Y he ahí una doble encrucijada que deberá atravesar nuestro Merval, expuesto por un flanco a los efectos y derivaciones de lo político, como a designios del exterior que podrían restarle el mejor atributo conseguido en nuestra plaza: la muy buena liquidez en entrada y salida de acciones. Tomar diferencias, correr al abrigo de una tasa mucho más tentadora en lugar casi seguro, no da mucho para pensar a la mente foránea. Que, repasándolo nuevamente, es ciertamente fenomenal un índice de inflación como el de setiembre en la economía de Estados Unidos. Si se lo atribuyen a los costos de la energía, resulta que ahora ingresan a su temporada otoño/invierno y la demanda que se recalienta, por cuestión estacional. Aquí parece no inquietar demasiado a nadie que la inflación se instale cómodamente, pero seguramente que por allá se estarán tirando de los pelos. A menos que el viejo «zorro» extraiga una fórmula nueva, la búsqueda del remedio ortodoxo parece resultar lo más seguro por aplicar. Con ello, los efectos también pueden garantizarse. Y habrá que estar atentos por un mercado local que pudiera retornar a cifras de modestos dos dígitos.
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