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La sensación del «no error», del «todo estaba fenómeno», del «desastre lo hizo el que vino atrás...», siguen también instalados y es el permanente drama, de largos pasajes de la historia nacional: justamente, las páginas que más escribieron la decadencia y el abandono de todo tipo de principio básico. Estamos perdiendo los efectos favorables de una corrección cambiaria de magnitud, coincidiendo con variables que -ni por asomo- se han ajustado en igual proporción. La misma crisis, los salarios que se han quedado clavados y licuados, en dólares, como no lo hubiera imaginado ni el más opresor de los empresarios asiáticos, han actuado de dique de contención a cambios de precios que, en toda época, ya a estas alturas habían alcanzado al tipo de cambio, sobrepasado inclusive, y con una inflación en aceleración constante. Pues bien, no tenemos un desatarse inflacionario. Pero, la queja es unánime, y entonces se ven ataques frontales hasta de sectores que están exportando a valor dólar: pero, no quieren abonar ningún insumo semidolarizado, lo quieren pesificado. Es como el inversor tipo que haya estado en las dos manifestaciones: la que reaccionaba y era agresiva para que le pesificaran los créditos en dólares. Y, logrado esto, está inserto en las que reclaman la devolución de sus colocaciones: en dólares, solamente. Informate más
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