25 de abril 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Otra semana donde hay que llenar lo bursátil, con todo aquello que en el país cotiza a precios de un miedo que crece. Miedo a no poder imaginarse hacia dónde pueden llevar los acontecimientos. Miedo a ver que los gobernantes ya han quedado en manos de Dios y aquello que no es tan preocupante en un ciudadano común, o en un funcionario de poca monta, se convierte en funesto si está en boca del que debe dirigir a un pueblo hacia tierra firme. Duhalde, por dos veces el mismo día, envió las peores señales a los atribulados habitantes que no podían creer lo que llegaba por las informaciones del lunes por la tarde. Un Congreso literalmente sitiado, en tanto el Presidente de la Nación aparecía en conferencia para primero ofrecer su cargo sin más ni más, si es que a los parlamentarios no les parece que esté haciendo las cosas bien (el clásico «miren que me voy, miren que cierro la puerta y no vuelvo»... etc., etc.).

Y, segundo, ante la pregunta de qué pasaría si los BONEX no son aceptados para sancionarse la ley, deslizar sin ponerse colorado: «... y bueno, habrá que abrir los bancos y será lo que Dios quiera». En esa frase se encierra todo, desde el desborde habitual, hasta el abismo completo, el enfrentamiento, la lucha cruel y mucha, para ver el que se hace dueño de la caja. Que ya la están incentivando los jueces, increíbles, que nos supimos conseguir... liberando cuantiosas sumas a unos, dejando en el corral a otros, propiciando verdaderos asaltos a los dineros bancarios bajo el lema gaucho de: «los asustaos que se queden y los otros que me sigan...». Un país de unos contra otros, ya en toda su expresión, y el Estado... contra todos. Ponerle fin a la pesadilla es la acción que más operadores puede juntar en su plaza, hasta pagando sobreprecio con tal de hacerse de la única carta que sirve para enfrentar el futuro. O llega el punto de dejar de caer y saberse que se ha tocado el fondo del pozo (para también saber que lo único que se puede hacer, es comenzar a subir) o nos vamos por la rejilla como esa Jamaica que presentaba ese lunes por la noche, el programa de Lanata por «América»: pero, resulta que allí la pobre población reconocía su buen estándar de vida cuando podían colocar sus zanahorias, bananas, cebollas...

Es lo que realmente subleva y hacer hervir la sangre, que un país que tiene todo -a partir de su generosa extensión y pocos habitantes-resulte comparable a quienes tienen menos que muchas de las provincias argentinas, por sí solas. En tanto volvía, como Colón, el ministro Remes de uno de sus tantos viajes a la corona -trayendo los bolsillos vacíos y un montón de sermones-el Presidente se hincaba en su sitial, admitiendo tácitamente que ha llegado al punto de bloqueo total, y en la semana final de abril todo el país buscando ya el modo de tener dinero para los suministros esenciales. Los negocios abriendo, pero sin querer vender más que en efectivo (cuando se sabía que no había) y todo así, en esta pesadilla que mejor que termine pronto.
Es mucho.

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