ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

15 de julio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

ver más
Hay que ser muy corajudo para desafiar «al tren», y pararse frente a él, en esta delicadísima semana que toca vivir en nuestro país. Puso los pelos de punta ver las descripciones que aparecían en los medios, respecto del recuento de fuerzas que se realizaban. No ya en turno de los senadores, para ganar una votación, sino de lo que se asemejaba a dos «ejércitos» de civiles, templando ánimos para ver quién iría a tomar la ciudad. Colocando por delante el mensaje de «no buscar la confrontación», pero paseando la mecha de la animosidad creciente, muy cerca de focos ígneos. Parece increíble que se llegue a tener que pasar por desafíos como el planteado, rememorando famosos enfrentamientos de cuando la Nación todavía era un mosaico de metas opuestas, que salían a dirimirse en un campo de batalla.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Todos los que solamente observan, seguramente que lo hacen conteniendo la respiración, rogando que el «tren» pase y todo se diluya dentro de lo racional.

En Estados Unidos, lo citamos en la columna de ayer, un ejecutivo de casa de inversión sentenció con esa frase -«tengo miedo de pararme frente al tren...», la nerviosa zona que debe atravesar el mercado, antes a novedades cada vez más angustiantes. Y nosotros también hemos visto cómo se fue armando nuestro propio «tren», con los desatinos y divisiones que se fueron acumulando, en algo más de tres meses. En casos como el de ahora, siempre nos viene a la memoria la genial definición de Ambrose Bierce en su indispensable «Diccionario del Diablo». Cuando menciona fanatismo: «consiste en redoblar el esfuerzo, cuando ya se ha olvidado el fin». Y todo lo que se fue amontonando, de los dos oponentes, da para pensar en aquello descripto. Ya parece que retenciones, y otras cuestiones de orden económico, han quedado sepultadas ante una avalancha de orgullos mal entendidos. De indeseadas porciones de soberbia. Y, en el fondo, despuntando el desafío: de querer medir fuerzas y no sentirse menos duro que el rival. Exponiendo al país a una clase de tensión, de la que no se vuelve sino con sufrimientos posteriores.  

Se verá qué sucede con lo bursátil en estos días, pero no serán muchos los que puedan evadirse y dedicarse a pensar en inversiones y negocios. Y seguramente que la actitud más apropiada puede ser la de quedarse al costado, ver que pase «el tren» y suspirar con alivio, si es que los caudillos de la turba la han sabido mantener bajo control.

Pensar en ritmo de Bolsa, en tiempos como éstos, pasa a ser solamente un adorno, en centrarse en lo accesorio: cuando se teme por lo principal. Lo mejor, rezar para que todo vuelve a su cauce.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias