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Pero, olvidados, siendo simples postales para alguna historia financiera, reaparecieron como una suerte de «zombies»: que salieron de aquella sepultura y ocuparon el centro de la escena, ante la mirada de pánico de los mismos que los resucitaron. Pero siempre se toma por el atajo y se buscan demonios, para descargar equivocaciones como ésta: pretender que el capital deje de lado tremendo bocadillo -cuando, además, se lo fogonea con políticas que alimentan inflación- y se dirija a los activos que los funcionarios desean. Si la corriente no marcha hacia donde se la quiere dirigir, entonces surge el rótulo de la vilipendiada «especulación».
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