar que la definición, contundente, cruda, sin vueltas, pertenece a un interesante «Diccionario de Política», firmado por Ezequiel Ander-Egg y fechado su prólogo en Alicante, setiembre de 1983. En las palabras previas, aparecen ciertos conceptos que dan para pensar, de parte del autor, como cuando aclara que: «dejo para otra ocasión escribir sobre el travestismo del lenguaje político y el «frasemecum» de bolsillo que usan muchos políticos». En tal frase, nos quedamos con ese ingenioso giro del «frasemecum»... ¡Qué bueno! Y de qué modo vemos que se lo utiliza en un país tan convulsionado como el que tenemos.
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