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Desde su creación, vinimos clavando banderillas sobre lomos de funcionarios de un Estado estafador, que solamente apuraba la fundación de esas entidades para utilizarlas a modo de depósito de papeles de deuda, que los ciudadanos -que no comprarían ni uno de esos títulos, de modo particular- se irían comiendo a lo largo del tiempo, para seguir tapando los chanchullos con las cuentas públicas. Hoy, la devaluación actuó de filtro y dejó a la vista cuestiones como ésta: la quiebra virtual de un sistema que iba a funcionar mientras durara esa bonanza falsa en el país, y que pasaría de nuevo a las espaldas del Estado, en cuanto todo dejara de ser negocio. Y los ministros emitían papeles pintados de deuda pública: Informate más
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