Ahora volvieron las dudas acerca de qué va a suceder con las tasas que maneja la Reserva Federal, que ha recordado viejos informes donde centraba su preocupación sobre lo que pudiera ocurrir con la inflación en la economía. Y así, puesta contra la pared, se asemeja al noble caballero con una espada clavada y que exclamaba: «Si me la dejan me muero, si me la quitan me mata...». Depende en grado sumo lo que vaya a suceder con el remate del año de esto que no es una variable gobernable por los operadores (si bien han hecho todo lo posible para incidir sobre ella) y sería capaz de darle el tinte a las últimas semanas.
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El arranque del mes ha estado envuelto en la bruma de la inquietud, con jueguitos cortos y cambios desechables, que tanto han determinado lo del Dow Jones como lo han expandido a los recintos satélites.
Hecho que pone en duda el resultado y es el eslabón débil de toda cadena estadística. Los escenarios cambian, el marco varía de unos años a otros, por lo que la fe en que todo se reitere --o las proyecciones se cumplan, basadas en el pasado-tiene que ser limitada y sabedora de sus alcances. Los últimos quince años nos hablan de un diciembre generoso con lo bursátil, lo veíamos en anteriores notas, contundente en dar buenas resultantes y pocas malas. Es muy temprano para desestimar que vuelva a ocurrir un buen diciembre, pero también es cierto -y está a la vista-que se trata de una madeja complicada. Y donde se es solamente testigo de los sucesos y expuestos a las circunstancias. Lo que más se destacó de estos primeros escarceos en nuestro recinto es el valle de negocios sugestivo de la primera rueda y el repunte manifiesto en la segunda: volviendo a los tres dígitos en órdenes efectivas.
Las ansias de un remate entonado para el difícil ejercicio de 2007, seguramente arranca desde los que actúan en torno del Dow. Muchos de los que han visto esfumarse los clásicos y jugosos bonus con que se recompensa a los hacedores exitosos de carteras. Esta vez no hay mucho que repartir, solamente preocupaciones y peligros en ciernes, quedando solamente algunas semanas de chance para que corrija el mal humor de los directivos de casas de inversión. Y de allí que tanto vengan presionando los «researchs» para demostrar que la tasa se debe bajar o habrá una recesión cercana.
Lo del ámbito local pasa por ciertas presunciones bastante vidriosas, como las que indican a carteras institucionales como «salvadoras» de la Bolsa y sus acciones. En verdad, nunca se han dedicado a salvar a nadie y en un contexto tan confuso, es menos probable todavía. Los balances empresarios están sintiendo la merma de resultados, con costos que se comen renta; cualquier compulsa lo demuestra. Estamos más en manos del exterior.
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