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Querer aprobar un presupuesto nacional determinado, para después lograr que se liberan las partidas de miles de millones para el uso propio, en el pequeño feudo, es una noticia que -cuanto menos debería preocupar hondamente. Pero no se nota tal preocupación. Con lo cual, todo tipo de asunto por el estilo termina por prosperar, después de ciertos simulacros de discusiones parlamentarias. Este señor es el que gobierna ahora: que haga lo que le venga en gana.Y tal señor no tiene un nombre fijo, es el que gobierna en cada momento de la historia. Todo en estos días, en el ambiente de la City, atraviesa por el tema de los bonos y los bonistas. Cuando, observándolo sensatamente, es mucho más peligroso el avasallamiento doméstico de los dineros públicos, que lidiar contra los de afuera. Porque, saliendo triunfantes o escaldados, ya se fija que la política local resultará de tal tenor. Insinuando objetivos vagos, dejando traslucir que en un año electoral parte de los fondos irán en tal meta.
Ya puede afirmarse que a la tendencia no habrá de perjudicarla nada de lo que se instrumente adentro, hay zona liberada para hacer lo que se quiera. Con lo cual el dilema único es ver qué pasa con los de afuera.
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