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Pues bien, dentro de las apuestas, lo que aparece como más seductor y ya hasta retorcer el morbo, es indagar a qué nivel puede llegar el dólar: si gana fulano, o zultano. Con solamente esto, un buen banquero de apuestas podría organizar la «polla» más exitosa del país, entre julio y diciembre primero -por quién gana las internas- y con el Mundial, a jugarse en marzo, con la general.
Un intenso miedo al porvenir se puede vislumbrar con esto, porque en lugar de querer averiguarse por situación de raíz y que posibilite salir de esta decadencia atroz, solamente parece atravesar la solución, o no, de los problemas: según esté más arriba, o más abajo, el dólar.