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Esto no resultaba del mismo modo en siglos pasados, donde la historia está pincelada de grandes hechos, pero más distantes unos de otros. Y cuando los sucesos se producían en regiones lejanas, las informaciones tardaban semanas, o meses, en desplegarse por el mundo. Hoy estamos al tanto de todo en tiempo casi real, los mercados ya no dependen del capital local, sino que son mancomuniones de operadores, en una base internacional que es capaz de invadir con sus órdenes, o dejar enormes vacíos si un hecho grave los atemoriza. Acerca de estos días que vienen bastante turbulentos en la tendencia, veníamos apuntando que se está pendiente de cuestiones globales -con Estados Unidos y su tasa- como de locales, a raíz de un tablero de poder político que deberá dibujar una figura posterior que posee varias hipótesis.
Y el capital de riesgo, el de las acciones, está en medio de los vientos cruzados como un barquito de papel. Entre otras cosas, porque es el capital con mayor exposición al riesgo de un desequilibrio.
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